REVISTA VANGUARDIA
Un discurso no puede lavar la cara a las FARC
| Un discurso no puede lavar la cara a las FARC |
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| Ricardo Camacho | |
| martes, 29 de abril de 2008 | |
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Correa está mal informado sobre el estatus de beligerancia. Las acc iones de la guerrilla colombiana no son de guerra: son crímenes. Nadie, en el contexto internacional, reconoce a las FARC como fuer zas beligerantes. Ni siquiera Venezuela, Cuba o Nicaragua, a pesar de sus idearios de izquierda, lo han hecho. Porque tal reconocimiento entraña un acto político que limpia la cara a los grupos irregulares ante la sociedad, en la medida en que tales grupos respeten en rigor el Derecho Internacional Humanitario (DIH). Por eso, el presidente Rafael Correa debió estar mejor informado antes de hacer las declaraciones donde plantea la posibilidad de otorgar ese estatus al movimiento ilegal colombiano. Pudo haber meditado más y haber reunido a la Cancillería y preguntar qué es la beligerancia, qué contempla el Protocolo II de los Convenios de Ginebra, qué implicaciones tendría para Ecuador declarar a las FARC beligerantes: una acción que sería, en el fondo, como tomar partido y echarle una mano a las FARC para que este grupo guerrillero, que viola el DIH, pueda sentarse a negociar diplomática y políticamente en el mundo. De hecho, el único reconocimiento de beligerancia que se ha dado en América Latina ha sido para el Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional, cuando el gobierno de El Salvador, como una medida extrema, pidió extraoficialmente a los gobiernos de México y de Francia que otorguen ese reconocimiento para dialogar y poder iniciar el proceso de paz. El Primer Mandatario, sin embargo, se ha preocupado en poner condiciones a la posibilidad de la declaratoria de beligerancia. Aunque a sabiendas de que a las FARC les falta un largo camino para ajustarse al DIH. Veamos, entonces, si ellas dejarán de matar a civiles y a soldados que se rinden, dejarán de colocar collares-bomba, secuestrar, extorsionar y cobrar vacunas indiscriminadamente dentro y fuera de Colombia. Una declaración como la del Mandatario ecuatoriano no cambia el rumbo de la política interna colombiana. Porque las FF.AA. de Colombia tienen todo el derecho de capturar, destruir o neutralizar todo lo que sea objetivo militar y, para esta institución, las FARC son objetivos militares, en tanto sea grupo irregular que se levanta en armas contra el Estado. No obstante, el presidente Correa, con lo dicho, no mide la legalidad de las acciones del Gobierno colombiano, sea quien sea su presidente y caiga bien o caiga mal Uribe. Porque el Estado colombiano puede calificar de guerrilleros, robavacas o irregulares a las FARC y actuar contra todo grupo al margen de la ley, en el marco de sus derechos soberanos y de los instrumentos internacionales. Y frente a este punto, el grupo irregular equivocadamente acude a la legislación internacional sobre prisioneros de guerra para que sus acciones puedan ser juzgadas políticamente, cuando sus acciones no son de guerra sino violaciones del DIH. Ante ello, la mejor posición de Ecuador es la que ha mantenido históricamente frente al conflicto colombiano: la no intervención. Pero ante incursiones a territorio nacional sea de fuerzas regulares o de irregulares, de acuerdo con la Declaración de La Haya sobre neutralidad en conflictos armados, el Estado agredido puede hacer valer, incluso por el uso legítimo de la fuerza, el respeto de la soberanía sin que este derecho signifique participar en el conflicto. El presidente Correa, al querer hacer un jalón de orejas a las FARC, no puede dar señales ambivalentes que pudieran ser entendidas, afuera, como un gesto de simpatía política con las FARC. Sería complicado que el Presidente otorgue ese estatus de beligerancia a las FARC. Porque en el mundo se pudiera reafirmar la idea de una supuesta cercanía entre Ecuador y la guerrilla o la mirada del territorio ecuatoriano como una zona de turismo guerrillero. No es el momento: las condiciones en las cuales se reconoció al FMLN como grupo beligerante, hace 20 años en Centroamérica, son distintas al reconocimiento internacional actual a las FARC. Por eso, falta madurez diplomática y política desde Colombia y Ecuador ante el conflicto armado. Hasta tanto, las FARC aguardarán en un camino largo, de años, hasta respetar los derechos humanos. |








