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Año de edificios para la memoria PDF Imprimir E-Mail
Revista Vanguardia   
martes, 13 de mayo de 2008

Galo Mora ancla su plana ediciones y sedes culturales. Su plan reivindica la tradición.

 

Galo Mora pisa el acelerador de la gestión, no el de los conceptos. Así en dos meses de funciones ha puesto énfasis en corregir “problemas administrativos” del ciclo de Preciado, para reafirmar una cartera que, dice, “imbricará memoria y contracultura”.

Con ese norte, su agenda inmediata pasa por campañas e infraestructura. Y en sus tiempos, el Bicentenario del grito independentista es hito para proyectos editoriales y caravanas. En el primero rubro, Cultura prevé un consorcio editorial entre diario El Telégrafo, la Campaña Eugenio Espejo por el Libro y la Lectura, Eskéletra y El Conejo. El fin es la edición de textos clave: 22 títulos distribuidos hasta noviembre cuya circulación se iniciará el 22 de junio con La hoguera bárbara, de Alfredo Pareja.

Asimismo, otros sellos participarán en coediciones para publicar los textos de los fondos concursables. Báez Editores, Paradiso y Abya Yala están inscritas en este programa.

Y para acoger otras narrativas, Javier Vásconez echará una mano para introducir a autores contemporáneos en las librerías de Madrid, Barcelona y Sevilla. Las paradas del 2009 serán México y Buenos Aires.

En este énfasis de difusión, la Secretaría también inscribe a la creación musical. Entonces, se lanzará un programa de discos genéricos, lo que “supone romper esquemas predeterminados, dice Mora, como el de copyright”. El Gobierno, mediante premio concursable, apoyará la grabación y la comercialización de placas, en un plan que vaya más allá de Quito y de Guayaquil. De hecho, la cartera quiere otear el país. Así impulsará, por ejemplo, la construcción del Centro Nacional de Musicología en Loja, el Instituto Nacional de Marimba en Esmeraldas, un nuevo Teatro Nacional en Portoviejo, entre otros espacios.

Este rastreo del Ecuador tendrá, además, fiesta propia: las Caravanas del Bicentenario por 790 parroquias en el ámbito nacional. “No van seis artistas consagrados a darse una vueltita, dice Galo Mora, sino que se levanta una cartografía artística de cada sector”.

En el Ministerio de Cultura se sinceran: hasta el 2009 la gestión tendrá un eje: la reafirmación de la memoria. Por ello, en el próximo año, el colofón de ese proceso será la construcción, en la capital, del Centro Nacional de la Memoria, para custodiar y poner en valor el material incunable de bibliotecas, hemerotecas, archivos, tanto para el patrimonio tangible como el intangible.

¿Y la contemporaneidad? Mora se toma su tiempo y patea para el 2010 esa deuda pendiente en un país que, culturalmente, se estancó en los 60. Hasta que llegue el día, en la cartera se trabajará en la edición de libros de lujo para abordar la obra de los artistas plásticos Camilo Egas, Manuel Rendón Seminario, César Andrade Faini, Enrique Tábara...

Y bajo la noción de reencuentros, planteada por el Ministro, la galería Juan Villafuerte de la entidad acogerá muestras dobles: antológicas de los grandes maestros junto a la inicial de un estudiante de cuarto año de artes escogido por sus compañeros. ¿Con qué conceptos y procesos curatoriales? El Ministro no responde.

Para hacer promesas, Galo Mora asume los desaciertos de la gestión anterior y se reconoce orgulloso de haber pasado de una evaluación gubernamental de 2/15 a una de 15/15. Dice que ha tenido que cambiar funcionarios en razón del “vanguardismo” de su proyecto. Además, adelanta los ejes del Sistema Nacional de Cultura lejos de un cariz concentrador. En esa línea avanza el proceso de sinergia con el BCE. Y da un mensaje a la Casa de la Cultura Ecuatoriana: quiere una entidad independiente, no autónoma, que “cons-truya espacios donde los creadores también sean objetados, mirados, en una rendición de cuentas social, no sólo desde la económica de Contraloría”. A esta ruta Galo Mora llega con ideas de los 60. Con las tesis de la generación de las utopías nacionalistas.