REVISTA VANGUARDIA
El arma de la orfandad
| El arma de la orfandad |
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| Revista Vanguardia | |
| martes, 06 de mayo de 2008 | |
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El fenómeno Correa sigue. Las cifras de aceptación varían poco a pesar de errores y exabruptos. Vanguardia analiza los secretos de la relación presidencial con la opinión. Rafael Correa, 16 meses después de estar en el poder, sigue gozando de cifras altas de aceptación en la opinión. En su caso se puede hablar de un fenómeno político, que sigue siendo inexplicado. Políticos, analistas y encuestólogos han hablado de la debacle de los partidos, de la retórica presidencial, de la chequera generosa de la que dispone para políticas populistas, de la campaña política permanente, del apoyo indirecto dado por Álvaro Uribe al haber atacado una base de las FARC en Ecuador... Todo esto interviene pero no explica enteramente la coraza de teflón que protege al Presidente de la República. Lo preserva, en particular, de sus propios errores, exabruptos, equivocaciones y de las de sus colaboradores y coidearios. ¿Qué ocurre entre la opinión y el Presidente? ¿Por qué, a pesar de que el cambio sigue siendo, en muchos planos, una mera utopía, las cifras de popularidad y gestión, siguen siendo favorables? Con el apoyo de especialistas en sicología, publicidad y sondeos, Vanguardia aporta cinco respuestas: el miedo a equivocarse de los electores. La orfandad y vacío político en la cual se encuentra el país. La existencia de una economía irreal. La imagen multiplicada del Presidente y la ausencia de una cosmovisión alternativa. EL MIEDO El síndrome de no equivocarse de nuevo La elección de Rafael Correa llegó después de tres ensayos fallidos: Bucaram, Mahuad y Gutiérrez. Eso marcó al electorado. Volvió a ensayar, pero esta vez el perfil escogido clausuró algunas puertas: los viejos partidos. La vieja clase política. Las mal llamadas élites. El país votó por un cambio. Por nuevas figuras. Los índices de optimismo subieron. El Presidente habló de ruptura pero, al mismo tiempo de reinstitucionalizar al país, de darle estabilidad. El electorado se jugó, apostó todo, cerró los ojos ante evidentes violaciones institucionales y le extendió un pasaporte de plenos poderes a la Asamblea propuesta por el Presidente. Pues bien: ese electorado, es hoy rehén de sus opciones. El cambio sólo ha sido visto por las franjas beneficiadas directamente por bonos y subsidios. En otras capas, como se ve en los sondeos de Informe Confidencial (ver más adelante), se sabe que se enterró el pasado. Pero aún no se ve el cambio. La preocupación no está en la calle, sino en los hogares, según muestra un estudio cualitativo hecho en Quito, también por la misma encuestadora. La confianza no se pierde pero se tamiza. El cambio es una promesa que impide mirar hacia atrás o pretender volver al pasado. Correa sabe que ese electorado, que suma alrededor de 70 por ciento, sufre de un síndrome inconfensable: el temor de haberse equivocado otra vez. Por eso 'como si se tratara de una poción mágica que lo dopa' el país sigue aferrado al candidato ganador y a su movimiento. Eso lleva a alargar los plazos, a no hacerse preguntas, a no pedir cuentas, a perdonar al Presidente por sus exabruptos... El electorado esta vez sí pone de su lado, como nunca antes en la historia democrática del país, para que sus expectativas se hagan realidad. Correa también es rehén de su invento. Y de su popularidad. A tal punto que su gobierno, en vez de decidir, pospone o, simplemente, los resuelve salomónicamente. Eso explica la salida ecuménica que se produjo sobre el tema Dios- Gays-Aborto que lo opuso a la tendencia más retardataria de Alianza País. Igual parálisis se nota en temas como la regionalización, los transportistas, la guerra taxis amarillos/taxis ejecutivos, la pesca incidental, el traslado de las políticas forestales a manos del Ministerio de Agricultura, la disputa con las empresas madereras... El Presidente del cambio patea muchos balones hacia delante. También él espera el fin de la Asamblea, el plebiscito sobre la Constitución y las elecciones que le den más tiempo y más poder. Esa expectativa no sólo le da oxígeno y tiempo: le asegura paz social y un apoyo inquieto pero todavía incondicional de la ciudadanía. Los electores no es que sean ciegos y sordos: simplemente no saben cómo