REVISTA VANGUARDIA
La guerra fría entre dos bañados en teflón
| La guerra fría entre dos bañados en teflón |
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| José Hernández | |
| martes, 18 de marzo de 2008 | |
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La mejor estrategia es definir, claramente y mirando hacia delante, lo que los dos quieren hacer, juntos o por separado, en la frontera. El segundo round entre Ecuador y Colombia deja entrever que la resaca de la intervención militar del 1 de marzo llegó para durar. La condena implícita que sufrió Bogotá por parte de la OEA hizo pensar que, tras el pedido de perdón y el estrechón presidencial de manos, los dos países podrían encarar el chuchaqui en forma constructiva. De hecho lo tendrán que hacer pronto o tarde. Para la Casa de Nariño y Carondelet lo urgente no parece ser eso. Es consagrarse a un muñequeo, con galería internacional, del cual saldrán mal parados los dos países. No es político ni estético lavar ropa sucia ante tanto público. El gobierno colombiano aprovechó los documentos, encontrados supuestamente en las computadoras de Raúl Reyes, para disminuir el alcance del apoyo diplomático que obtuvo Ecuador. ¿Era aconsejable usarlos antes de que concluyera el análisis de veracidad, al cual consintió el presidente Uribe? ¿Además esos documentos —de existir y de ser ciertos— pueden ser asumidos sin beneficio alguno de inventario? Quito en ese punto también se manejó con una levedad que empezó con una ironía absurda: que Colombia diga cuál es la marca de las computadoras que sobrevivieron al ataque. Se asumió aquello y esos supuestos documentos —que Uribe ha explotado profusamente— como un imposible sobre el cual se basó, en ese punto, la respuesta del país. ¿Qué se dirá si los especialistas internacionales revelan lo contrario? No sólo hay respuestas equivocadas. Hay discursos que pueden atormentar una opinión. Por ejemplo, el de Juan Manuel Santos, ministro de Defensa de Colombia. Con un desatino muy propio de ciertos clubes bogotanos, se vanaglorió de haber atentado contra la soberanía ecuatoriana. Es decir, privilegió réditos internos pírricos, a costa del país agredido. ¿Y para qué si el presidente Uribe, su jefe, ya goza del 84 por ciento de popularidad en Colombia? Los desaciertos, de lado y lado, sólo tienden a probar una cosa: los dos gobiernos ignoran, recíprocamente, lo que es y piensa el otro país. Álvaro Uribe y su administración no entienden, por fuera de sus quejas específicas contra este gobierno, lo que Ecuador ha hecho, por ejemplo, por los refugiados colombianos. Al régimen de la revolución ciudadana también le debe parecer procedente que la Aldhu maneje, de hecho, parte de la estrategia diplomática. Como si se pudieran ignorar sus nexos con el ministro Gustavo Larrea. Como si fueran presentables, ante la opinión internacional, esas viejas tácticas en las cuales sólo hay derechos humanos para mis amigos y los amigos de mis amigos. Hace cincuenta años que esa hemiplejia desapareció de los manuales internacionales. Es el retardo que tiene ese grupo en el país. Pensar en ponerle un juicio a Álvaro Uribe, en la Corte Internacional de Justicia, tesis que se baraja en algunos círculos gubernamentales, sería el peor error de la diplomacia nacional. No auparía ninguna investigación específica sobre el Presidente de Colombia, acostumbrado a acusaciones de todo calibre: consagraría, en cambio, la tesis de que el gobierno defiende a las FARC. La mejor estrategia internacional no está en hacer o imitar campañas sucias. ¿Se ha pensando en lo absurdo que resulta una guerra entre presidentes cuya popularidad es similar? Los dos, por motivos diferentes y una historia incomparable, parecen, ante sus opiniones, bañados en teflón. En esas condiciones, perseverar en una guerra fría es un error de lado y lado. La mejor estrategia está en definir, en forma clara y mirando hacia delante, lo que los dos países quieren y deben hacer, en común y por separado, en la frontera. ¿Hay en Ecuador una posición clara sobre las FARC? El gobierno dice que sí. Que condena los actos bárbaros de ese grupo. Que no admite prácticas como el secuestro. Decirlo, y repetirlo con fuerza, no es hacerle un favor a Álvaro Uribe. Es, en este momento, defender e incrementar un capital político y moral que es la principal carta de presentación ante la comunidad internacional. |









