REVISTA VANGUARDIA
¿Quién ganó la guerra en Líbano?
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Vanguardia 48 - Agosto 22, 2006
¿Quién ganó la guerra en Líbano?| ¿Quién ganó la guerra en Líbano? |
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| Revista Vanguardia | |
| lunes, 21 de agosto de 2006 | |
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Después De 30 Días de batallas se declaró el cese del fuego. Nadie sabe cuánto durará. Tras treinta días de guerra, el problema diplomático pasa, ahora, por un problema de percepción. El gran perdedor de este enfrentamiento fue Ehud Olmert, el primer ministro israelí. Y el ganador, Hassan Nasrallah, cabeza de Hezbolá en Líbano, antes casi desconocido. Pero la historia no es tan simple. Olmert tenía el 75 por ciento de apoyo en su país cuando empezó la guerra; ahora bajó al 48 por ciento. Lo contrario ocurrió con Hassan Nasrallah. Antes del conflicto lo apoyaba un 50 por ciento de los ciudadanos de Líbano; es decir, los de su misma etnia, la chií, que conforma alrededor del 40 por ciento de la población. El resto del país lo consideraba un extremista peligroso. Ahora que defendió a todos los sectores y prometió ayudar en la reconstrucción de Beirut, es apoyado por el 85 por ciento de libaneses, incluidos los cristianos. De un guerrillero marginal, confinado a una franja sureña de Líbano, Nasrallah ha pasado a ser un líder árabe, alguien a quien ahora admiran desde Teherán hasta El Cairo. Los medios internacionales lo han incluido entre las figuras árabes, carismáticas y extremistas, de la talla del egipcio Gamal Nasser y el palestino Yasser Arafat.En este caso las percepciones se ajustan a hechos concretos. Según la revista Time el ganador de una guerra es quien cumple las metas que se propuso al inicio. El 12 de julio, al declarar la guerra, Israel anunció que en una rápida incursión acabaría con el poder militar de Hezbolá, recuperaría a sus soldados capturados y saldría de Líbano. Treinta días de enfrentamientos y una semana después del cese del fuego, ninguno de los objetivos fue alcanzado. En cuanto a la milicia Hezbolá, su objetivo fue evitar su aniquilación e infligir daño al invasor. Logró los dos. Pese a que las cifras son inciertas, se conoce que pocos de sus militantes están muertos y su arsenal no sufrió mayores daños. Durante un mes lanzó cohetes a Israel y consiguió que un millón de sus pobladores se trasladara a vivir en refugios. Israel anunció que investigará qué falló. Tuvo la información de inteligencia pero los estrategas no la aprovecharon, desperdiciaron tiempo, equiparon mal a sus soldados y faltó dirección. A tal punto que en los dos últimos días de la guerra, antes de aceptar la Resolución 1 701 de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), realizó una incursión terrestre cuyo saldo le fue desfavorable: 37 de sus soldados murieron. El balance para Olmert es frustrante. El diario israelita Haaretz anunció que, a los 100 días de estar en el poder, había pasado un tercio de su mandato en guerra y ya era un perdedor. Sus colaboradores culparon a los altos comandos a quienes el Primer Ministro, un abogado sin experiencia mili tar, tuvo que creer. Esta respuesta no satisface a los dirigentes que ya hablan de que Olmert tiene que incluir en su gabinete a figuras como el ex primer ministro Benjamin Netanyahu para que lo asesore, si la tregua no se vuelve una paz duradera. Dentro de Israel la pregunta es si Olmert seguirá en su puesto, pues está siendo investigado por la justicia, al igual que otros cuatro miembros de su gabinete, por diferentes casos civiles. ¿Qué pasará con la alianza de partidos políticos que apoyó el desenganche unilateral? ¿Cuál será la nueva política, ya que ésa parece destinada al fracaso. En el Líbano, en cambio, el panorama pinta prometedor para Nasrallah. Todo depende de cómo juegue sus cartas. Ante la comunidad internacional acató estrictamente el alto al fuego y aceptó el despliegue del ejército libanés, en el cual 50 por ciento está conformado por chiíes que lo apoyan. Además, la fuerza de las Naciones Unidas que debe ocupar la zona, compuesta por 15 000 efectivos, podría estar maniatada por la misma organización. Nasrallah está ante un escenario que él no controla: ¿anulará el Gobierno libanés a Hezbolá como partido político y lo tratará como hicieron España e Inglaterra con los movimientos guerrilleros ETA e IRA, respectivamente? Es lo que muchas cancillerías esperan pero esa salida parece poco probable. Algunos esperan, soñando despiertos, que Nasrallah incida para que su organización deponga las armas por su propia cuenta. Creen que ese líder podría basarse en su popularidad para lograrlo y privilegiar la acción política de su partido, que ya tiene escaños en el Congreso. Esa sería la vía para alcanzar el Gobierno. En ese libreto, Hezbolá constituiría un bloque regional, con Siria e Irán, para llevar al Líbano hacia políticas panárabes y antiisraelitas. Lo cierto es que la resolución de alto al fuego de las Naciones Unidas es sólo una tregua. Durante la guerra de 1982 entre Israel y Líbano se llegó a acuerdos similares. Esta no define quién desarmará a Hezbolá, qué pasará con las granjas que Israel tiene en territorio libanés y cómo se conseguirá la verdadera soberanía libanesa. Y sobre todo: cómo lograr una paz duradera. |








