REVISTA VANGUARDIA
El imperio masculino resiste
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Vanguardia 48 - Agosto 22, 2006
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| Revista Vanguardia | |
| sábado, 19 de agosto de 2006 | |
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La ley de cuotas no se cumplió en las listas para las elecciones. Vanguardia analiza la realidad de la participación femenina en la política del país. Las mujeres volvieron a chocarse contra la realidad. Diez partidos y 143 movimientos que inscribieron hasta la semana pasada a sus candidatos, no cumplieron con la ley de cuotas. Y a pesar de las impugnaciones, no habrá cambio alguno. Primero porque no preocupa a los partidos que no haya el suficiente número de aspirantes mujeres, que no estén intercaladas con los hombres o que estén en lugares poco estelares. Y luego porque el Tribunal Supremo Electoral (TSE) encontró otra coartada para saltarse la ley: dio a los partidos libertad para interpretarla y colocar a las mujeres donde se les antoje. Ya en el 2000, el TSE hizo un instructivo donde interpretó, en detrimento de los derechos de las mujeres, la alternancia y la secuencia. Actualmente, en ese organismo de control hay tres mujeres, dos de las cuales votaron en contra de la reconsideración de esa medida: Angelita Albán por el Prian y Narciza Zubía por el partido roldosista. Para las organizaciones femeninas el escenario no es nuevo. Esta es la tercera vez, desde que fue aprobada la ley en el 2000, que no encuentran eco en los partidos y su clon liliputiense, el TSE. Y es la tercera vez que comprueban que carecen de fuerza política y social para hacer cumplir enteramente sus derechos políticos.Hay una contradicción en el ambiente. Las mujeres, según el INEC, suman 6 586 721; es decir, prácticamente la mitad de la población ecuatoriana. Además existen 1 104 organizaciones femeninas registradas y 550 en trámite en el Consejo Nacional de la Mujer (Conamu). De éstas 34 están concentradas exclusivamente en temas políticos. En los partidos y movimientos han surgido igualmente frentes de mujeres... Pero sus causas, que son globales y que conciernen al conjunto de la sociedad, siguen siendo discriminadas, puestas en segunda fila o endosadas únicamente a su condición de mujeres. Claro, la lectura que se hace de la realidad de la mujer en la política está atravesada por las ideologías y los intereses de cada partido. Cynthia Viteri es la única candidata a la Presidencia de la República por un partido cuyo presidente, Pascual del Cioppo, se opone a los derechos reproductivos de las mujeres. En la centro izquierda aquello es incomprensible. Esto no parece preocupar a Cynthia Viteri, cuyo talón de Aquiles, en esta elección, es lidiar con dos sombras masculinas y aplastantes: Jaime Nebot y, sobre todo, León Febres Cordero. Casos hay a granel. Soledad Aguirre, la única diputada del grupo UDC de cinco parlamentarios (uno en alianza), es también jefe de bloque. Pero su liderazgo no es reconocido por sus propios compañeros, aunque la consideran seria, correcta y honorable. Más consultan y apoyan a Ramiro Rivera. ¿Explicaciones? El conocimiento, la experiencia y la habilidad negociadora del legislador... Esto significa que tampoco las mujeres que están militando en la política están al abrigo del modelo cultural cuestionado. Sin embargo, un estudio de la Flacso, coordinado por Gioconda Herrera hace dos años, demostró el camino recorrido desde la creación, en 1985, del movimiento “Mujeres por la democracia”. “Lo que la cuota sí ha permitido – dice el informe – es pasar de lo que se ha denominado la 'minoría simbólica' a la posibilidad de una conformación de una masa crítica”. De hecho, gracias a la ley de cuotas (en 1998 fue del 30 por ciento y ahora es del 45) se ve un claro incremento en la participación política de la mujer en el Congreso Nacional. En 1984 hubo tres mujeres entre 71 diputados. En el 2002 fueron 17 de 100 parlamentarios. Es un salto del 4,2 al 17 por ciento (ver cuadros). Esta proporción no representa, sin embargo, que haya crecido, significativamente, el número de mujeres electas. En efecto, para esa votación hubo 855 cargos en juego y se presentaron 9 491 candidatos. De ellos, el 39 por ciento fueron mujeres pero sólo resultaron nombradas el 21 por ciento. Por esto la ley de cuotas no resuelve enteramente el problema de la participación. En ello coinciden