REVISTA VANGUARDIA
¿Correa y Uribe ignoran los costos de la tensión?
| ¿Correa y Uribe ignoran los costos de la tensión? |
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| Andrés Crespo | |
| martes, 10 de junio de 2008 | |
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Ecuador y Colombia precisan nuevos mecanismos conjuntos de seguridad y alertas tempranas. Una misión de observación también es clave. Las recomendaciones presentadas en marzo a la Reunión de Cancilleres de la OEA, por la misión encabezada por el secretario Insulza, siguen vigentes para destrabar la crisis Ecuador-Colombia, pero la mayoría no se ha cumplido: la reactivación de los mecanismos de consulta política, el fortalecimiento de instrumentos de diálogo fronterizo y un eventual mecanismo bilateral de alerta temprana. Se debieran concretar acercamientos entre sectores académicos y de opinión de ambos países, además de los contactos usuales que mantienen empresarios y dirigentes sociales. Buscar canales de comunicación no oficiales —además de persistir en los oficiales— contribuye a fomentar la confianza y crear incentivos a los gobiernos para normalizar las relaciones. Por ello es acertado continuar con las rondas de conversaciones entre los vicecancilleres. Estos diálogos oficiales, autorizados por los presidentes Correa y Uribe, debieran conducir a conversaciones entre funcionarios de más alto rango. Asimismo, como ya lo han dicho gobiernos amigos y la OEA, deben cesar los excesos verbales de lado y lado. El desarrollo de programas de integración fronteriza, incluyendo proyectos ambientales, con el apoyo de organismos internacionales —una recomendación adicional de la misión de la OEA— se comienza a cumplir: el programa de desarrollo humano de la frontera ofrecido por la CAF, la semana anterior, es un ejemplo de ello. Otra recomendación es la intensificación de las relaciones entre las entidades empresariales, para aumentar el comercio bilateral y el comercio fronterizo. Una afectación a la relación comercial bilateral puede generar impactos negativos. Basta mencionar la provisión de energía eléctrica de Colombia a Ecuador y las exportaciones de arroz del Ecuador a Colombia. Ahora, afrontar binacionalmente la problemática de la seguridad pasa por mejorar la calidad de vida deteriorada de sus pobladores y por detener las redes ilícitas de suministros de los dos lados de la frontera: tráfico de armas, drogas y precursores, y lavado de dinero que articulan una economía ilegal. Así, la falta de acción común ha generado problemas transfronterizos. El incentivo al diálogo de las sociedades civiles de los dos países —otra de las recomendaciones— ayudaría a destrabar la tensión entre los dos gobiernos. Porque es indispensable un mejor conocimiento recíproco de la situación interna de cada nación. En tal sentido debería continuarse, por ejemplo, la discusión, iniciada dos años atrás, entre académicos de universidades de ambos países. También hay que destacar la iniciativa del Conesup del Ecuador y de su homólogo Ascun de Colombia de promover el establecimiento de la cátedra Ecuador en universidades colombianas y de la cátedra Colombia en las universidades del Ecuador. Restaurándose la confianza, se tienen que repensar los mecanismos binacionales de seguridad, para que sean más explícitos en cuanto a alerta temprana y, posiblemente, invitar, en una primera fase, a observadores de terceros países amigos, mejor de fuera de la región. En esta línea, otro paso bilateral destacable es el acuerdo de las dos partes para que formalmente Ecuador reciba de Colombia los testimonios audiovisuales de lo sucedido el 1 de marzo en Angostura. También deben aplaudirse las recientes iniciativas del Parlamento Andino, como el reciente foro de seguridad para las zonas fronterizas. Así como no es legal ni legítimo realizar acciones bélicas en territorio vecino sin el consentimiento del gobernante del otro país es necesario aceptar las interdependencias construidas en la historia de la vecindad y perseverar en la recíproca comprensión de los intereses y prioridades de cada nación, así como en la búsqueda de acuerdos bilaterales que encaren problemas comunes. En un clima enrarecido, cualquier otro incidente en la frontera conduciría a un escalamiento de la tensión, que hay que evitar a toda costa. El restablecimiento de las relaciones diplomáticas, la primera de las recomendaciones de la misión de la OEA, sigue siendo la más importante. |








