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Las curiosidades que alienta el Presidente PDF Imprimir E-Mail
José Hernández   
martes, 01 de julio de 2008

¿Cómo el profesor Correa devino presidente Correa? ¿Y lo que fue bueno para él -la oposición y la polémica- ya no vale para los otros?Image

 

Simple curiosidad: ¿qué entiende el régimen y, en particular, el Presidente de la República por democracia? Simple curiosidad porque cada día él se queja de la oposición, según él tenaz. Se queja de los medios de comunicación, que él dice al servicio de intereses protervos. Simple curiosidad, entonces, porque oposición no hay en el país y el Presidente, que estuvo en Europa, sabe con qué firmeza actúa una oposición real, y no sus despojos. Los grandes medios del país son tan poco articulados políticamente y juegan a estar tan lejos de los partidos que diarios como ABC, El Mundo, Le Figaro —que Rafael Correa debe haber leído— harían buenas caricaturas con las acusaciones presidenciales.

La curiosidad atenaza cuando se mira lo que el Presidente y su coalición tienen en frente: el vacío. No hay Congreso. No hay organismos de control. El Presidente manda a pastar hasta los organismos de derechos humanos internacionales (acaba de ocurrir con la Human Rights Foundation). Además, Rafael Correa tiene buenos índices de popularidad y cuando no le gustan los sondeos, el SRI, con una obediencia inocultable, tiene listos sus sellos de clausura.

Claro estruja más la curiosidad cuando, ante ese panorama, el Primer Mandatario da a entender, o afirma, que los periodistas se aprovechan de la libertad de expresión para hacer oposición. ¿La libertad de expresión no faculta incluso a hacer oposición en cualquier campo? ¿En qué consiste, entonces, esa libertad tan señalada? La curiosidad oprime cuando la misma reflexión del Presidente se oye entre los suyos e inunda ciertas academias donde eminentes intelectuales —asesores a tiempo parcial o completo, miembros de comités declarados o secretos— lanzan anatemas sobre la oposición que reclama o pide investigaciones (que un Fiscal también obediente archiva). De la misma forma proceden contra los medios independientes que hacen preguntas o indagan las costuras del régimen. Resulta que eso es demasiado o es condenable frente a un gobierno que anda —en lo figurado y en lo factual— absolutamente suelto. Suelto y sin ninguna posibilidad institucional de fiscalización.

¿Qué entienden, pues, por democracia? En este viaje al surrealismo hay más sorpresas: ese régimen está creando —ya creó— la impresión de ser un gobierno sitiado. Y desde ahí, desde una suerte de complejo de cerco, afirma que los (pocos) cuestionamientos que tiene por ahora, le resultan insoportables. E ilegítimos, dicen sus áulicos intelectuales. De ahí la curiosidad: ¿Qué entiende el Presidente por democracia? Y, claro, hay otras preguntas concomitantes que surgen, en la misma oleada, cuando se oye al Mandatario decir, para descalificar a Alberto Acosta, que él era “demasiado democrático”.

Resulta que ahora no se es o no se es demócrata.

Se puede ser —como si deshojara margaritas— un poco, bastante, mucho y demasiado demócrata. Nadie para el progreso.

La curiosidad engendra otra pregunta: ