REVISTA VANGUARDIA
La tribu que impugna en la sombra
| La tribu que impugna en la sombra |
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| Revista Vanguardia | |
| martes, 29 de abril de 2008 | |
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La tragedia en The factory revela diversas identidades rockeras. Y las taras sociales que aún pesan sobre ellas. Por convicción, hay culturas urbanas que permanecen en los márgenes de la sociedad. Pero ahora, por la tragedia ocurrida en la discoteca The Factory, el sábado 19 de abril, en Quito, los rockeros underground están en el centro de atención. Por medio de asociaciones como Quitu Raymi, Al Sur del Cielo o Pachamama, aprovechan esa atención para intentar romper los estereotipos y mitos que la sociedad tiene sobre ellos y piden ser aceptados sin prejuicios en los espacios públicos. Pero esto no es algo que les ocurrió a todos los rockeros (metaleros, heavys, hard cores...). La tragedia afectó al grupo más pequeño y más introvertido: los góticos. Por ideología, ese grupo es el menos conocido. Son poco accesibles, más prudentes en sus apariciones, prefieren pasar desapercibidos. "No es un ejemplo de gueto ni aislamiento —dice Pablo Ayala, sociólogo y autor del libro El mundo del rock en Quito—, sino su sentido de organización y de interacción con el resto de la sociedad. Por eso, sus expresiones no buscan legitimación (...), apuntan a una coexistencia donde cada quien sea visto y vea a los demás simplemente como son". Éste movimiento no tiene como base sólo la música. Es un estilo de vida. Apareció en Europa en los años ochenta y en el país, hace aproximadamente ocho años. Su primera plataforma fue el programa de radio Historias del lado oculto, creado por Diego Suárez. Además de transmitir música, se contaban historias de terror. Se transmitió en Planeta y en La Luna. Y hace seis años se convirtió en una revista de temas góticos, tiene un tiraje de 1 000 ejemplares por edición. El misterio y la mística son las claves para comprender al pensamiento gótico. Es, entre todos los movimientos de underground, el más culto y pasivo. Los escritores Edgar Allan Poe, H.P. Lovecraft y CH. Baudelaire; los músicos Paganini, Bach y Bartok; el cineasta Bela Lugosi son algunos de los creadores que los influencian e inspiran. Pero también sienten fascinación por las leyendas medievales, los mitos nórdicos, los seres y fenómenos sobrenaturales, las tensiones entre bien y mal, realidad y ficción, vida y muerte. Ésta última les interesa por un sentido de trascendencia, por su condición inevitable. Todo eso se expresa en música, literatura, diseño de moda, artes plásticas... En el país, según Diego Suárez, existen cerca de treinta bandas góticas. Entre ellas, hay diferencias en sus sonidos. Las más tradicionales se caracterizan por tener una combinación de voces guturales y líricas. Su instrumentación puede tener momentos sinfónicos. Ese era el esquema que seguían Zelestial y Vendimia, dos de las bandas actuaban en The Factory el día del accidente. Zelestial fue la primera banda del país que se preocupó por adornar sus actuaciones con vestuario, maquillaje, obras de teatro y danza, siguiendo el modelo de las agrupaciones europeas. Por eso, aunque sus integrantes no eran góticos, llegaron a ser uno de los grupos más admirados del movimiento. Rodrigo Pólit, su manager, cuenta que diseñaban sus vestuarios basados en modelos del medioevo y de la saga cinematográfica La guerra de las galaxias. Desde el 2004, dieron 70 conciertos, grabaron dos demos y estaban a punto de lanzar su primer disco. El goth metal es la corriente más difundida entre las bandas del país, una de las agrupaciones más famosas es Lago Gris, de Loja. Aunque, como explica Diego Suárez, hay otras que apuestan por sonidos más contemporáneos, como La Calle Morgue, que toca death rock o horror punk. Sus letras se inspiran en películas de terror. Rotten Project y Hemofilia se especializan en cyber goth o electrodark, un subgénero que usa un sonido electrónico y temáticas cercanas al erotismo y a los tabúes sexuales (sadomasoquismo). Escarlathia toca dark ambient, una fusión ecléctica, con una instrumentación compleja y un sonido depresivo que pasa por la música medieval, clásica, gregoriana y electrónica. Cada actuación es un performance que recrea leyendas y mitos, por medio de teatro y danza. Aunque tocan en conciertos y festivales con bandas de otros géneros, su encuentro más importante es el Goth Valley, organizado por Suárez. Se realiza en Quito desde el 2005. La edición más concurrida contó con cerca de 800 asistentes. En Guayaquil hay un bar dedicado a las fiestas góticas, el Soho. Y, en Cuenca, El Prohibido Centro Cultural. En el Goth Valley, además de conciertos, se realizó una pasarela de moda, con las creaciones de Monique Quimbiurco. Las ropas góticas se destacan por imitar modelos de la época victoriana. En Quito, las tiendas Marca Calavera y Cry Baby tienen trajes de este estilo. Además hay una tienda on-line: Gothi- K’s. Trae, por catálogo, prendas de la marca Demon Lover, de Argentina. En la parte literaria sus referentes nacionales son Pablo Palacio, Medardo Ángel Silva y otros de los poetas de la generación de los decapitados. Uno de los escritores góticos más conocidos es Diego Riofrío, en el medio le consideran el 'quinto decapitado'. Su éxito se debe a que trabaja con leyendas latinoamericanas: la Llorona, el Cura sin cabeza, Casa 1028... En la plástica, se inspiran en los diseños que H.G. Giger ha creado para películas de ficción, como Alien y Especies. El cuencano Eduardo Moscoso, propietario de El Prohibido, hace esculturas y pinturas con personajes y situaciones sobrenaturales. Los góticos tienen un cine club: Vampiria Dark Club, en el sur de Quito. Allí se proyectan películas de terror y cine V. La mayoría de los encuentros góticos se difunde por la red. Además, varios integrantes del movimiento tienen blogs y las bandas, páginas de My Space para difundir su música. Sí, los góticos, igual que otras corrientes underground son contestatarios o, como explica Pablo Ayala, su actitud "es un sentido de irreverencia ante una sociedad obsoleta en cuanto a éticas y estéticas nuevas". No todos asumen lo gótico como un pensamiento maduro. Suárez afirma que hay chicos que lo padecen en vez de disfrutar un estilo de vida y enriquecer sus conocimientos. Y este desencuentro es una mecha, como dice Ayala, para una sociedad que aún "se asusta ante el otro, ante el distinto y no puede ver las diferencias sin temor". Por ello, la tragedia del sábado 19 de abril también desnudó las taras, mediáticas y sociales, que reducen un universo cargado de símbolos de impugnación al cliché del rockero violento. |








