REVISTA VANGUARDIA
El sistema sigue vigente
| El sistema sigue vigente |
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| Revista Vanguardia | |
| martes, 26 de febrero de 2008 | |
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Castro no se ha ido del todo. La sucesión no augura cambios esenciales en la isla. Cambio o continuismo. La renuncia oficial de Fidel Castro al gobierno cubano abrió muchas expectativas de cambio, especialmente fuera de la isla. Pero adentro, la situación pasó como algo que ya se veía venir. Hace algo más de año y medio, Castro cedió la gestión de gobierno a su hermano Raúl. Y sólo a través de algunas declaraciones escritas y entrevistas televisivas inteligentemente administradas, el líder mostraba su vigencia. Pero el tiempo no alcanzó para recuperarse de su enfermedad. En ese contexto se explica la renuncia a algo que había dejado de existir: el poder formal. La pregunta, entonces, ¿es cuán cierto es el abandono de ese poder real? Castro conserva el cargo de Primer Secretario del Partido Comunista mientras su hermano ejerce el poder militar, de manera que más que una transición se está consolidando una sucesión diseñada por los hermanos Castro. En 1997, durante una reunión del Partido Comunista de Cuba, Castro pronunció unas palabras que hoy parecen proféticas. “Cuiden a Raúl más que a mí, porque a Raúl le queda más juventud, más energías que a mí”, y agregó: “espero que ustedes puedan contar con él mucho más tiempo”. El mensaje de renuncia de que “no aspiraré ni aceptaré el cargo de Presidente del Consejo de Estado y Comandante en Jefe”, no sorprendió. Recientemente había escrito sobre la necesidad de abrir paso a las nuevas generaciones y también que no debía aferrarse a cargos. Así y todo, cuando aparecieron esas reflexiones, ya había sido postulado para diputado a la Asamblea Nacional y, lógicamente, salió electo en los comicios del pasado 20 de enero. Su regreso al cargo de Jefe de Estado no era, por tanto, descartable. Un dato más. Era previsible que así ocurriera la renuncia, pues en las elecciones pasadas Castro obtuvo menos votos que su hermano Raúl; pero, y en un sistema de partido único, el Comunista, esa diferencia es significativa. Más habiendo estado fuera del cargo y con un Raúl promocionando cambios y cuestionando las mismas estructuras del Estado. El poder en la isla se distribuye en tres estamentos. La Asamblea Nacional, aunque ha contado con una representación variable, el domingo pasado posesionó a 614 diputados. La cámara tiene presidente, vicepresidente y secretario. Además, existen las Asambleas Locales, que se eligen cada cinco años. Luego, el Consejo de Estado, que está formado por 31 diputados de la Asamblea Nacional. Su presidente es Jefe de Estado y de Gobierno. Es el órgano máximo en el sistema político de la isla. Vela por el cumplimiento de las leyes aprobadas en el Parlamento y cuenta con amplios poderes legislativos y ejecutivos. Está también el Gobierno, compuesto por una treintena de ministros, la mayoría diputados electos. Hasta el domingo pasado Castro estuvo al frente. Su hermano era el primer vicepresidente y Carlos Lage el secretario, equivalente a primer ministro. Fidel Castro no se ha ido del todo. Como lo ha venido haciendo en los pasados 19 meses de convalecencia, Cuba tendrá que contar a partir de ahora con “las reflexiones del compañero Fidel”. El hombre que gobernó la isla durante 49 de sus 81 años intentará seguir manteniendo su influencia desde esas líneas públicas. ¿Entonces qué esperar ahora de Cuba? Una cosa parece segura: la isla ha dado un adiós al mando único. Mientras gobernaba Castro, su autoridad política, junto con el control sobre el aparato estatal, le sirvieron como divisa para asegurar que pudiera tomar las decisiones que considerara pertinentes de manera unipersonal. Por supuesto que consultaba e inquiría, pero, en última instancia, tomaba las decisiones que consideraba necesarias, incluyendo la ejecución del general Arnaldo Ochoa, comandante de sus ejércitos en África, entre otras cosas. Ahora se inaugura la era de las decisiones compartidas que significa, en la práctica, que ya no habrá un mando único e indivisible. Es el reconocimiento de que Raúl Castro, aún estando en el poder, no tiene la fuerza política que tenía su hermano y que el Estado cubano tendrá que aprender a procesar decisiones y consensuar las líneas políticas, económicas y sociales a seguir. Para Ricardo Pascoe Pierce, ex embajador de México en Cuba, Castro ha creado una clase política sofisticada y dinámica, no exenta de contradicciones y problemas. Pero es una clase perfectamente capaz de proseguir su camino actual, con un grado importante de legitimidad ante la población cubana. En declararaciones al diario El Universal, el diplomático dijo: “El sistema político cubano no se va a colapsar con la salida de Castro de su jefatura, ni, incluso, con su muerte. La continuidad de la clase política cubana en el poder va a depender en gran medida de su capacidad para compartir el poder y las decisiones, junto con los logros de su sistema, especialmente en lo social, sabiendo que lo económico es el gran pendiente de la Revolución. También su continuidad dependerá de su capacidad de otorgar al pueblo cubano los beneficios que reclama ahora y que tanto ha prometido su gobierno, bajo el supuesto de que el sacrificio rendiría frutos en el largo plazo”. De allí que el exilio cubano en Miami no celebró con mucha algarabía. Para la mayoría de cubanos que vive en La Florida no llegará un cambio político real a la isla hasta que caiga el régimen comunista. En la misma capital cubana la noticia no sorprendió. “¿Qué pasa con Fidel? -preguntaba un albañil de 42 años- Nada, no pasa nada”, se responde a sí mismo, al explicar con desgana que “hace casi dos años que no está y ya se sabía que no iba a volver”. Tras la elección del pasado domingo, Cuba inicia esta semana con nuevos liderazgos, pero con el mismo sistema político de hace casi cincuenta años. ¿De dónde nacerá entonces el cambio? |








