La crítica del régimen a lo que llamó la larga noche neoliberal, puso sobre la mesa, otra vez, algunas afirmaciones que circulan en el país y cuya validez bien merece un profundo análisis. ¿Qué dice Carolina Reed, presidenta ejecutiva de la empresa Habitus, especializada en investigaciones de mercado? En un estudio de diez temas hecho para Vanguardia, ella demuestra que, tras muchas aseveraciones corrientes en el país, hay mitos que no encuentran eco en las estadísticas ni en las encuestas de opinión.
1. La pobreza en el país aumenta cada día más Cada día estamos más pobres: la mayor parte de ecuatorianos opina que esta afirmación, que se escucha con frecuencia, es indiscutible. ¿Es esto cierto? No, según los datos de las Encuestas de Condiciones de Vida realizadas por el INEC. La incidencia de la pobreza de consumo; es decir, el porcentaje de personas que no pueden satisfacer sus necesidades básicas de alimentación y vivienda, es ahora menor que en 1999, el peor año de la crisis económica reciente, y similar a la de 1995. Según esta fuente de estadísticas oficiales, la pobreza ha disminuido en los últimos ocho años de 52% a 38%; eso significaría que regresó al nivel de 1995.
Sin embargo, la pobreza ha evolucionado de manera distinta en las regiones del país. En 1995, la Sierra era 6 puntos más pobre que la Costa. La crisis de 1999 tuvo un efecto empobrecedor mayor en la Costa que en la Sierra: la pobreza aumentó de 36% en 1995 a 53% en 1999. Si bien las provincias costeñas se han recuperado en los últimos años, ahora la incidencia de la pobreza en la Costa es 6 puntos mayor que en la Sierra (40% vs. 34%).
Estos datos muestran una década perdida en cuanto a la reducción de la pobreza. Haber regresado al nivel de 1995, quiere decir que 4 de cada 10 ecuatorianos no pueden satisfacer sus necesidades básicas.
2. En Ecuador hay mucha desigualdad Los promedios de los indicadores económicos y sociales pueden esconder realidades importantes. Se sabe que el Ecuador es un país pobre, pero ¿cómo está distribuida esa pobreza? ¿Es homogénea o existen zonas donde hay más pobreza que en otras? Los datos más recientes sobre el desarrollo social muestran una primera diferencia: en el 2006, la incidencia de la pobreza de consumo en las zonas rurales era más del doble que en las urbanas (62% y 25%, respectivamente).
Una medida para comparar el desarrollo de distintos territorios es el Índice de Desarrollo Humano (IDH), calculado anualmente por las Naciones Unidas para todos los países del mundo. Esta medida resume los cambios anuales en tres dimensiones: la economía, la educación y la salud.
Los resultados muestran que sólo tres provincias –Pichincha, Guayas y Azuay— alcanzan una puntuación mayor a 0,7 o más sobre un máximo de 1. Se trata de diferencias importantes en la capacidad para asegurar un nivel de vida digno. Por ejemplo, la diferencia en desarrollo humano entre Chimborazo y Pichincha es similar a la que, hacia el 2002, existía entre el Ecuador y Corea.
3. Antes las personas vivían más y mejor Con frecuencia se escucha decir que los abuelos 'vivían más tiempo' y que 'su salud era mejor'. Se atribuye esta supuesta longevidad a la mejor alimentación del pasado o a la ausencia de las tensiones y sufrimientos de las sociedades actuales. ¿Es esto cierto? Los datos sobre las tendencias demográficas demuestran lo contrario. La esperanza de vida de la población ha aumentado sostenidamente. En promedio, un ecuatoriano que nace ahora puede esperar vivir 74 años.
Hace 50 años, la esperanza de vida llegaba apenas a 48 años.
Existen, obviamente, diferencias: las probabilidades de vivir más largo son mayors en las ciudades que en el campo, mayores para las mujeres que para los hombres y mayores entre las personas con personas con más recursos que entre los pobres. El mayor acceso de todos los estratos socials al sistema de salud, los avances en la medicina y la mejora en las condiciones de vida explican que los ecuatorianos vivan más. Hasta la década de 1990 –apenas 15 años atrás- la mayoría de muertes (muchas prematuras) se debían a causas, como infecciones intestinales y respiratorias. 4. El Ecuador es un país rural El primer censo nacional fue realizado por el gobierno de Galo Plaza en 1950. Los datos retrataron a un país predominantemente rural: apenas el 29% vivía en las zonas urbanas y el 71% en el resto de asentamientos o áreas dispersas del campo. En aquellos tiempos, la mayoría de la fuerza de trabajo (53%) se dedicaba a la agricultura o pesca. Desde entonces, la realidad demográfica y económica no ha dejado de cambiar, pero, para muchos, el Ecuador sigue siendo un país rural. ¿Es así? La respuesta depende de la definición que se use.
Oficialmente se consideran urbanas a las cabeceras cantonales independientemente de su tamaño. Bajo este criterio no ha dejado de cambiar, pero, para muchos, el Ecuador sigue siendo un país rural. ¿Es así? La respuesta depende de la definición que se use.
