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Y Correa regresó a la derecha... PDF Imprimir E-Mail
Revista Vanguardia   
martes, 08 de abril de 2008

La lógica de acumular poder tiene un costo: cepillar visiones retrógradas. Correa y La vieja izquierda dan la espalda a las nuevas libertades.

 

Lo increíble dejó de serlo: Rossana Queirolo logró colar sus visiones decimonónicas en la opinión con un énfasis mediático que la Asamblea no ha logrado en otras causas cruciales. Lo más asombroso no es eso ni que haya forzado una reunión de todo el bloque oficialista con el Presidente de la República y su equipo político. Lo pasmoso es que esa modelo no haya tenido respuesta sobre todo por parte de los grupos de mujeres que, incluso ante el debate sobre la pastilla del día siguiente, se movilizaron social y políticamente con una firmeza que aún hoy les agita las nostalgias.

No es el único caso. El país, con aire distraído, aceptó que los grupos religiosos lo devolvieran un siglo atrás, ignorando así, la discusión, ya zanjada, sobre el carácter laico del Estado. Pastores, sacerdotes y activistas fundamentalistas recorrieron canales y radios produciendo la sensación de que también en ese punto, los seguidores de Alfaro están administrando sus cenizas.

Los grupos de gays, lesbianas y otras identidades sexuales se frotan igualmente los ojos. Aún recuerdan que los meses previos a la Asamblea, grupos de izquierda, ahora en el Gobierno, les propusieron ser candidatos. Se entendía que era una forma de inclusión afirmativa en la cual se daba por descontado que se ampliarían los derechos civiles de estas comunidades. Hoy lamentan y condenan la aclaración que hizo pública Acuerdo País tras la reunión, digna por lo que se sabe de una opera buffa, con Rossana Queirolo.

Se pudieran multiplicar los ejemplos de grupos sociales que, respecto a sus demandas, se sienten estafados por Acuerdo País. Pocos han hecho público su malestar. Y, contrariamente a su tradición militante, prácticamente ninguno ha recurrido a sus típicas manifestaciones callejeras. De hecho, algunos han pensando en hacerlas. Pero la figura de Rafael Correa es un elemento disuasivo. Así lo da a entender Ivonne Ramos, directora de Acción Ecológica, al afirmar que “el nivel de aceptación de Rafael Correa sobrepasa el 80 por ciento”. Su organización, sin embargo, es crítica y recuerda que “este gobierno tiene políticas súper irrespetuosas del medio ambiente”.

La popularidad del Presidente no es el único escollo. La mayoría de estos grupos tiene un pasado de luchas comunes, muchas de las cuales sienten que hoy tienen eco en el gobierno de Acuerdo País. Están ante una trampa. Lo dice, a su manera, Sara Larrea, dirigente de la Coordinadora Política Juvenil. “Tener un gobierno de izquierda, y más progresista en algunos temas, sí hace que sea más difícil la movilización social. O sea, sí se ha paralizado un poco la movilización social en ciertos aspectos”.

Esa manifestación parece imposible, por ahora, para ciertos grupos, como la Coordinadora Política de Mujeres (CPM), que hizo, de hecho, un acuerdo político con el Gobierno para apoyarle en todo lo que fuera bueno y confrontar en caso de que fuera necesario.

La sensación de estar en la cancha pero fuera de juego, es corriente. Hace dos semanas, un grupo de mujeres del movimiento Luna Creciente se acercó, en movilización, hacia Carondelet para plantear al Presidente sus inquietudes.

No las recibió. ¿Qué han hecho, entonces, todos estos grupos de la llamada sociedad civil, en general cercanos ideológicamente al gobierno? Viajar a Montecristi. “Las mujeres —dice Virginia Gómez de la Torre, directora del Cepam— nos hemos movilizado hacia la Asamblea Constituyente en defensa de varios derechos. Las jóvenes también han planteado la despenalización del aborto, la no criminalización de la pobreza, el derecho de las familias alternativas”. Las reivindicaciones de las mujeres son conocidas: derecho a la vida digna, a la integridad física, sicológica y sexual, progresividad de los derechos, derecho a tomar decisiones en la vida sexual y reproductiva… En algunos casos, esta presencia femenina se inició en el año 2007. El Frente Ecuatoriano por los Derechos Sexuales y Reproductivos hizo un folleto en defensa del Estado Laico.

“Ahí ya previmos —dice la directora del Cepam— que ese iba a ser un tema conflictivo y que la Iglesia iba a intervenir con más fuerza que antes”.

A pesar de esto, y de que los grupos de mujeres presentaron a la Asamblea una propuesta unificada; a pesar de que, según Luz Haro, coordinadora de la CPM, hubo un acuerdo firmado por los asambleístas del Gobierno en diciembre, para apoyar las propuestas de las mujeres, las principales ya se cayeron en la Asamblea. Es lo que se colige del documento hecho público por Acuerdo País. Virginia Gómez de la Torre agrega que también en el gobierno tienen problemas. Parecen aliados pero, en la realidad, rehúsan hablar de temas espinosos como la anticoncepción de emergencia. “El Ministerio —dice la principal del Cepam— ni se ha manifestado sobre el tema de la despenalización del aborto”.

Las mujeres militantes, naturalmente, no botan la toalla. Esperan, como dice Luz Haro, que sus conquistas sobre la soberanía y los derechos sexuales y reproductivos se mantengan. “Estamos vigilantes y lo que sí hemos dicho es ni un paso atrás en todo lo que hemos conquistado hasta el 98”. La paradoja no puede ser mayor: mantener lo logrado y no retroceder, aunque en las declaraciones Acuerdo País ya lo haya hecho.

