REVISTA VANGUARDIA
¿Por qué la opinión debe engullir aldabas?
| ¿Por qué la opinión debe engullir aldabas? |
|
|
|
| José Hernández | |
| martes, 08 de abril de 2008 | |
|
La verdad es un ingrediente esquivo en este régimen. eso da trabajo a los espíritus curiosos y a Alfredo Vera que los puede investigar... El ambiente, el ambiente creado por funcionarios de este Gobierno, es tan corrosivo como asfixiante: no hay cómo hacer preguntas. Hacérselas y hacerlas —esa es la médula básica del periodismo y el periodismo sin curiosidad no existe— es exponerse a ser tratado como un enemigo público. Nadie hubiera podido imaginar que volverse enemigo del país resultara tan fácil en el gobierno de la revolución ciudadana. Pues bien: un gobierno así, que crea y alimenta ese clima, suscita preguntas. La primera es ¿cómo, por qué artilugio conceptual llegó al mismo dislate político que, sin excepciones, exhiben siempre los sectores de derecha más anacrónica? No extraña esto en Alfredo Vera. Él, ignorando los crasos errores y la ceguera política de su partido, siempre ha considerado que la prensa tuvo que ver en la anorexia irremediable en que ha caído Izquierda Democrática. ¿Pero Fernando Cordero? Él, compañero de Freddy Ehlers en Nuevo País, ¿llama hoy perros a aquellos que buscan respuestas? ¿Es ese el nivel del debate que debe cobijar la nueva ciudadanía que su movimiento y hoy, Rafael Correa, supuestamente proponen al país? Cordero es el segundo de la Asamblea. ¿Es esa la forma, entonces, como Acuerdo País entiende el ejercicio del debate democrático? ¿Anteponiendo la prepotencia que otorga el poder absoluto? ¿Descalificando a aquellos que no tienen, que nunca tendrán otro privilegio que el de tener que formular preguntas al poder? ¿Recurriendo a un nacionalismo tan anémico y tan ramplón? ¿Amenazando y, supuestamente disuadiendo, a aquellos que no tienen visiones gregarias y no toman cursos en la nueva escuela del unanimismo oficial? La presencia de Alfredo Vera, sus declaraciones, las de Fernando Cordero y las del ministro Gustavo Larrea, suscitan más interrogantes. ¿Es ese el escenario público —tosco, pesado, depresivo y policíaco— el que imaginaban Alberto Acosta, Fernando Bustamante, Augusto Barrera… y toda esa generación inteligente e irreverente de la Ruptura de los 25? ¿Imaginaban así el cambio, convirtiendo a los que hacen preguntas en viles perros callejeros? ¿Imaginaban así la vida pública, tan simple y expedita, que ante un problema de Estado, el escenario público pudiera dividirse en amigos y enemigos, patriotas y traidores? ¿Tan simple era su sentido de la complejidad que, en vez de tratados sobre cómo reinventar la democracia, era más simple y más barato, revisar la vida de Joseph McCarthy? Y si ese no es su credo, si el Ecuador en el cual soñaron (¡y lo soñaron en las redacciones de los perros callejeros!) no se parece a lo que se está oyendo, ¿por qué se callan? ¿Por qué no ha habido rectificaciones? ¿Por qué creen que, ante el torbellino disparatado de explicaciones que ha dado el Gobierno sobre algunos casos (Logroño, el espionaje, Colombia, el Superintendente de Compañías…) la tarea de los que hacen preguntas es evaporarse? ¿Hubieran pedido aquello si estuvieran hoy en la oposición? ¿Qué les hace suponer que la opinión que los conoce, que esperaba otra cosa de ellos, tenga que acostumbrarse, como en el pasado, a tragar aldabas? ¿Qué teoría les hace suponer que lo que conviene a su proyecto político es echar tierra apenas tienen, entre manos, una papa caliente? Alberto Acosta no parece querer hacerlo en el caso del espionaje a la Asamblea. Eso lo honra en ese caso. ¿Y los otros? María Paula Romo no comparte la visión del Presidente sobre su profesor– superintendente que, en vez de explicaciones, tiene canal abierto, en horario triple A, para hacer propaganda. Eso honra a María Paula Romo y hace pensar que no todos los dirigentes de Acuerdo País han olvidado lo que fueron. No hace muchos meses, Bustamante, Norman Wray, Barrera, Juan Sebastián Roldán y tantos otros, creían que un ingrediente esencial en política era la ética. Y que sin una actitud transparente en las políticas públicas, no había poder digno de representar al país. Hoy la verdad es uno de los componentes más esquivos del régimen. Eso da trabajo a los perros callejeros. Y a Alfredo Vera que los (nos) está investigando. |









