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El efecto Burbuja PDF Imprimir E-Mail
Revista Vanguardia   
martes, 01 de abril de 2008
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El efecto Burbuja
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LOS TIEMPOS
El Presidente necesita la burbuja este año...


La contradicción no puede ser más clara: con escasa gestión económica, el régimen tiene por delante una situación fiscal cómoda para este año. ¿Cómo se explica? Para Walter Spurrier, esto se debe no sólo a los altos precios del petróleo, sino a la aplicación de la Ley 42, de su reglamento y de la Ley de Equidad Tributaria. Según sus cálculos, el Estado recibirá alrededor de 25 dólares adicionales por barril de producción nacional. Esto significa que, sobre la producción privada, el Gobierno obtendrá unos 17,50 dólares adicionales, si se aplica la relación 70%–30% sobre los ingresos extraordinarios. Mayores serán los ingresos que perciba por parte de las compañías que aún no negocian sus contratos, pues éstas tendrán que entregar al Estado el 99% de sus ingresos extraordinarios.

El director de Análisis Semanal agrega el aumento de recaudaciones del impuesto a la renta (58 por ciento más en los dos primeros meses en relación al año anterior), el ICE y la transferencia de recursos públicos hacia el Estado como factores favorables al régimen: “Creo que esto aguanta hasta fines de este año en que se supone que habrá nuevas elecciones presidenciales”.

Aquellos que apuestan, entonces, por un desgaste político del Presidente debido al invierno o a su resaca, pueden seguir esperando. El invierno, a pesar de su fuerza, no está alcanzando los niveles de destrucción ocasionados por los fenómenos de El Niño de los años 80 y 90. Y la caída de la producción agrícola no parece ser lo suficientemente grande como para asustar a un gobierno que dispone de recursos.

Lo que se conoce es que, hasta ahora, las pérdidas por cosechas bordean los 100 millones de dólares. Una cifra marginal, si se consideran los recursos adicionales del petróleo. La reconstrucción vial, y los programas que están desarrollando los ministerios de Salud, de Inclusión Social, de Agricultura, de Transportes... pueden demandar muchos más recursos.

La reconstrucción vial puede resultar más onerosa. Pero depende de cuál sea la intensidad de la obra que esté dispuesto a hacer el Gobierno. "Esto puede costar —dice Cadena— desde 50 millones para arreglar lo imprescindible hasta 2 500 millones para arreglar el 50% de las vías que actualmente están dañadas". Cualquiera que sea el monto, el Gobierno cuenta con los recursos.

Y eso puede ser beneficioso para el Régimen. Así lo cree el presidente de los economistas. “El Gobierno tiene espacio para generar efectos multiplicadores, que estiren a la inversión privada. Y como la construcción genera mucho empleo, ahí tiene un punto positivo”. De hecho, a Fausto Ortiz, ministro de Economía y Finanzas, el invierno y su resaca no le preocupan demasiado.

"Toda demanda de recursos tendrá que salir del Presupuesto". Y reconoce que la situación fiscal es favorable. Su chequera es solvente. La pro forma presupuestaria para el año 2008 se ubicó en 10 500 millones de dólares, 7,5% más que la del 2006. Pero esta relación ya cambió, y seguirá cambiando. El Gobierno incorporó al presupuesto 790 millones de dólares para la importación de combustibles y cuando se apruebe la Ley de Fondos Petroleros incluirá otros 1 931 millones. Con ello el presupuesto alcanzará los 13 221 millones de dólares.

Una cifra insostenible y que hace decir a Eduardo Cadena que “el problema lo tendrá el país, no el gobierno. Éste va a gastar los ahorros y cuando lo haga el país no tendrá cómo soportar ese gasto del Estado”. Esto hace decir a Walter Spurrier que en algún momento el gobierno tendrá que atender el problema de los subsidios a los combustibles.

“Presumo que en el 2009, cuando ya las encuestas no sean tan importantes, va a comenzar a reducir esos subsidios”.

Éstos contribuyen, según Sebastián Oleas, director académico de la Corporación de Estudios para el Desarrollo (Cordes), a subestimar la inflación. Sincerar llevaría al país a aceptar que, también en este caso, vive con cifras ficticias. Y a pesar de ello, Patricio Almeida observa que la subida de la canasta familiar diluyó el monto del bono a la pobreza, distribuido por el gobierno. Esa tendencia se acrecentará, pues los cálculos de Manuel Chiriboga le hacen decir que el año terminará con una inflación alrededor del 6 ó el 7 por ciento. Según las previsiones del Banco Central, el año cerrará con un incremento de precios de entre el 3,43% y el 3,93%. La inflación, sin embargo, no es un problema exclusivo del Ecuador.

Colombia previó una inflación de hasta el 4,5% para este año, y en febrero ya sumó 6,4%. Algo similar ocurre en Perú, donde el incremento de precios en febrero llegó al 4,8% anual, cuando su proyección máxima era del 3%.

Lo cierto es que la incertidumbre ya no sólo se ve en la confianza empresarial cuyo índice, según el Banco Central, muestran un retroceso al inicio del año, principalmente en el comercio.

Fernando Buendía, un economista cercano al Régimen, admite que los hogares han disminuido sus perspectivas de gasto, que la expectativa sobre lo que saldrá de la Asamblea restringe el nivel del ahorro y que esto suscita prudencia en el empresariado a la hora de hacer nuevas inversiones. En definitiva, este año el único que sabe que le irá bien se llama Rafael Correa, pues tiene algunas alcancías rotas a su disposición.