INICIO arrow REVISTA VANGUARDIA arrow ¿Sólo valen los derechos de los cortesanos...? arrow arrow arrow
¿Sólo valen los derechos de los cortesanos...? PDF Imprimir E-Mail
José Hernández   
martes, 29 de abril de 2008

El régimen, basado en su popularidad, encuentra imposible y hasta inverosímil, procesar los pocos discursos contrarios al suyo.Image

 

 El Gobierno aún no da señales de entender hasta qué punto le hace falta una oposición política. ¿Cómo pudiera percatarse de aquello si el grado de devoción y lambonería alrededor del Presidente desafían cualquier lógica? No hay oposición. En cambio hay evidencias de que resulta imposible y hasta inverosímil para el régimen, procesar las exiguas muestras de discursos contrarios al suyo.

Hace un año, cuando planteó un juicio al Presidente de diario La Hora, por un editorial, se pensó —muchos de su entorno pensaron— que era un ex abrupto del Presidente. Un signo de inmadurez debido a su falta de fogueo político.

Una bravata destinada a ser archivada por cualquier fiscal con dos gramos de formación democrática. Pero no. El régimen reincide. Con su presión o sin ella, la Fiscalía desempolvó el caso. Y eso sólo quiere decir una cosa: el régimen, lejos de madurar en ese proceso complejo de gobernar y convivir con las oposiciones, se acostumbró a vivir sin ellas y a tener organismos de control obsecuentes. En un año y galvanizado por sondeos mayoritariamente favorables, el gobierno ha logrado proezas mayores: acabar, por ejemplo, con gran parte del espíritu crítico que había en algunos centros académicos. Y convertir a parte de los intelectuales en funcionarios funcionales a su estrategia. Y a su visión.

Bajo su influjo, ha decrecido el pensamiento autónomo en el país. Y eso se ve en el maniqueísmo apabullante con el cual se analizan las escasas muestras de oposición. ¿Qué intelectual y demócrata sincero hubiera tolerado a Febres Cordero tratar a un opositor como lo está haciendo este régimen con Diego Ordóñez? ¿Puede un demócrata, por baja estima que le tenga a la derecha, concebir que una Fiscalía investigue a un político bajo cargos tan deleznables, política y jurídicamente, como los que le endosan al presidente de la Unión Demócrata Cristiana? En la época aciaga del anterior dueño del país eso hubiera sido un escándalo. El gobierno y los intelectuales funcionales han logrado anclar la idea de que la oposición, para ser respetada, tiene que caer bien o ser políticamente correcta, en sus críticas y en sus prácticas. Y que si no lo es, como ocurre con Gilmar Gutiérrez y Fausto Lupera, pueden ser declarados traidores a la patria. ¿Por qué no desterrados para volver a los buenos viejos tiempos tan añorados por los dictadores? Ahora, claro, es más antipatriótico, a los ojos de personas como María Augusta Calle, formular preguntas o investigar, que hacerse fotografiar con guerrilleros u organizar encuentros con los amigos y colaboradores de las FARC.

El gobierno se justifica, como lo ha hecho el Presidente, tras una supuesta indignación por el hecho de que, luego del ataque de Colombia, algunos han hecho coro con el presidente Uribe.

La indignación puede ser legítima. Pero no es —nunca será— un parapeto para judicializar la vida política. Ningún arrebato puede solapar los derechos que tiene la oposición para hacer su trabajo. No se trata, pues, de defender a la Democracia Cristiana o a Sociedad Patriótica por lo que son. O por lo que hacen. Se trata de defender un marco institucional, un principio que ningún régimen, por popular que sea, puede avasallar. La defensa de la libertad no puede ser hemipléjica. Y es así como la están entendiendo algunos intelectuales que antes protestaban y firmaban manifiestos contra Febres Cordero. Al parecer no les interesaba defender principios: era el personaje lo que les mortificaba.

El absurdo juicio contra La Hora, la judicialización del caso Ordóñez, la permanencia de Alfredo Vera en su cargo tras sus amenazas contra los medios, la inquisición propuesta por María Augusta Calle y Paco Velasco… Todo ello, ¿no es volver a la época aciaga de Febres Cordero en materia de libertades públicas? ¿Acaso en esa época no había un régimen todopoderoso, que en vez de corregir perseveraba, con fiscal pana y a su medida y, además, organismos de control ciegos y mudos? El régimen cree que en frente sólo debe tener cortesanos. Y eso, a la larga, es militar por su propia aniquilación.