escapar a un síndrome que les recuerda que, durante una década, el país fue a la deriva con su apoyo en las urnas. Ahora acarician en secreto el deseo de no volverse a equivocar. LA ECONOMÍA La irrealidad provocada por la burbuja petrolera El bienestar económico actúa a favor del régimen. Esto le permitió, desde la campaña, plantear debates ideológicos que, en momentos de crisis económica, resultan impensables. De hecho, los altos precios del petróleo y de las materias primas convierten a Ecuador en uno de los ganadores de una situación atípica en el ámbito internacional. Eso, agregado a las remesas y al dinero, incuantificable pero real del narcotráfico que circula en la economía, contribuye para que el país viva una suerte de irrealidad económica. Es la ficción de los setenta que vuelve. El maná petrolero alimenta así la chequera del Gobierno y permite que el gasto que da votos se dispare sin peligro, por ahora, de sobregirarse. Las cifras de la economía real dicen que el crecimiento no superó el 1,8 por ciento, en el 2007, y que no hay generación de nuevas fuentes de empleo en los sectores formales. El costo aún no lo ve la población porque el gobierno ha respondido con más subsidios y microcréditos: el bono de Desarrollo Humano que reciben alrededor de 1 300 000 personas. La distribución de la úrea a los pequeños productores. La energía eléctrica que fija el valor del kw/hora en 4 centavos para las familias que consumen menos de 130 Kilovatios en la Costa y de 100 kilovatios en la Sierra. El bono de la vivienda (3 600 dólares en el primer caso y 1 000 dólares en el segundo) que hasta ahora ha beneficiado a más de 46 000 personas. El subsidio a la harina, a los transportistas, a los taxis... Se suma el monto que el Ministerio de Finanzas destina al subsidio de los combustibles. Éste alcanzó, en la Pro forma del 2008, 2 937 millones de dólares. Resultado: los precios de los derivados se mantienen a niveles muy por debajo de los que se encuentran en otras economías no petroleras. Mientras en Ecuador el galón de gasolina extra cuesta 1,45 dólares y el de súper 1,94 dólares, en Costa Rica, por ejemplo, valen 3,47 dólares y 3,64 dólares respectivamente. Algo similar ocurre en El Salvador, donde los precios llegan a 2,93 dólares en el primer caso y a 3,25 dólares en el segundo. A pesar de que estos países están creciendo con tasas del 7 por ciento y del 4,5 por ciento, los altos precios de los combustibles ya les está pasando la factura. El déficit comercial de Costa Rica alcanza 3 816 millones de dólares y el de El Salvador 4 493 millones de dólares. Gran parte de ese resultado se debe a las importaciones petroleras que superan los mil millones de dólares en ambos casos. Ecuador, en cambio, tiene un saldo positivo en su balanza comercial. Aunque la importación de derivados representa 2 606 millones de dólares, por la exportación de crudo recibe 7 428 millones de dólares. La incorporación de los fondos petroleros al presupuesto le permite al Gobierno avanzar en sus planes de expansión del gasto. Ahora apunta al crecimiento y a la generación de empleo, basados en la obra pública ejecutada, principalmente, mediante decretos de emergencia. De esa forma, se estimó que el 2007 las cuentas cerrarían con una inversión de alrededor de 3 700 millones de dólares, equivalente al 8,4 por ciento del PIB. Ese presupuesto llevó al Banco Central a fijar una estimación de crecimiento del 2,6 por ciento. Pero la falta de gestión conspiró contra esa meta. Cerca de la mitad de los recursos entregados para las emergencias fueron devueltos al Ministerio de Finanzas. Más allá de las cifras, esta política es cuestionable. Primero, porque es insostenible en el tiempo y, segundo, porque el incremento del gasto, en la magnitud y en la forma que se está dando, está lastimando la economía real. El precio del petróleo es irreal y la especulación que se está dando en el ámbito mundial ha producido una burbuja que, en el momento que explote, alterará, por la presión del gasto, el equilibrio fiscal. Las remesas también ayudan. Y ponen su cuota de irrealidad a la economía nacional. Al año miles de ecuatorianos reciben alrededor de 3 000 millones de dólares que circulan a manera de consumo. Esto explica, en parte, el crecimiento del gasto de los hogares que el Banco Central estimó en 6% en el 2007. ¿Pesa el dinero del narcotráfico del cual se habla y contra el que se toman medidas pero