REVISTA VANGUARDIA
De Estados Unidos obtuvimos algo...
| De Estados Unidos obtuvimos algo... |
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| Revista Vanguardia | |
| martes, 18 de marzo de 2008 | |
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Testimonio de Fernando Bustamante ¿Cómo vivió el Gobierno el conflicto con Colombia? El Ministro de Gobierno hace un recuento. El primero de marzo era el aniversario de la Policía. A las 10 de la mañana, apenas comenzando la ceremonia, el presidente Correa recibió una llamada al celular. La primera versión que tuve fue muy similar a la que dio el presidente Uribe. Que había habido un enfrentamiento al norte de la frontera y que ahí había caído Reyes. Sin embargo, a medida que transcurría el día comenzamos a recibir llamadas con Gustavo Larrea. Se puso en duda la primera versión. Ya no habría caído en Colombia sino en nuestro territorio. No se sabía si Reyes estaba o no muerto. Lo que se nos dijo es que una patrulla, persiguiendo un grupo de narcotraficantes, había cruzado el río Putumayo y en la persecución en caliente se había encontrado con el campamento guerrillero. Los habían dado de baja y se encontraba en nuestro territorio. Según esa información, estaban rodeados por fuerzas de las FARC. Se nos habló de una patrulla de unos 20 ó 30 policías, presuntamente antinarcóticos, rodeados por unos 200 guerrilleros de las FARC. Lo primero que nos preocupó fue cómo preservar la vida de esos policías colombianos. Lo que se ordenó fue un despliegue de fuerzas para crear un anillo para proteger la retirada colombiana. Es más, la desesperación del Presidente era cómo conseguir equipos suficientes para transportar las tropas que necesitamos para más o menos equilibrar la presunta fuerza de las FARC. Hacia el medio día, tuvimos una reunión en Pusuqui. El Presidente, el Ministro de Seguridad, el Alto Mando, el Director de Inteligencia y el presidente de la Asamblea, Alberto Acosta. Ahí el jefe de Inteligencia de las Fuerzas Armadas nos dio una cifra tentativa de muertos: entre 17 y 18. Sin contar los dos jefes guerrilleros cuyos cadáveres habían sido retirados. Más tarde, surgió la segunda información de que no había sido una persecución en caliente. Ahí cambió la orden: detener a la patrulla y desarmarla. Esa noche ya tuvimos la información de las patrullas de los helicópteros ecuatorianos que llegaron al atardecer. Tuvimos fotos. Quedó claro que el presidente Uribe nos había dicho una verdad bastante a medias y una verdad a medias es mentira doble. Todo esto había sido dos, tres kilómetros dentro de la frontera. Había habido un tremendo bombardeo aéreo. No hubo nunca el contraataque de los 200 guerrilleros de las FARC. Surgió la sensación de que nos habían contado una historia para ganar tiempo mientras la patrulla se esfumaba, haciendo que los protegiéramos en su retirada. Eso provocó bastante malestar. La información nos la daba Inteligencia militar y provenía, en gran parte, de Inteligencia colombiana, pues aún teníamos los compromisos de la Combifrom. Nos desinformaron sistemáticamente. No hubo ataque guerrillero. No sabemos por qué murió el militar colombiano. Hay varias posibilidades. Que algún guerrillero todavía herido le haya disparado o que haya sido alcanzado por fuego amigo. Todo indica que los tipos recibieron diez bombas de 250 kilos. Tres horas después llegó la fuerza en helicópteros que remató todo y antes de aterrizar sometieron ese campamento a una barrida con ametralladoras punto 50 de alto calibre. La crisis realmente empezó a configurarse el domingo sobre todo después del retorno de los ministros Sandoval y Larrea. Además cuando quedó claro que la patrulla colombiana sólo salió de Ecuador en la noche del sábado al domingo. Mientras tanto ya habíamos pedido explicaciones diplomáticas y como no fueron satisfactorias se decidió la retirada del