REVISTA VANGUARDIA
El país no debe renunciar a la visión civil en Defensa
| El país no debe renunciar a la visión civil en Defensa |
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| Bertha García | |
| martes, 22 de abril de 2008 | |
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Un civil frente a las FF .AA . ya no puede ser sólo un gesto. El Presidente precisa claridad política para cambiar la institución militar. El presidente Correa perdió más de un año en divagaciones y señales equívocas para iniciar los cambios integrales a las FF.AA. y al Ministerio de Defensa Nacional, ámbitos hasta ahora impenetrables por el poder civil o, en el mejor de los casos, escenarios en los cuales los civiles que han llegado han sido rehenes del poder militar. Por eso, éste es el momento para posicionar con mayor claridad la dimensión civil de la Defensa Nacional. En esa medida, el Gobierno, como representación del poder ciudadano, no puede claudicar y volver a la figura del militar: aquel actor funcional que blindaba a las FF.AA. ante el poder ciudadano. Y en esta perspectiva de cambio democrático de la institución armada, haber puesto en la Recoleta a Guadalupe Larriva, Lorena Escudero y Wellington Sandoval no supone un fracaso. Estas decisiones son el costo de un aprendizaje de país para una nueva relación sociedad civil-FF.AA.: un aprendizaje público y cívico en el cual Ecuador no ha estado inmerso desde hace 30 años. Los tres anteriores funcionarios, en razón de sus personalidades y no tanto por sus competencias, llegaron sólo al nivel del gesto y del símbolo: el civil al frente de los militares. La responsabilidad es del Primer Mandatario. Él tenía la idea de poner a un civil en Defensa, pero sin un proyecto definido detrás. Sin duda, un primer aspecto positivo de esta visión fue haber posicionado al Ministro de Defensa como su intermediario político con los militares, en un país donde las FF.AA. han llegado al Ejecutivo, sin mediación institucional, con comunicados y peticiones. El ministro civil es el inicio de un proceso para concretar un sistema civil de Defensa Nacional, donde la sociedad representada en los poderes del Estado dicte las políticas y la entidad castrense las cumpla desde su dimensión técnica y no dirimente. Así, la selección de la figura y del equipo es fundamental. No se puede optar por civiles conversos que lleguen a la Recoleta y se mimeticen con el pensamiento militar. Por tanto, el camino ineludible es avanzar hacia el ministerio y la política civil de la Defensa Nacional. Volver a las figuras militares sería un retroceso lamentable. Porque como país estamos en la obligación de desarrollar un sistema público de defensa. Y esto pasa por desterrar cualquier ideología para las FF.AA. y dentro de ellas. La seguridad nacional fue una ideología política que hizo que los militares acogieran más una visión hemisférica de la defensa y no una nacional, pasando por alto todo lo que implica soberanía y subordinación a los mandatos civiles y constitucionales. Así se podrá desterrar la imagen de las FF.AA. como personificación sagrada de la patria y el miedo político a la institución que esa retórica ha instalado en Ecuador. Nada es sagrado en el Estado civil que debemos construir. Y por ello nadie que critique al sector puede ser vilipendiado como traidor a la patria o como amenaza a la seguridad interna. En este contexto, Javier Ponce en el Ministerio de Defensa sabrá ejercer autoridad y competencia académica para el cambio institucional de las FF.AA. Es un hombre democrático y crítico frontal de la entidad castrense y los militares, desde su arquetipo del guerrero, respetarán a toda autoridad que se presente como tal. En el nuevo momento de esta Secretaría de Estado, compete a Rafael Correa trazar el plan de reestructuración general de las FF.AA. y del Ministerio de Defensa. Así las acciones de Ponce podrán proyectarse. Pero un plan que precisa no sólo de voluntad ni capital político, sino de claridad institucional. El Presidente no puede dar mensajes contradictorios. En un momento de inflexión no puede congraciarse con las FF.AA. dándoles espacios que no les corresponden y que, más bien, las desprofesionalizan. Ningún Presidente de la República, en la historia del país, ha conseguido la lealtad de FF.AA. tratando de congraciarse con ellas. Este mal ejemplo que llega desde arriba no puede contrariar el marco legal existente y, sobre todo, las expectativas sociales de cambio de la entidad militar. |








