REVISTA VANGUARDIA
Choque de trenes a la vista
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Vanguardia 53 - Septiembre 26, 2006
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| lunes, 25 de septiembre de 2006 | |||||
Página 2 de 3 Primer scenario: Correa PresidenteEn las calles se juega su proyectoSi Rafael Correa es Presidente, lo más probable es que se instale en un enfrentamiento abierto con los poderes fácticos. El líder de Alianza País ha anunciado que, apenas llegue a Carondelet, convocará una consulta popular para que el país decida si da paso a una Asamblea Nacional Constituyente, con plenos poderes, que elabore y apruebe una nueva Constitución. Ese anuncio fue seguido de un pedido, presentado el 25 de agosto pasado, al Tribunal Supremo Electoral (TSE). En la carta, dirigida a su presidente, Xavier Cazar, se le pide que proporcione el modelo de formulario que es utilizado para la recolección de firmas y se adjunta el estatuto de “elección, funcionamiento e instalación de la Asamblea Nacional Constituyente...”. Nada se dice sobre lo que ocurrirá con el Congreso Nacional. Gustavo Larrea afirma que el Congreso andará por ahí y la Constituyente por allá y que, en última instancia, esa es una decisión de la Asamblea. Lo cierto es que los diputados no esperarán 115 días (tiempo fijado para que se instale la Asamblea) para saber qué ocurrirá con ellos. Recién posesionado, Correa tendrá en frente a 100 diputadas y diputados que estimarán su elección tan legítima como la del Presidente. Y que amparados en aquello no querrán irse a su casa o dedicarse a debatir sobre el sexo de los ángeles mientras los asambleístas elaboran una nueva Constitución. Ese es el primer choque de trenes que se ve venir. Correa lo sabe y no tiene ni busca, al parecer, una estrategia para evitarlo. Correa no está dispuesto a negociar. Ni espacios ni términos del estatuto. Nada. No quiere ningún contacto con lo que denomina la partidocracia. Quiere demostrar que no los necesita y que una democratización del Estado es viable sin ellos. Que sí es posible despolitizar a la Corte Suprema, al Tribunal Constitucional, al TSE. En suma, descorporatizar el poder en el país y lograr lo que él llama una transparencia en la gestión. Los tiempos fijados por él muestran que quiere aprovechar el fervor que despierte su elección para imponer unas reformas que los partidos políticos no han querido hacer. ¿La vía escogida es tan expedita como parece creerlo? La Presidencia sí le da posibilidades para movilizar partidarios y plantarlos frente al Congreso. ¿Por cuánto tiempo? Su propuesta de Constituyente puede que sea acogida por los electores, pero no se ve cómo logrará dos objetivos: que los elegidos no provengan de los mismos centros de poder tradicionales y que la fragmentación anunciada pueda confluir en un texto constitucional favorable a sus tesis. Bajar el porcentaje de firmas de respaldo al 0,5 por ciento del padrón (en vez del 1 por ciento), pedir que el voto sea unipersonal y no por lista, y garantizar franjas de publicidad igualitarias no parece ser suficiente. En efecto, Correa no tiene organización política ni cuenta con los suficientes apoyos para evitar que las maquinarias partidistas vuelvan a cooptar esa Asamblea. Algo parecido ocurrió en 1997, cuando el Partido Social Cristiano y la entonces Democracia Popular manejaron, de hecho, la Constituyente. Queda otra posibilidad: que el electorado, en forma masiva, militante y decidida, salga a las calles para, desde ahí, imponer los cambios. Esa eventualidad es parte de las expectativas de Correa y sus amigos. En política nada está escrito. Hay, sin embargo, muestras de alta volatilidad en el electorado. Y la historia reciente muestra que ningún presidente, una vez elegido, ha recibido apoyos capaces de enfrentar los poderes fácticos cuya influencia es innegable. Ecuador no es Venezuela y Correa no es Chávez. La experiencia política del país dice que, una vez terminadas las elecciones, ocurre lo que el ex presidente Oswaldo Hurtado anotó alguna vez: “desaparecen los ciudadanos y aparecen los factores de poder”. Hay un factor complementario que jugará en ese escenario. La legalidad: Rafael Correa se ha referido algunas veces a la Constitución y lo ha hecho diciendo que la ley hay que cumplirla. En ese sentido, su único margen de maniobra para cambiar las reglas de juego es la presión callejera. ¿Pero el fervor que despierte su posible elección será suficiente para contrabalancear su debilidad política ante los poderes fácticos? ¿Y hasta dónde alcanzará a estirar las figuras jurídicas e institucionales que quiere utilizar sin romper el marco constitucional? Gustavo Larrea evoca el ejemplo de México. Allí, los simpatizantes de Andrés Manuel López Obrador invadieron las calles de la capital para pelear la apelación de los resultados electorales contra Felipe Calderón. Pero Larrea parece tomar sus deseos por realidades. López Obrador fue alcalde de la capital mexicana durante seis años, tiene un partido (Partido de la Revolución Democrática, PRD) desde 1989 y cuenta con redes sociales de apoyo incondicionales. Miles de taxistas, por ejemplo, cotizan a diario para sostener los gastos de los manifestantes en la capital. Su caso no puede ser extrapolado al Ecuador. Por esto, aunque gane la Presidencia y luego gane la consulta y logre instalar la Asamblea Nacional Constituyente, no es seguro que obtenga mayoría en su seno. Su voto no es duro. Tampoco goza, como Gutiérrez o Chávez, de atributos que lo identifiquen social o étnicamente. Correa es “un chico bien”, como diría una buena suegra. Y a pesar de que tenga entronques grandes con los movimientos indígenas, es altamente probable que tampoco ahí encontrará una base fácilmente movilizable. La estabilidad económica, que por ahora no parece pesar en su electorado, es un elemento que pudiera jugar en su contra. Si CorreaPresidente espanta inversiones y genera, por varias vías, retiro de depósitos, si atenta contra la estabilidad económica de su propia base social (mucha de clase media y alta), pudiera perder apoyos que, por otro lado, quiere congregar. Así Correa, por más ímpetus que tenga, por más ganas de enfrentar el statu quo que muestre, por más posibilidades de ganar que exhiban los sondeos, tiene que caminar sobre huevos y pensar dos veces si opta por el camino del enfrentamiento total. |
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