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Obama sí tiene statu quo PDF Imprimir E-Mail
Revista Vanguardia   
martes, 03 de junio de 2008

El hombre del cambio mantedrá la política exterior. El ganador resultó ser Uribe.

 

Las elecciones presidenciales en los Estados Unidos, que se desarrollarán en noviembre de este año, generan una expectativa inusual en América Latina. La región espera que, según sea el resultado, se den cambios radicales o no en la política internacional estadounidense.

Aunque muchos líderes de América Latina no lo dicen abiertamente, sus preferencias apuntan hacia uno de los candidatos demócratas: Barak Obama o Hillary Clinton. Rafel Correa, uno de los pocos que ha tomado partido, ha señalado que las posturas de Barak Obama son más cercanas a sus posiciones ideológicas.

La mirada de América Latina a este candidato es comprensible sobre todo por la manera en que el tablero del continente se ha movido. Sólo Álvaro Uribe y Alan García representan un nexo para los Estados Unidos; el resto de países han dado un giro hacia la izquierda, y han mostrado en mayor o menor grado un distanciamiento con la política exterior estadounidense.

La sensación que rodea el ambiente es que, de ganar Obama, la diplomacia estadounidense se acercará más a los países con gobiernos de izquierda. Con ello, dejará en la soledad absoluta al presidente colombiano, Álvaro Uribe, quien tendrá que enfrentar de otra manera su conflico interno.

Pero la realidad es otra. El 23 de mayo, en un discurso en Miami, Obama aseguró quesi llega a la Casa Blanca pedirá cuentas al presidente Hugo Chávez por sus nexos con las FARC.

Además dijo que respaldará el derecho de Colombia de atacar a grupos terroristas aun si están refugiados en países vecinos como Ecuador y Venezuela.

El precandidato demócrata también ha señalado su intención de seguir apoyando la lucha contra las drogas, a través del Plan Colombia. Aunque propondrá algunos cambios, hay que recordar que la iniciativa del plan provino del entonces Presidente, el también demócrata, Bill Clinton.

Más allá de la retórica y los discursos de campaña, hay una verdad indiscutible: la diplomacia de los Estados Unidos responde a una realidad geopolítica. Su ejecución depende más de las políticas de Estado que de las posiciones ideológicas que tengan los demócratas frente a los republicanos.

Y en la región, Colombia se ha convertido en un aliado estratégico para los Estados Unidos. Desde su visión, ambas naciones comparten un objetivo común: la lucha contra el terrorismo y el narcotráfico.

Por ello, Barak Obama ha tomado distancia del presidente venezolano, Hugo Chávez. El senador demócrata lo acusó de ser un gobernante antidemocrático y con discurso demagógico.

Pero fue más lejos. Su intención es pedir "una rendición total de cuentas de la relación que mantiene el Gobierno de Hugo Chávez con las FARC". Esta "diplomacia enérgica" que anuncia Obama incluye la posibilidad de establecer fuertes sanciones, que incluyan el aislamiento internacional si se confirma el apoyo a las FARC por parte de cualquier país vecino. El discurso de Barak Obama ha pasado de lo interno hacia lo externo.

Esto, según afirma el diario El Tiempo de Bogotá, se debe a que el candidato demócrata ya habría dejado atrás la fase de las elecciones primarias, donde pesaban mucho los temas internos y las organizaciones sindicales del país, para concentrarse en políticas de Estado.

Por eso, no es aislado el hecho de que Obama haya anunciado en Miami que aumentará los consulados en el continente, que incrementará el número de voluntarios del Cuerpo de Paz y que creará en su administración el cargo de un Enviado Especial para las Américas. Eso sí, primero, aceptando que América Latina ha cambiado mucho en los últimos años y que la política de EE.UU. no lo ha hecho a ese mismo ritmo.

Donde sí se nota una postura más cercana a los gobernantes de izquierda de América Latina, es en la posición del precandidato frente a los Tradados de Libre Comercio (TLC). El mes pasado prometió, en un mitin en Filadelfia, que se opondría al acuerdo con Colombia.

The Wall Street Journal recogió su declaración: "La violencia contra los sindicatos en Colombia ridiculizaría las mismas protecciones laborales que hemos insistido que se incluyan en este tipo de acuerdos". Su crítica a los TLC ha llegado, incluso, a cuestionar el acuerdo al cual llegaron EE.UU. y México en 1994. Y ha propuesto revisarlo. Así, América Latina espera el desenlace.

Y aunque está claro que Barak Obama no cambiará en esencia la política exterior estadounidense, algunos analistas, creen que sería mejor para América Latina, que uno de los candidatos demócratas triunfe en las elecciones, sobre el republicano McCain. Sin embargo, quienes promueven el libre comercio, ven en McCain la mejor opción para el subcontinente.