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Los dardos se dirigen a la UNAM PDF Imprimir E-Mail
Revista Vanguardia   
martes, 18 de marzo de 2008

Los vínculos con las FARC acorralan a la universidad más grande de México.

 

La Universidad Nacional Autónoma de México tiene horas difíciles. En la entrada de la facultad de Filosofía y Letras un gran cartel colgado deja en claro una postura determinante: “Somos investigadores, no guerrilleros”.

Esa escuela está en el centro de la polémica. De allí salieron los estudiantes y el profesor que se encontraron con las FARC en territorio ecuatoriano. La muerte de cuatro de ellos está confirmada, dos lograron sobrevivir y el resto continúa desaparecido.

Ahora los estudiantes se miran entre si. No confían en quien está a su lado.

Hay denuncias de espionaje estatal, de que la inteligencia colombiana está en los pasillos. Pero si hay una universidad en Latinoamérica donde se piensa lo que se quiera, sin que ello se condene, esa es la UNAM. “Es un mito que este centro sea un bastión izquierdista”, dice Tatiana Sule, secretaria general de la Facultad de Filosofía. “Aquí hay de todo, lo que ocurre es que los grupos más radicales se hacen notar”. La dirección de la institución ha confirmado que Juan González del Castillo, Fernando Franco Delgado y Natalia Velásquez, identificados entre los muertos o desaparecidos tras el bombardeo en Ecuador estudiaban allí.

La Facultad de Filosofía alberga diversos grupos estudiantiles. Uno de éstos es la autodenominada Cátedra Libertador Simón Bolívar, creada en 2001 y cuya coordinadora es Lucía Andrea Morett, herida en Ecuador.

Los otros estudiantes muertos en el bombardeo trabajaban con ella y formaban parte de la delegación mexicana que asistió al segundo Congreso Continental Bolivariano, que se celebró en la Universidad Politécnica de Quito entre el 24 y el 27 de febrero.

Los servicios de inteligencia mexicanos conocen la estructura internacional de las FARC. Un informe del servicio secreto publicado por diario El País de España señala que “México es un país prioritario donde las FARC han contado con diversas coberturas desde 1993”. Alberto Híjar, profesor retirado de Filosofía, dice: “Ojalá fuese cierto que la Universidad es un santuario guerrillero. Lamentablemente aquí se reproducen los cuadros de esta sociedad injusta. Las cátedras libres han sido un recurso ante la ausencia de autogobierno de este centro”.

El Movimiento Bolivariano, afín a las FARC, opera sin oposición de las autoridades universitarias. Su cubículo está ubicado frente a la biblioteca principal de la Facultad de Filosofía y Letras y lo comparte con el Comité Cerezo México, una organización de derechos humanos y defensora de presos políticos, con sedes en Oaxaca y Puebla. En la puerta de entrada colocaron fotografías de Ricardo Téllez y Simón Trinidad, dos guerrilleros presos para quienes se exige libertad. Al centro está una pintura de Simón Bolívar y una convocatoria para el Segundo Encuentro Continental contra el Tratado de Libre Comercio (TLC) que se realizará entre el 4 y 5 de abril. Sus revistas Resistencia y Nueva Colombia son de las más publicitadas.

Incluso el periódico mural No juegues al Rambo que se exhibe en el pasillo fue dedicado la semana pasada al segundo de las FARC, Raúl Reyes.

En una especie de editorial plasmado con letras fluorescentes califican de cobarde y asesino al presidente Álvaro Uribe y muestran una abierta defensa por el movimiento guerrillero en Colombia. Además, en estos días, la organización realiza un seminario a favor de ETA que lleva el título de Una historia de lucha y resistencia. Pero hay alumnos que consideran que la universidad de tendencias humanistas es un espacio natural para los movimientos guerrilleros.

En cambio, Elsa Arista, estudiante y activista de la organización Carlos Marx dice: “No es que se apoye o no. Es que encuentran cabida porque aquí estudiamos Letras Latinoamericanas y por tanto se analiza la situación”.

La organización que encabeza esta alumna también tiene una oficina. Luego de la huelga que sufrió la UNAM en 1999, por oposición al cobro de cuotas semestrales, diversos grupos de corte socialista, comunista, trotskista, leninista y zapatista lograron que la rectoría permita el uso de despachos como espacios de expresión.

Los universitarios de la UNAM siempre han manifestado su solidaridad hacia los movimientos sociales de América Latina y del mundo. Hace más de 30 años, cuando la región vivía el auge revolucionario, hubo grupos académicos que expresaban su simpatía.

La revolución cubana, la lucha del Che Guevara en Bolivia o la resistencia de Salvador Allende a la dictadura militar en Chile fueron ovacionados.

En ese ambiente de libertad se conocen y discuten las ideas, y se expresan posturas contrarias.

Pero ahora la polémica está fuera de las aulas. Está en los medios de comunicación y en la política. Los medios conservadores y los políticos de derecha están inculpando a la UNAM de ser un nido de guerrilleros.

Ante las acusaciones del Embajador colombiano en México y el silencio del gobierno de Felipe Calderón, las autoridades de la Universidad debieron defender la pluralidad de pensamiento.

El rector, José Narro Robles, calificó de “ligeros, absurdos y descabellados” a los señalamientos de que la institución alberga guerrilleros. “La respuesta a los ataques debe darse con fortaleza, unidad, trabajo, y con el aporte que todos los días la institución hace al país”.

A ese pronunciamiento, y en un desplegado de siete puntos, siguieron las declaraciones de directores de facultades, escuelas, institutos y centros, así como titulares de áreas académicas y administrativas de la UNAM. En él advirtieron que esta actitud no es nueva y confiaron en que “hoy, como siempre, será derrotada" porque para la comunidad universitaria el diálogo, la razón y la búsqueda de consensos son la fórmula para dirimir diferencias.

Como sea que fuere, ni el gobierno mexicano, ni las autoridades de la UNAM han hablado de limitar la participación de los grupos de izquierda y radicales. Allí sólo se espera que las tensiones del momento bajen. Las amenazas de huelga y protesta y el poder de esa Universidad con casi 200 000 matriculados la convierten en un factor social temible. Quizá por eso Calderón prefiere el camino del silencio, en un país donde el 49 por ciento es simpatizante del izquierdismo.