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Colombia-Ecuador: no más declaraciones PDF Imprimir E-Mail
Revista Vanguardia   
martes, 08 de abril de 2008
Entrevista a José Ayala Lasso 
¿Por qué dijo, en Radio Democracia, que es hora de que el país pase de una diplomacia presidencial a una institucional?
Creo que el Presidente defendió con mucha dignidad, con mucha decisión y eficacia, en la llamada diplomacia presidencial, los derechos ecuatorianos. Pero siempre hay que usar los instrumentos de que dispone el Estado con mesura.

Y el Presidente es un instrumento, un vocero. Hay que defender la dignidad, la respetabilidad, la circunspección de la función presidencial.

¿Comparte la tesis de que la Cancillería ha sufrido una mengua en su función?
Ciertamente. Cuando hay una sola persona que decide, las secretarías, en el más alto contenido del término, dejan de actuar. Dejan de tener importancia.

Lo que dice el ministro no importa porque todos esperan lo que va a decir el Presidente. Eso merma institucionalidad al Estado. Quiero recordarle que cuando estábamos en el proceso complicado con el Perú, hubo un momento en que las reacciones normales de los dos pueblos se convertían en declaraciones públicas. Eso complicaba el ambiente. ¿Qué se hizo? Se acudió a un mecanismo previsto por la práctica internacional: la moratoria en las declaraciones oficiales.

¿Esto pudiera ser un mecanismo útil en este momento con Colombia?
Pienso que entre el Ecuador y Colombia podría aceptarse una moratoria de declaraciones, a todo nivel.

¿Ese pudiera ser el primer acuerdo?

El primer acuerdo que contribuiría enormemente a bajar las tensiones. Todos los días nos despertamos con declaraciones de un ministro, de un secretario y de los presidentes. Y son declaraciones intimidatorias. No contribuyen sino a forjar un ambiente en el cual ya parece que está usando la expresión “los que están conmigo son patriotas. Los que están en contra de lo que opino, son traidores a la patria”.

Eso es peligroso, grave e injusto. Se pretende negar el derecho a disentir y eso no puede ser aceptado. Una moratoria en las declaraciones oficiales bajaría el nivel de la controversia.

¿Por qué la Cancillería ha abandonado su papel y ha pasado a ser una torre repetidora de lo que se dice en Carondelet?
Es el exceso de protagonismo presidencial, es el temperamento presidencial. No quiero herir a nadie, está fuera de mi costumbre. Pero sí me parece que el hecho de tener la tendencia de darle siempre la razón al Presidente, es negativo. Es, en el fondo, una manera de entrar en el camino de la egolatría.

Lo que hay que tener en cuenta es que una equivocación presidencial puede ser trascendente. De modo que el Presidente debiera contar con instituciones más que con personas, que lo asesoren. Que lo aconsejen, que le hagan ver la realidad de las cosas.

Pero la Junta Consultiva de Relaciones Exteriores perdió protagonismo.
Hay dos factores que hay que tomar en consideración en este asunto. En realidad, la Junta Consultiva da una opinión no vinculante, imparcial, basada en la experiencia. Eso es muy importante.

Para eso la titular puede convocar a la Junta. La ha convocado. Yo mismo fui invitado a una reunión de la Junta que me atrevería a calificar de importante. El segundo punto es que el Presidente tenga apertura para escuchar lo que se le dice y amplitud para juzgar si en eso hay o no hay algo de razón. De modo que si confluyen estos dos aspectos, la Junta adquiere vigencia, actividad práctica para el Estado.

¿La impresión suya es que esos aportes han sido tenidos en cuenta?
Sin romper la reserva que debo guardar al respecto, creo estar en capacidad de decirle que en algunos matices, no aún en temas de sustancia, he visto cambios positivos y ese es ya un buen comienzo. Ojalá se llegue a profundizar un poco esos criterios. No digo a ponerse de acuerdo con ellos que tienen opiniones diferentes. Pero a valorarlos y no descalificarlos vinculándolos a la CIA o al señor Uribe.

Justamente, ¿cómo incide en el exterior la actitud que ha adoptado el gobierno ante los pedidos de esclarecimientos?
Considerar que quien sugiere, pide o reclama una investigación de los hechos está procediendo antipatrióticamente es, en mi opinión, impensable. Y es malo porque eso trata de descalificar a quienes piensan diferente.

Usar calificativos tan grotescos como los que cierta asambleísta ha usado para dirigirse a cierta prensa, es insensato. Estamos creando bases para una convivencia humana conflictiva. Esas actitudes son malas internamente y externamente.

Descalifican al país en el exterior. Se da la apariencia de que usan recursos de esta naturaleza para evitar que se produzcan investigaciones. Y de esa manera se puede concluir, en el exterior, que sí hay razón para que esas investigaciones se lleven a cabo.

Las impresiones que produce en el exterior no le importan al gobierno. Maneja el asunto como si fuera un tema local.
Así es. Creo que se ha manejado la crisis con Colombia con una visión de política local y con una estrategia y una dialéctica propias de la política local.

Y eso es malo. El gobierno se equivoca dramáticamente al menospreciar o minusvalorar las impresiones que en el exterior van produciéndose acerca del Ecuador. Me parece que para tomar decisiones en esta materia hay que conocer ciertas realidades. Y son de todos conocidos el poder y la influencia que ejercen, sobre la prensa internacional, ciertos países. También es un hecho que cierta poderosa prensa internacional tiende más bien a criticar al Ecuador por sus relaciones con las FARC y no a Colombia por haber violado a la soberanía ecuatoriana. De eso debiera ser muy consciente el gobierno. No para aceptarlo ni disculparlo sino para no ignorarlo y actuar en consecuencia.

Pero, ¿por qué en las percepciones internas pesa tan poco la forma en que se ve al país en el contexto internacional?

Una vez más es el exceso de diplomacia presidencial. El Presidente, al adoptar la decisión legítima de tomar acción directa en la conducción de la política internacional ha opacado a las demás instituciones del Estado. Y eso es normal y legal. Pero cuando eso se convierte en un modus operandi permanente, entonces la alta estima que se debe tener por la diplomacia presidencial empieza a caer. Se observan con mayor claridad los errores de la diplomacia presidencial y se minimiza la acción de las instituciones del Estado, entre ellas la del Ministerio de Relaciones Exteriores.

Creo que estamos sufriendo la consecuencia de esas situaciones que se han venido produciendo no solamente en el último año y medio, sino desde antes.

Usted ya citó un elemento que pudiera incidir positivamente e el restablecimiento de las relaciones diplomáticas con Colombia. ¿Hay otros en el campo oficial?
El restablecimiento de las relaciones diplomáticas. Para mí es el camino. Y en este caso, las relaciones están lejos de ser cordiales. Pero, precisamente para que lo sean, se podría restablecer la relación y conversar sobre todos los temas de desacuerdo.

¿Hay necesidad de un tercero?
Siempre es útil la presencia de terceros facilitadotes. La OEA está y debe jugar ese papel. Para eso recibió el Secretario General el encargo de la reunión de consulta.