cuyo monto sigue siendo impreciso? Sin duda. Pero es el boom petrolero el que, sin duda, sostiene este ambiente, relativo, es verdad, pero innegable, de bienestar económico en el cual se apoya el régimen para perseverar en una campaña electoral sin límites. LA IMAGEN El arte de repetirse y estar en todas partes El teflón es una realidad: lo admite Santiago Nieto, director de Informe Confidencial. Lo es a pesar de que él ve un ligero desgaste de Rafael Correa, más pronunciado en Guayaquil pero también perceptible en Quito. Y da cifras: de enero a abril la imagen del Presidente ha pasado, en Guayaquil, de 64 positivas a 57 y sus negativas han subido de 31 a 39. En Quito no se mueve y tiene 73 positivas contra 23 negativas. En el capítulo “aprueba o desaprueba su gestión” en Guayaquil cayó, según la encuestadora Informe Confidencial, de 61 a 49 y de 36 sus negativas llegaron a 48. En Quito bajó de 72 a 63 y aquellos que desaprueban la gestión suman hoy 35 contra 25 en enero. La credibilidad del Presidente de la República es de 46 en Guayaquil y tiene 60 en Quito. ¿Por qué el teflón? En principio, Santiago Nieto ve tres razones: la clase media puede aún pagar y aquellos, más pobres, que no pueden, están siendo atendidos con bonos y otras ayudas. Por ello, los efectos de la economía los ve a mediano plazo. Segunda: Correa no ha dejado de ser una suerte de anti candidato que denuncia, rechaza, habla por los marginados y se opone al establecimiento. ¨De candidato de la esperanza, pasó a ser candidato de la venganza¨. Esto se ve en las cifras de los sondeos pues, según él, un ponderado entre Guayaquil y Quito dice que sólo el 16% cree que la economía estará mejor este año. 48% cree que estará igual y peor un 41%. A pesar de esto, Rafael Correa sigue siendo “el bueno de la película”. Tres: él asegura un cambio generacional y, en ese sentido, cerró una puerta y abrió otra. Santiago Pérez, cuyos sondeos son esenciales para el gobierno, mira las cifras altas del Presidente desde otra perspectiva. De hecho acuñó el término “elasticidad” para dar cuenta del comportamiento de la opinión ante el Presidente. “En la medida que el hombre siga siendo lo que fue, siga manteniendo en la médula las condiciones intrínsecas que generaron su popularidad o buena imagen, las cosas que pasen alrededor pueden ser soportadas, toleradas o perdonadas”. ¿Cuáles son los atributos que construyen esa suerte de capa de teflón? “Franco, directo, valiente, preparado y honesto”. Eso es lo que Correa trans mite a través de los medios de comunicación. En ese plano, él rompió viejos moldes de políticos que jugaban a aparentar lo que no eran. El manejo de su imagen está dirigido, entonces, a mostrar que él no ha cambiado, no se ha vendido, no ha traicionado y no ha claudicado. La autenticidad produce. Santiago Pérez no avizora, entonces, que la opinión pueda pasar factura al Presidente. Lo atribuye a un acumulado de madurez política cuyo sentido y dirección es el cambio. “En la medida que Correa siga dando muestras, con sus acciones y actitudes, de estar tocando los intereses antes sagrados de las élites, seguirá teniendo ese respaldo”. Y cuando, en los sondeos pregunta por qué le apoyan a pesar de sus equivocaciones, la respuesta es similar: es honesto, joven y sigue siendo fiel a sus principios. Correa es, a sus ojos, el vehículo de ese cambio. En sus cifras, siempre se regresa al mismo andarivel: 70 por ciento de apoyo y 25 ó 30 por ciento de rechazo. Sociológicamente, él ve cuatro grupos: uno mayoritario que cree que Correa representa el cambio positivo. Un grupo reducido que se opone a todo cambio. Un grupo de clase media abierto al cambio pero preocupado por sus características y con influencia en los medios. Y un grupo completamente desintegrado, muy pobre, sin esperanza, con un nivel de instrucción bajísimo al que no se llega con medios de comunicación y que vive en los cinturones de miseria principalmente, de Quito y Guayaquil. Con esa descripción, Vinicio Alvarado va a concluir que Rafael Correa tiene aún cómo crecer hacia abajo. LA COSMOVISIÓN La piedra filosofal que no tiene la oposición Rafael Correa no era un cuarto de hora, como se pensó, tras su victoria, en algunos círculos de poder. Su caso nada tenía que ver con Abdalá Bucaram o con Lucio Gutiérrez. Su triunfo juntó un amplio espectro que va desde el centro derecho hasta la extrema izquierda. Allí se han dado cita franjas