REVISTA VANGUARDIA
¿La revolución ciudadana resucita a Torquemada?
| ¿La revolución ciudadana resucita a Torquemada? |
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| Faith Simon | |
| martes, 15 de abril de 2008 | |
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El Gobierno actúa a la ofensiva cuando se exige información pública. En ese contexto, investigación es sinónimo de traición a la patria... Ya no son hechos aislados. El Gobierno va asumiendo una actitud ofensiva y de presión ante quienes exigen información o investigación, sin importar quienes son. La indagación por traición a la patria al político Diego Ordóñez, las amenazas de Alfredo Vera de investigación por corrupción a los medios que abordan el tema Colombia, los discursos maniqueos del presidente Correa, las declaraciones de Fernando Cordero configuran ese ambiente. Es un clima enrarecido. No llega a constituir un espacio represivo, pero sí genera una sensación de riesgo para cualquiera que opine contrariamente a ciertas tesis del Gobierno. En el caso Ordóñez, por ejemplo, se pudiera pasar de la amenaza a la acción, con el costo de que cualquier opinión contraria nos pondría en la situación de ser 'traidores' a la patria. Esto parece, más que una estrategia de desmovilización social bajo presión judicial, una estrategia política del régimen: la polarización, que no admite un pensamiento independiente que pueda señalar sus errores y pedir investigaciones ante hechos no esclarecidos, sin ser relacionado con la oposición o con tener un interés personal. Es la vieja lógica del enemigo: quien no está con el Presidente está con Nebot, luego con los pelucones, con los corruptos; después ya es perro de Uribe o perro de la CIA. Este maniqueísmo tiene tres efectos relacionados. Primero: se activa la percepción de que cualquiera que piense distinto al Gobierno es enemigo y por ende hay que desacreditarlo públicamente. Segundo: esa descalificación apunta a que cualquier comentario sea considerado como la orquestación de la traición a la patria. Tercero: se priva a la sociedad del debate público, de su derecho a la crítica, a recibir información fidedigna por parte del Gobierno y a reclamar el esclarecimiento de aspectos polémicos. El Presidente, por ejemplo, en relación a los supuestos vínculos de figuras del régimen con las FARC, cometió un desacierto. No impulsó oportunamente una investigación seria e independiente sobre tales acusaciones. Pero cuando habló de dicha investigación lo hizo en un tono de 'autorización estatal para investigar'. En una sociedad democrática, el derecho de información sólo tiene determinadas restricciones, estipuladas por ley, en cuanto a aspectos de seguridad nacional. Pero nunca requiere de autorizaciones otorgadas por un régimen. Por ello ¿pedir información sobre los aportes a la campaña de Correa o investigar las supuestas relaciones de algunas figuras del Gobierno con las FARC implica atentar contra la seguridad nacional? Luego, la Fiscalía de la Nación, desde lo estrictamente técnico, puede iniciar cualquier indagación por supuestos delitos graves, pero preocupa que no se trate a todos esos posibles delitos de la misma forma. No parece que sea más seria la indagación sobre si Diego Ordóñez ha incurrido o no en traición a la patria, que las denuncias sobre aportes de campaña de Alianza País. La Fiscalía puede, y debe, enviar un mensaje claro al país: es un órgano independiente y no un instrumento de persecución. En el caso de Vera como Secretario Nacional Anticorrupción, el mensaje parece más claro. Nombrar a un político en un puesto que demanda perfil técnico no resulta coincidencia. Es convertir la Secretaría en un espacio político. Así, su primera acción fue de presión. Su discurso coadyuvó a una acusación general de corrupción a los medios de comunicación que investigan la presencia de las FARC en el país. Eso develó un lenguaje persecutorio y demostró que su acción rebasará el alcance jurídico de la corrupción. En este contexto de retóricas incendiarias e injuriosas, el exceso verbal de Fernando Cordero sobre los perros de Uribe incide en esa visión de la democracia según amigos y enemigos. Llama la atención, eso sí, pues Cordero es el primer vicepresidente de la Asamblea y porque se lo conoció como un demócrata abierto al debate público y al pluralismo. Por eso, los discursos maniqueos no pueden silenciar a la sociedad ni privarle su derecho a discrepar con el régimen. |