Retroceder es un verbo que aún no usa la directora del Cepam. Pero marca el tamaño del dilema: “En PAIS tendrán que posicionarse porque no creo que van a ser cómplices de una condena a muerte de mujeres poniendo un articulado de acuerdo con una sola forma de ver la vida, la sexualidad y la reproducción”.

León Sierra Páez y Fredy Lobato Fuentes, en cambio, sí dan por concluido el partido y su derrota, en el comunicado que hicieron público el pasado miércoles 2. Voceros del grupo GLBTI, ellos no vacilan en acusar a Acuerdo País de tendencia conservadora, “condescendiente con preceptos que históricamente han sido defendidos por sectores fascistas”. Pero también ellos hacen estado de su imposibilidad de ir a las calles. Y posponen su lucha para después de la Asamblea Constituyente.

¿Por qué no ahora? Por los enormes prejuicios y el clima mediático que, según ellos, alimenta este discurso que fomenta, dicen, “la exclusión y los crímenes de odio”. Curiosamente, y salvo grupos como GLBTI y Acción Ecológica, ninguno abre fuegos directamente contra Rafael Correa, su movimiento y sus aliados.

Con ellos hay más de una coincidencia en temas económicos, internacionales, étnicos… Y esos grupos no saben cómo desligar sus exigencias de un programa político que, en otros puntos, sienten de avanzada. Dicho de otra manera, apoyan las políticas económicas de Correa y no saben qué hacer con sus visiones retrógradas. Y saben cuánto pesa pues no comparten con Alberto Acosta que, cuando le preguntan cómo administra las intromisiones presidenciales en la Asamblea, contesta que es un compañero más...

Mientras tanto, estos grupos dirigen sus críticas, en forma áspera, contra los medios de comunicación. “En Ecuavisa —dice Rosa López, del Movimiento de Mujeres de El Oro— el conductor declara que está en contra del aborto. El Presidente se pronuncia de antemano sobre el tema. Eso es abusar de su condición de poder. No es responsable.

No se han pronunciado los gremios médicos, con posturas científicas. Sin embargo, se trata de un tema de salud pública”. Ilustrativas son, igualmente, en este contexto, las críticas que hacen a la prensa Orlando Montoya, director de la Fundación Equidad y Tatiana Ortiz, del Cepam en Guayaquil. Por el acento moral y no de derechos puesto sobre estos temas, por el enfoque (que va desde lo morboso a lo sentimental) y porque, fuera de Guayaquil y Quito, no se han mirado los procesos locales o regionales.

¿Entonces, un viraje vertiginoso de Rafael Correa y Acuerdo País hacia el pasado? Santiago Pérez, quien hace sondeos para el Gobierno, ve las cosas con otra óptica. Para él hay una disolución de la lógica asociativa, como hubo un desmoronamiento de los partidos tradicionales.

En esas condiciones, emergió, y aún se mantiene, un solo actor que, en realidad, es una suerte de fanesca. En Acuerdo País, en efecto, se dan cita movimientos tan disímiles como lo son Betty Amores y Rossana Queirolo. Y está absorbiendo más personas o grupos como quedó demostrado en las elecciones para prefecto y consejeros en Santo Domingo de los Tsáchilas y Santa Elena.

El éxito electoral de Acuerdo País es tan grande que hasta en el socialcristianismo se sabe que hay alcaldes de ese partido que buscan patrocinio oficial.

“El de Portoviejo, Montecristi y por lo menos tres más”, dice un dirigente de esa organización. Ese éxito tiene su propio vértigo: acumular más y más poder: alcaldes, prefectos, concejales, diputados, Presidencia... Es el vértigo que produce sentir que tiene el monopolio de la representación política En esa lógica, el Presidente no gasta su popularidad. De ahí que haya preferido plegar a los vientos conservadores, propios de su personalidad, que gastar parte de su popularidad en defensa de nuevas libertades.

Acuerdo País lo sigue. No es —se ha visto en la Constituyente— una organización fuerte, con alta capacidad política y conceptual. Tampoco está preocupada de darle contenido al lema de la revolución ciudadana que Vinicio Alvarado, con un presupuesto generoso, se encarga de que los electores no olviden. Es un lema hueco y esto se dice, no para ser citados, en los grupos sociales que, aún con reticencias, siguen acompañando al régimen. Santiago Pérez lo explica, pensando en lo que le indican sus sondeos. El país —dice— no tiene una opinión pública madura, una población participante y defensora de sus derechos. Hay deficiencias estructurales, debilidad de canales de información, falta de un acumulado histórico de ciudadanía, ausencia de debates de fondo...

Por eso, él entiende que hay una contradicción evidente entre el pensamiento abstracto (lo que debate la Asamblea) y el concreto (lo que hace Rafael Correa). Y ese respaldo —vaticina— se mantendrá sin importar mucho lo que dirá la Constitución.

Más claro, imposible: el presidente Correa tiene cuerda para largo. Uno, porque anima la tendencia más arcaica de la izquierda, como lo sostiene Julio Echeverría (ver entrevista). Y dos, porque ha decidido cepillar las tendencias más conservadoras del país. Por eso, no evitó que Rossana Queirolo le gane, políticamente, el mayor debate en el cual ha participado. Ella se fue de Acuerdo País, pero él se quedó con parte de los electores que en algunos aspectos siguen en el siglo XIX. Con todo, él seguirá hablando del siglo XXI...