REVISTA VANGUARDIA
Acuerdo País exhibe un falso unanimismo
| Acuerdo País exhibe un falso unanimismo |
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| José Hernández | |
| martes, 15 de abril de 2008 | |
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El movimiento de moda procesa diferencias políticas y nuevos liderazgos a puerta cerrada. En vez de tesis muestra mayorías numéricas... Rossana Queirolo, otra vez ella, logró, en un muñequeo mediático, evidenciar la mayor realidad política de Acuerdo País: su diversidad. Ese hecho macondiano —cuya permanencia política es dudosa— hace que allí convivan gentes de derecha, nacionalistas trasnochados, católicos fundamentalistas, revolucionarios frustrados y también feministas irredentas, ecologistas de tiempo completo y demócratas que piensan como si vivieran en el 2008. No son una gran legión. Por eso Acuerdo País no se fracturará. Ya lo está. Esa es su esencia. Lo grave no es, entonces, que esté dividido sino que quiera ocultarlo. Que quiera, obviando su versatilidad política, mantener un perfil de representación pública que más se inspira en el leninismo que en procesos nuevos de agregación política. En este punto, Acuerdo País ignora incluso ejemplos como el de Los Verdes en Alemania que no solamente innovaron en política sino que incidieron en las prácticas, y en los idearios, de los viejos partidos demócratacristiano y socialdemócrata. Por eso, de Acuerdo País sólo está luciendo el sector más atrasado y más integrista. El que se inspira en el Estado como productor de felicidad y convierte la moral religiosa en un referente para el manejo de la cosa pública. De ahí que la foto de tres monseñores, triunfantes, parados ante el mausoleo de Eloy Alfaro en Montecristi, cuadre tan mal con los planteamientos de Ruptura de los 25, Alternativa Democrática, los movimientos de mujeres… Cuadra mal porque la religión es respetable pero es un tema privado que, en los espíritus libres, nada tiene que ver con el Estado desde finales del siglo XIX. No hay cómo ocultar que Ruptura y los demás movimientos laicos y progresistas, están paralizados. La vieja guardia que es la que dirige esa amplia alianza política, ha impuesto su ley. Y sus visiones. Lo ha hecho en los temas que han convertido a Rossana Queirolo en una Juana de Arco para los sectores más conservadores. Lo ha hecho, lo está haciendo, en los temas de economía y desarrollo en los cuales la máxima vuelve a ser el viejo discurso de la Cepal: por fuera del Estado centralizado no hay salvación. No sólo por eso hay tufo de pasado en Acuerdo País. Lo hay porque la visión política mayoritaria huele a barricada. Huele a nostalgia de revolución (de ahí el compañero Aisalla). Huele a añoranza de soviets y de pensamiento único. Basta revisar lo que piensa la asambleísta María Augusta Calle de los medios de comunicación. ¿Dónde está la frescura que un día tuvo Ruptura de los 25? ¿Dónde están las visiones urbanas, complejas, ricas y cuestionadoras del statu quo que provienen de los temas de género, de los gays y demás grupos que pugnan, a veces, sólo por su reconocimiento público? ¿No es eso acaso la expansión de la democracia en sus nuevas formas? No importa. En Acuerdo País basta, al parecer, con convivir entre desiguales (sin importar lo que dicen o hacen) y sumar alrededor del bien supremo que, por lo pronto, se llama referéndum, reelección de Correa y captura de diputaciones, alcaldías y cuanta instancia administrativa se ocurra en Montecristi. Esas urgencias no admiten los matices de talla que alberga Acuerdo País. Y los grupos más progresistas han plegado. Han embodegado las banderas de los nuevos derechos ciudadanos pensando que frente al bien supremo, los temas de las mujeres, el peligro de la visión policíaca en la cual sueñan la Comisión Anticorrupción de la Presidencia y la Fiscalía de la Nación, son cosas secundarias. En claro, Acuerdo País no ha innovado. Procesa las diferencias políticas y los nuevos liderazgos a puerta cerrada. Y al mejor estilo de los partidos únicos ha decidido tapar las tesis en debate para sólo mostrar mayorías numéricas y unanimismos falsos a todas luces. Por eso, en vez de un gran tanque de pensamiento político para la sociedad, Acuerdo País se ha refugiado en el mercadeo y en empalagosos e insufribles mensajes a la nación que contienen de todo... salvo de la nueva política ciudadana. |









