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La televisión tampoco apuesta por las ideas PDF Imprimir E-Mail
José Hernández   
martes, 20 de mayo de 2008
Montecristi y el bajo nivel que se observa en la Asamblea también son el reflejo de los pocos debates que hay en el país sobre lo público.

El ángel justiciero: eso parece ser Rafael Correa para amplias Franjas de la sociedad. Y si eso es verdad, hay realidades que el país no se ha dicho y que pueden seguir pasando inadvertidas. No hay masa crítica, o muy poca, en una opinión que, en vez de dilucidar conscientemente los problemas, convierte la escena pública en puja de mentiras. O mitos.

¿Qué refleja esto? Un enorme déficit de debates de fondo. Y si no los hay, la Tv —no únicamente pero particularmente ella— tiene una responsabilidad innegable. La Tv nacional tiene horror de los debates. Los estigmatizó y como no los puede soportar, los arrumó en canales que nadie ve. O en horas que dan vergüenza ajena.

Así las cosas, el debate sobre los debates queda limitado a preguntas para niños de guardería: ¿a quién le interesan los debates? Respuesta: a muy poca gente.

Pregunta de quien respondió: si los debates son vistos por poca gente, ¿por qué deben programarse en la semana y en horarios triple A? No más preguntas. No es posible, entonces, hacer un debate sobre esos debates escamoteados, escondidos, castigados en espacios para jubilados, enfermos o personas sospechosas de no tener nada qué hacer. Pero los canales hicieron algo mejor: trasladaron todos sus programas de opinión al domingo en la mañana. Es una forma patética de dividir la poca clientela que tienen.

Resultado: en vez de aumentar la masa crítica, la van a dividir por tres o cuatro. Brillante.

La conclusión de este panorama que la televisión no produce —pero sí ayuda a agravar—, se ve en Montecristi. El nivel de las élites de izquierda, en la cual hay muchos dirigentes sociales, es tan bajo en temas de políticas públicas, como lo era antaño el de las derechas. El país no ha socializado, como dicen ahora en los ministerios, visiones, diagnósticos, soluciones… Es un país que se enfrenta a punta de lemas y lugares comunes.

No de procesos conceptuales decantados, articulados y debatidos con y ante el país. Y eso no se puede hacer sin la televisión.

Por eso resultan risibles, para ser amable, las razones que se dan en la Tv para evitar los debates de opinión sobre los temas de interés público.

Porque no se trata de hablar solamente del Congreso y de las tasas de interés. Implica la sexualidad, el medio ambiente, el tránsito, las guarderías, las minorías (todas), la frontera, los jóvenes, la moda, la emigración, la homosexualidad, el arte, el sincretismo propuesto por las comunidades extranjeras que viven en el país… ¿Cómo se puede construir un país si sus habitantes no se hablan, no se descubren, no se exigen a través de la palabra y del raciocinio? ¿Dónde se topan esas comunidades, tan ricas y tan disímiles, para negociar su convivencia y sus visiones, si no es en la Tv? ¿Tienen conciencia los canales de que será imposible llenar el atraso en referentes e ideas nuevas sin su concurso? Es necio y absurdo oír que en el país se hace, en Tv y en materia de opinión pública, lo mismo que hacen en Estados Unidos.

Como si Ecuador tuviera los problemas resueltos que tiene ese país. ¿Por qué es el mejor referente? ¿Por qué no España, Francia, Italia o Chile? ¿Por qué el desapego por las ideas sin las cuales no habrá, no puede haber, grandes transformaciones? Claro, cuando se dice que un programa de opinión tiene éxito en España, la respuesta obvia es: pero es España. Lo mismo se dice si se habla de Chile. Pregunta: ¿cómo cambiaron esos países? Con educación, es cierto. Y con la cultura pública que viene, en parte, de la dinámica que crea la Tv sobre los asuntos de interés común.

La verdad es otra: hay una deserción casi nacional ante las ideas contemporáneas. Por eso hay un gobierno con 40 años de retraso en sus propuestas.

Y en esa defección se decidió que las ideas no eran rentables. ¿Por qué si lo son, hasta producir debates de gran trascendencia, en otros países? ¿Por qué en esos países sí se ha formado un público amplio que sigue con interés programas de debates de ideas, de libros, de historia...? La diferencia es que tampoco la Tv invierte en el futuro del país. Por eso los debates de opinión ocupan la franja de viejos dibujos animados.