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El Gobierno fabricó su propia bola de nieve... PDF Imprimir E-Mail
José Hernández   
martes, 01 de abril de 2008

¿Por qué se jugó el Gobierno su capital diplomático para defender, a ojo cerrado, al hombre que resultó ser parte de las FARC en el país?Image

 

Quijotesca: un ministro, esencial en el régimen, utilizó esa palabra para definir la política seguida por Carondelet tras el incidente con Colombia. Esa eventualidad sería la más afortunada. El gobierno, inspirándose únicamente en principios, estaría defendiendo, al costo que fuese para él y para el país, una visión quijotesca del derecho.

La realidad, sin embargo, es terca. Y cruel. Y esa realidad lo que está diciendo es que el régimen, en un acto inexplicado hasta ahora, se lanzó, a cuerpo perdido, a defender un imposible. ¿Quién podía recriminar que se lamentara la muerte de un ecuatoriano al lado de otros mexicanos y colombianos en un campamento de las FARC? Pero el Presidente quiso ir más lejos. ¿Por qué quiso hacer depender de esa desaparición, atroz como puede serlo cualquier muerte violenta, la relación con Colombia? ¿Por qué se jugó por una persona de la cual hasta el jueves pasado oficialmente no se sabía nada? ¿Acaso no era, no es grave para el país que esa muerte selle, en forma ya incontrovertible, el vínculo de nacionales con ese grupo armado? ¿No es aquello tan preocupante como para que el gobierno cuente hasta diez antes de enviar un mensaje tan equívoco como absurdo a la comunidad internacional? ¿Por qué el Presidente y su equipo decidieron, sin evaluar el costo para el país, poner su capital político y diplomático en juego en este asunto? Lástima que la Cancillería se haya convertido en una torre repetidora de lo que se dice en Carondelet. De lo contrario, allí alguien hubiera podido, quizá, insistir en que las acciones diplomáticas se juzgan por sus resultados. No por las declaraciones proferidas en las plazas públicas.

Pues bien: las cuentas esta vez sí son negativas para el gobierno. Porque, ¿de qué secuencia se trata? La defensa ciega deun nacional sin evaluar el costo internacional. Álvaro Uribe, presionado por Quito, informó que sacaría una carpeta que probaba el nexo del ecuatoriano muerto con las FARC. Esto a su vez puso presión en el régimen que, finalmente, tuvo que admitir un hecho, cuya verdad se había encargado de poner en duda: el ciudadano muerto había sido seguido por los militares y, luego, su caso había sido dejado en manos de la Policía. Es decir, instituciones encargadas de la seguridad sabían lo que hacía ese ciudadano y, si se colige bien, se toleró que siguiera haciéndolo. ¿Uribe entonces tiene razón cuando afirma no encontrar colaboración que, en forma alguna, significa acciones armadas conjuntas? ¿Por qué el régimen, que responde apenas por 15 meses de administración, defiende acciones que, supuestamente, no ha socapado? La revelación hecha por el Ministro de Defensa, echó a rodar una bola de nieve con infinidad de preguntas: ¿Por qué el régimen se jugó por un personaje comprometido con un grupo que ahora define como violento y cuyas acciones repudia? ¿Esos hechos son condenables en Colombia y no aquí? ¿Sabía el Presidente quién era y qué hacía el ciudadano muerto antes del jueves cuando se reunió con el Alto Mando y sus principales colaboradores? ¿Por qué se mantuvo una estrategia desgastadora para el régimen y adversa internacionalmente para el país? Nada, eso ya se ha dicho, justifica la acción bélica colombiana en suelo ecuatoriano. Pero en este asunto, que ya fue rechazado por la comunidad internacional, se ha agregado una actitud cuyo beneficio para el país es, para decirlo con guante blanco, difícilmente discernible. Ahora la revelación hecha por el ministro Sandoval, abre un boquete penosamente imposible de evitar. Dicho de otra manera: antes el régimen estaba ante la obligación de explicar su política concreta en la frontera y la forma cómo pensaba asumir, ante las FARC, los compromisos consentidos en el punto sexto de la resolución de la OEA.

Ahora tiene que agregar respuestas a las preguntas que, sin hacerlas, están inmersas en lo dicho por el Ministro de Defensa. Unas preguntas que, por lo pronto, devuelven el reloj hasta el 2003. El país gana en transparencia, y eso es esencial. Pero esta vez la factura la pagan el presidente Correa y el país. Quijosteca, dijo el Ministro...