embajador Suéscum y la expulsión del embajador colombiano. El domingo el Presidente convocó a distintas personas. Se creó una especie de comité de crisis en la tarde. Yo no estuve allí y sólo me integré, el lunes en la tarde, cuando se vio que podríamos tener problemas por la presencia de elementos subversivos en nuestro territorio y que podía haber un impacto político doméstico. La segunda respuesta de Colombia, enviada el lunes, fue considerada insatisfactoria y llevó a la ruptura de relaciones. Esa decisión se tomó una hora antes de la cadena. Y con ella, se tomó la de hacer la gira. Nos separamos hacia las 10 de la noche y hora y media después me llamaron para decirme que era parte de ese viaje. La estrategia estaba diseñada desde antes: ir a todos los países vecinos de Colombia. Todos aquellos que pudieran estar en riesgo de ser atacados o invadidos por Colombia. La táctica se pensó en el camino. Un elemento que marcó la diferencia fue haber tomado conciencia de que la reunión del Grupo de Río iba a ser importante. Decisiva. Originalmente la estrategia era OEA y la gira era para preparar lo del 17. En Perú encontramos una acogida extremadamente cálida. La conversación con el presidente García, a la cual asistimos sólo en parte, fue franca, larga y reposada. El único problema que hallamos en Perú es que es un país marcado por el trauma de la guerrilla. Había que dejar muy claro que en ningún caso estábamos tratando de absolver a las FARC de sus responsabilidades. Y que en ningún caso estábamos debilitando nuestro compromiso de luchar en contra de estas formas brutales de subversión. El presidente Correa fue extremadamente claro: nuestro tema era violación del derecho internacional por parte de las fuerzas colombianas. Y en ningún caso estábamos excusando, tolerando, condonando la acción de grupos de estilo FARC o Sendero Luminoso. La posición en Brasil fue, si se quiere, todavía más claramente solidaria. La charla con el presidente Lula debió durar media hora. No hubo mucho qué discutir. En Caracas estuvieron más a solas los presidentes. Luego vino la conversación con la Presidenta argentina, también a solas. Sólo ella y el presidente Correa. También fue rápida porque fue muy coincidente. La gira fue intensa. En los aviones trabajábamos (preparábamos materiales, declaraciones, estrategias...) y descansábamos porque apenas dormimos un par de horas diarias en promedio. La decisión de jugarnos todo en Santo Domingo surgió la víspera de la reunión cuando vimos que no necesitábamos más tiempo y nos daba la ventaja de abreviar un poco el tiempo y crear el camino, una vía de solución lo antes posible. Lo de la mano con Uribe fue, creo, una idea del Presidente dominicano, quien quería crear una situación muy dramática. No sé si alguien del equipo sabía. Para esa reunión fuimos muy meticulosos de no meter a Estados Unidos en el tema. Hicimos un trabajo de contención. Hicimos saber que ese era un problema bilateral. Hicimos todo lo posible por clarificar nuestra posición y obtuvimos algo: cuando el presidente Bush llama a Uribe, para darle su apoyo, cuidadosamente dice irrestricto, incondicional apoyo a la democracia en Colombia. No dice apoyo al ataque o la incursión. Ese es un matiz decisivo. A Estados Unidos hicimos saber, a través de la embajada en Quito y la nuestra en Washington, que no estamos con las FARC ni con la subversión y que queríamos simplemente defender un principio que para las comunidades hemisféricas es vital. Si compara el lenguaje del Presidente con otros presidentes de izquierda, se verá que con Estados Unidos él fue bastante mesurado. El blanco era Uribe, fue él quien nos engañó, fue él quien violó nuestra soberanía. La confiabilidada del presidente Álvaro Uribe ha sufrido un fuerte golpe. Van a tener que pasar muchas cosas y mucho tiempo para volver a creer en ese Presidente. |