Virginia Gómez, del Cepam; Liliana Durán, del Foro Nacional de la Mujer; María Paula Romo, de Ruptura de los 25; Laura de Mora de la Coalición Política de Mujeres Andinas. En general, ellas señalan a los partidos políticos como responsables de dos desfases: la poca presencia de la mujer en la política y su escasa participación en puestos de dirección. En principio, la Izquierda Democrática y la UDC son los partidos que, en promedio, más mujeres activas tienen. En la Izquierda Democrática representan un sesenta por ciento de sus militantes. Ellas se forman, como los hombres, en el Instituto Manuel Córdova Galarza. Pero también se capacitan en la Red de Mujeres, que agrupa a las militantes de la UDC, PSC y Pachakutik. Allí se preparan, desde hace un par de años, en cuestiones de género, gestión política, procesos electorales, imagen... Lo cual las habilita teóricamente para acceder a los órganos de decisión interna de los partidos: en la ID las mujeres tienen una de las seis vicepresidencias nacionales. En la Unión Demócrata Cristiana (UDC) ejercen ocho de los 26 cargos del Consejo Ejecutivo Nacional. En el MPD hay nueve mujeres en una directiva nacional compuesta por 16 personas. En el PSC hay cuatro mujeres en 19 de los cargos de la directiva nacional. En el PRE hay una mujer entre los 20 miembros del Comando Nacional. Y en el Prian participan tres mujeres, todas de absoluta confianza de Álvaro Noboa. En cuanto a los altos cargos de representación política, los bajos promedios se repiten y no corresponden a visiones ideológicas: por ejemplo, el MPD y Pachakutik, supuestamente progresistas, en este período no sacaron una sola diputada. El PSC de derecha puso cinco de 25 diputados y la ID, supuestamente de izquierda, tres de 15. Una menos que el PRE que tuvo igual número de diputados. El Prian está en los rangos (dos de once) así como Sociedad Patriótica (una de seis) y la UDC (una diputada por cinco legisladores). El porcentaje crece con los socialistas pues tienen una diputada por tres legisladores. Las mujeres de los partidos están conscientes de que tienen que dar pelea en el interior de ellos y aprovechan cualquier espacio que se abre. América Celi (ID) y Lucía Vásconez (UDC) no ven esas oportunidades como un regalo, sino como una muestra de sensibilización. Y hacen cuentas: en dos años han formado en la Red de Mujeres unas 50 mujeres en temas de género y de participación política. El mismo trabajo no se hace con hombres y escasamente con delegadas de provincias, donde los cacicazgos locales pueden ser más difíciles de superar. Celi dice que las mujeres de la ID están en esa línea pero que pese a su convencimiento no pueden siempre entregarse cien por ciento: no hay un empoderamiento por parte de las mujeres, dadas sus múltiples actividades y de las cuales no quieren hacerse cargo sus respectivas parejas. El ambiente altamente competitivo también es un problema. No todas quieren someterse a esa carrera, por la baja autoestima que reina. “Los hombres –dice Vásconez– nos pueden dar un codazo mientras nos dicen que estamos guapas”. Todavía hay mecanismos de marginación que se expresan desde el lenguaje, los horarios de las reuniones hasta la falta de debate de los temas. Vásconez reconoce que nunca se trató el tema de la Postinor2 en la UDC. Esto a pesar de que los estatutos y el ideario de ese partido son supuestamente de avanzada. Miriam Garcés, diputada de la ID, se encontró en un caso parecido con la Ley sobre el aborto en casos de violación. Solamente logró que sea distribuida en el Congreso. No se la ha discutido internamente en los partidos y hacia la sociedad generó reacciones inmediatas de la jerarquía de la Iglesia Católica, lo cual ahuyentó más el debate. La situación en los demás partidos es más difícil. En el MPD y Pachakutik ni siquiera saben cuántas son. Los primeros argumentan que se debe a que se manejan bajo un principio de reinserción de grupos discriminados. Las posiciones que alcanzan ciertas mujeres más obedece a su preparación. En el PRE tienen que conformarse con hacer labor social. No reciben capacitación. Las socialcristinas y prianistas sí y está a cargo de sus respectivos partidos, pero los temas de género no logran penetrar a sus organizaciones. Así la feminización de las sociedades, que es una tendencia mundial, encuentra una enorme resistencia en el país. El modelo cultural sigue siendo patriarcal y excluyente. |








