REVISTA VANGUARDIA
Brasil afirma un liderazgo sobrio y suprarregional
| Brasil afirma un liderazgo sobrio y suprarregional |
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| Hernán Escudero | |
| martes, 01 de abril de 2008 | |
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La Cancillería brasileña fue protagonista en la resolución de la reciente tensión regional. Hugo Chávez embargó su credibilidad... La crisis entre Ecuador y Colombia reflejó nuevos escenarios y roles de los actores del juego geopolítico sudamericano. Así, las cumbres de los presidentes del Grupo de Río y de los cancilleres de la OEA, donde fue relevante el papel del canciller brasileño Celso Amorim para destrabar la tensión, confirman el liderazgo de su país ya no sólo en el ámbito regional, sino como un jugador global en tanto nación que ahora es una potencia emergente. En esa línea debe entenderse, por ejemplo, la propuesta de Brasil de crear un Consejo de Seguridad Sudamericano, primeramente para que haya un mayor compromiso de participación en la solución pacífica de controversias entre países hermanos y, posiblemente, encarar otras amenazas a la paz desde una óptica exclusivamente sudamericana. EE.UU. acepta ese planteamiento, como señal de cambio de épocas y no significa un declive de la OEA. Brasil, en esa medida, define su centralidad en la región desde líneas diplomáticas más institucionales, sobrias y predecibles frente a otras formas más personalizadas, como las del presidente Hugo Chávez. Claro, entre Caracas y Brasilia hay un acuerdo en mantener relaciones cordiales en materia económica y eso no va a cambiar. Pero la distinción que Brasil hizo, a partir de esta crisis regional, fue la de oponerse frontalmente al pronunciamiento del presidente Chávez de conceder el estatus de beligerantes a las FARC. El mensaje brasileño es claro: empujar la integración sudamericana y oponerse a cierta retórica incendiaria y a acciones que generen inestabilidad. Brasil marcará distancias de excesos verbales y de ideas delirantes como aquella que propicia la creación de las Fuerzas Armadas de la Alternativa Bolivariana para las Américas. Ante esta nueva dinámica, el Gobierno de Venezuela irá morigerando sus actitudes, pues tiene que considerar los impactos doméstico y externo de las conductas de su mandatario. Hugo Chávez, por ejemplo, tuvo dos discursos sobre el conflicto regional. El previo fue de gran calentura, con ánimos hasta belicistas, que no correspondían a la situación, más aun al provenir del gobierno de un Estado cuyo territorio no fue agredido. Después, en la cumbre del Grupo de Río jugó un papel diplomático central que posibilitó la distensión. Difícil saber aún a qué obedeció este cambio. Entre varios aspectos se puede conjeturar que a las revelaciones de los servicios de inteligencia de Colombia acerca de un supuesto involucramiento entre el Gobierno venezolano y las FARC. Aquí también incide EE.UU., cuyo protagonismo en la cita de la OEA fue fuerte, pero discreto. El presidente Bush tuvo pronunciamientos de alto apoyo a Colombia —pero también de unánime adhesión al rechazo a la violación del territorio ecuatoriano— y sobre las presumibles vinculaciones del presidente Chávez. Mensajes que pudieran afectar las relaciones petroleras entre Venezuela y el norte. Asimismo, Caracas sabe que no debe interrumpir indefinidamente las relaciones comerciales con Colombia, su principal socio andino. Entonces, el Chávez de hoy es una incógnita, incluso en función de su realidad local, donde hay desgaste de su capital político. Así evidencia comportamientos que lo vuelven más impredecible a futuro y que cuestionan su credibilidad. Trazado así el tablero, EE.UU. ha dejado en claro la prioridad de interlocución en la región. La reciente visita de Condoleezza Rice a Brasil y Chile es elocuente. Y desde Buenos Aires se preguntan por qué no fue allá... En su agenda exterior, la política de lucha contra el terrorismo y el narcotráfico siempre será el eje, por lo cual el apoyo a Colombia se mantendrá. Pero hoy los candidatos con más opción para la Casa Blanca muestran otros énfasis de interacción global. Hay una necesidad política y económica de reemprender un liderazgo esclarecido, que pasa por no violar leyes internacionales, establecer cooperación y diálogo político respetuoso y no ejercer presión desde los organismos multilaterales. Allí, Brasil es visto como su principal contraparte en Sudamérica. |








