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Revista Vanguardia   
martes, 22 de abril de 2008

Chávez y las FARC fueron parte del debate. El nuevo Ejecutivo recibe un Paraguay en crisis.

 

Las elecciones en Paraguay corroboran la nueva geopolítica latinoamericana. La de los cambios radicales. Puso en jaque los 60 años de gobierno del Partido Colorado. Por primera vez una mujer fue candidata a la presidencia. Y por primera vez un obispo dejó sus hábitos para optar por la primera magistratura.

Más allá del proceso electoral, el triunfador tiene por delante una realidad que pasma: gran parte del territorio paraguayo se encuentra sobre una de las reservas de agua dulce más grandes del planeta, y más de un millón de personas no tienen acceso a servicios de agua potable y alcantarillado.

Paraguay figura entre los cinco principales exportadores de soya y es un importante productor de carne vacuna, sin embargo el 40% de la población rural vive en condiciones de pobreza y la distribución de la tierra es una de las más desiguales de la región. Hay unos 300 000 campesinos sin tierra, y uno de cada siete niños menores de siete años sufre de malnutrición crónica.

Las epidemias de fiebre amarilla y dengue, que se dieron en los últimos meses, pusieron en evidencia los escasos recursos con que cuenta el sector de salud pública.

Durante la década de los noventa hubo crecimiento estable, pero para el 2002, a causa de la crisis financiera de Argentina, la economía paraguaya estuvo negativamente afectada y el país se vio obligado a negociar préstamos de emergencia con el Fondo Monetario Internacional.

El panorama para el nuevo gobierno es complicado. En el país operan organizaciones dedicadas al contrabando, lavado de dinero, y crimen organizado. El número de familias sin tierras ha aumentado a causa de la industrialización de la agricultura, crecimiento de la población, y la deforestación. Actualmente alrededor de 60% de los paraguayos vive en la pobreza.

El escenario político se complicó con la evidente incursión de Hugo Chávez en la escena electoral. El presidente saliente, Nicanor Duarte, advirtió varias veces a su homólogo que no intervenga en el proceso electoral de su país. “No meter sus narices”, fue la frase que utilizó.

Según el gobierno paraguayo grupos cercanos al presidente venezolano colaboraron con la candidatura del ex obispo Fernando Lugo. Esos colaboradores extranjeros serían unos cien ciudadanos, supuestamente técnicos en comunicación e informática, que llegaron desde Ecuador y Venezuela.

Ni Ecuador ni Venezuela han realizado declaraciones oficiales sobre los pronunciamientos que se hicieron desde Asunción.

El debate se centró en Fernando Lugo, porque las encuestas lo ubicaban como el ganador de una elección que no requiere de segunda vuelta. Con el 34%, y seis puntos por encima de sus contrincantes: el general Lino Oviedo y la oficialista Blanca Ovelar, que se desempeñó como ministra de Educación.

La reunión entre Lugo y el presidente brasileño, Luiz Inacio Lula da Silva, muestra que el ex obispo va en la línea de Evo Morales, en cuanto a plantear cambios en las condiciones contractuales con las estatales brasileñas. Su intención —y lo dijo — es revisar el contrato de la hidroeléctrica binacional Itaipú. Además dijo a la prensa local que pretende lograr un precio más justo por la energía que Brasil le compra.

Pero afirma no estar alineado con las posturas de Hugo Chávez y Evo Morales. Más bien se ubica en una posición intermedia entre estos y los presidentes de Brasil y de Chile..

Sus palabras hicieron pensar que busca alejarse de la izquierda radical. En una entrevista reciente dijo: "Venezuela tendrá su proceso, Bolivia lo mismo y Paraguay también". Algunos analistas creen que Lugo no tiene una posición ideológica definida.

Sin profundizar en conceptos ha señalado que tiende hacia la "socialdemocracia del siglo XXI". Y si bien, la mayoría de sus simpatizantes proviene de la izquierda, cuenta con el apoyo de dirigentes conservadores y socialistas más moderados.

Esto hizo decir al presidente, Nicanor Duarte, que el ex obispo no pertenece a la izquierda paraguaya sino a la ultraderecha, en clara alusión a su compañero de fórmula, que pertenece al histórico partido liberal.