políticas que durante los últimos 30 años, han manejado cosmovisiones que se oponían al statu quo. Correa los unió bajo el mismo paraguas y su gran habilidad ha sido tapar las contradicciones internas; irreconciliables en algunos casos. ¿Cómo la ha hecho? “El Presidente establece un discurso de ruptura entre una cotidianidad negativa: la larga y triste noche neoliberal, y una positiva que se reinstaura a partir de su elección: la Patria ya es de todos —dice Diego Gómez, semiólogo y publicista—. Este relato se cumple en un modelo básico: el héroe es él y los ciudadanos son sus donantes; el antihéroe es la partidocracia y sus cómplices los pelucones”. Dentro de ese maniqueísmo, los que se oponen a Correa pierden porque no tienen una cosmovisión alternativa. Ese maniqueísmo no ayuda solamente a dividir las aguas. Pone al Presidente a buen recaudo del desgaste que conlleva el ejercicio del poder. Lo vuelve inmune. Las dinámicas del poder devienen, entonces, en lo que son actualmente: cuestiones de fe. El electorado ha mitificado al hombre que representó la esperanza, la ruptura con el pasado. ¿Por qué esa izquierda que está en el poder reemplazó la reflexión por las consignas y el debate por el autoconvencimiento? Es ahí donde se extraña la labor de la Academia. Parte de ella ha sido asimilada por el Régimen. Herederos de la izquierda, esos intelectuales son hoy funcionales a un proyecto cuyos contornos siguen siendo difusos precisamente por ausencia de confrontación de ideas. Lo cierto es que el Régimen tampoco necesita a una academia crítica. Por eso ha convertido intelectuales en funcionarios o hábilmente ha creado mecanismos (asesorías, comisiones, representaciones...) que paralizan su capacidad para disentir. Correa tiene un aparato intelectual también a su servicio. LA ORFANDAD Correa se muestra como una madre La sensibilidad social y la cultura política de los ecuatorianos se asienta en una matriz mariolátrica, dice el sicólogo Francisco Peralta. ¿Es decir? “Correa construye la figura de la madre en un pueblo con mamitis”. Ya no sólo cuenta la imagen del padre a quien los hijos delegan el curso de sus vidas. En este punto de inflexión pesa más el sentido de la madre por los dispositivos emotivos y cotidianos que el Presidente activa para establecer seguridad en la población. “Se muestra como quien cuida tu vida, como una madre”. Y la madre, en ese contexto, es el ícono de quien suscita un proyecto colectivo de construcción social, pero detentado, al final de cuentas, por ella. Rafael Correa opera un nuevo lenguaje donde retóricamente apela a la imagen del ciudadano como responsable del proyecto de país. Esa es la revolución ciudadana. “Así logra un colchón simbólico y político”, dice Francisco Peralta, para desmovilizar a los grupos corporativos del país sin que exista confrontación social. El Presidente establece una nueva categoría de relación social: la intersubjetividad. “La gente ya no necesita ser escuchada por el líder porque el líder ya leyó todos los vacíos de la gente”. Esta nueva delegación se refuerza por el vacío que el mismo régimen creó al quedarse sin oposición. Y Rafael Correa lo fortalece marginando, menguando o persiguiendo las voces críticas. En ese desierto político, el Presidente toma vuelo y en razón del arquetipo del maestro se legitima síquica y socialmente. “En nuestro imaginario –recuerda el sicólogo– los personajes más importantes del pueblo son el cura y el profesor. Por ese motivo, Correa siempre dice: "yo soy académico”. ¿Qué busca? Que la sociedad, además de seguridad, experimente confianza y certeza en el líder. Estudios cualitativos en Quito — uno hecho por Informe Confidencial — dan cuenta de que bajo este régimen se ha producido una suerte de complejo de orfandad que se traduce en la fórmula: ¿Si no es Correa, quién? Lo mismo hizo De Gaulle, en su momento, en Francia. La misma estrategia ha seguido Álvaro Uribe en Colombia. En esa disyuntiva se basará el Presidente de la República — en forma directa o subliminal — para lograr amplio apoyo en el plebiscito sobre la Constitución que saldrá de Ciudad Alfaro. Para la gente, el complejo de orfandad se traducirá en otra pregunta que parece sacada de la dramaturgia griega: ¿Si pierde Correa, qué pasará en el país? Esta variable sicológica, que contiene una alta dosis de angustia y desasosiego, es una arma política que no tardará en exhibir el poder. |