Oficialmente se consideran en 1982 se dio el cambio de una mayoría rural a una mayoría urbana. Con esta definición, según el censo del 2001, el 39% de ecuatorianos vivía en áreas rurales. Si se acepta otro criterio, también utilizado en el país, que considera que un asentamiento de 5 000 ó más habitantes es urbano, apenas el 22% de la población sería rural. Pero si se sigue el criterio que propone el sociólogo Manuel Chiriboga —definir como urbanos a los centros con al menos 50 000 habitantes y una densidad mínima— la población urbana llegaría sólo al 46%. Lo innegable es que los ecuatorianos continúan concentrándose en las ciudades y que, a pesar de actitudes y estilos de vida ligados al campo, adquieren cada vez más una cultura nacional de corte urbano. Por ejemplo, la televisión y los productos de consumo masivo.
5. El Ecuador va de mal en peor En la última campaña electoral se insistió en que el país estaba cada día peor. De hecho, cuando el Ministerio de Planificación y el INEC revelaron que, según las Encuestas de condiciones de vida, la pobreza se redujo, la ciudadanía se mostró incrédula. Según un informe de Habitus, no sólo que cerca de la mitad de quiteños y guayaquileños estaba convencida de que la pobreza aumentó en los últimos siete años, sino que 8 de cada 10 expresaron dudas sobre los datos del INEC.
Éste amplió su producción de cifras en la última década.
Actualmente, el Instituto produce indicadores que pueden mostrar, de un año a otro, el deterioro o mejoramiento de las condiciones de vida. Por ejemplo: La salud y la escolarización de la niñez varían según la capacidad económica de los hogares. Si existe deterioro- más pobreza, más desempleo, menos gasto público— es altamente probable que más niños mueran por causas evitables, que aumente el riesgo de desnutrición y que muchos niños y niñas abandonen sus estudios. ¿Es éste el caso? No.
Los tres indicadores muestran mejoras sostenidas desde el año 2000. Primero, la proporción de niños y niñas menores de 5 años que sufren desnutrición crónica o sostenida bajó del 27%, a inicios de la década, al 17% en el 2006. Segundo, la probabilidad de muerte antes de cumplir un año cayó de 20 a 15 por cada 1000 nacimientos en el mismo período. Finalmente, la proporción de niños y niñas de 5 a 14 años de edad que no asisten a la educación básica bajó de 10% al 7% entre el 2003 y el 2007.
Las tres mejoras se explican por la reducción de la pobreza y una mejor cobertura de los servicios básicos de salud y educación.
6. Los ecuatorianos son pesimistas Los medios de comunicación muestran con frecuencia el pesimismo de los ecuatorianos 'todo va mal'. El discurso negativo ha sido, además, una de las estrategias de los políticos para comunicarse con la ciudadanía.
¿Cuán real es este pesimismo? En este caso, es necesario recurrir a indicadores subjetivos o de percepción. Uno de ellos es la serie de índices de confianza ciudadana Quantum-Habitus.
Esta serie registra cada mes la opinión de los quiteños y guayaquileños sobre la economía, la política y su bienestar personal.
Los resultados de los últimos seis años muestran que cuando se trata de lo público, domina el pesimismo y la desconfianza. El 'Índice de confianza en las instituciones estatales es el más bajo de la serie de medidas: 31 sobre 100 puntos (o total confianza) de promedio en los 75 meses de medición. Esto significa que la gran mayoría desconfía de los tres poderes del Estado, las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional.
En contraste, cuando se trata de las dimensiones más personales, como la satisfacción con la calidad de vida o el orgullo sobre el país, la mayoría de quiteños y guayaquileños tiende a ser optimistas: 56 puntos sobre 100, en promedio. Es más, el optimismo ha aumentado en lo que va de la década. El 'Índice de optimismo ciudadano' es el único de la serie que muestra una tendencia sostenida y positiva desde el 2002.
7. Los medios no tienen credibilidad El discurso político actual cuestiona permanentemente la credibilidad de los medios privados de comunicación. ¿Qué opina la gente? Gran parte de los quiteños y guayaquileños no están de acuerdo. Es más, según una encuesta reciente, la credibilidad de los medios de comunicación es, por ejemplo, mayor a la que tiene la Asamblea.
Cerca de la tercera parte de los quiteños y guayaquileños manifiesta alta confianza en los diarios, canales de Tv. y radiodifusoras privadas en general. Pero la confianza aumenta notablemente cuando se trata de medios con nombre y apellido; asimismo, el origen regional aumenta la confianza.
Por ejemplo, 6 de cada 10 quiteños confía mucho en El Comercio y un número igual de guayaquileños en El Universo. En promedio, ambos medios generan alta confianza en cerca del 50% de los mayores de 18 años. En la televisión sucede lo mismo: la alta confianza en Teleamazonas o Ecuavisa supera ampliamente el 50% en las dos ciudades, si bien tiende a ser mayor en Guayaquil.
En contraste, a pesar de la aprobación que goza el Presidente, la población no comparte su entusiasmo por los medios públicos. El diario estatal (El Telégrafo) y el recién estrenado canal público generan confianza en una proporción de ciudadanos notablemente menor (cerca de 30%).
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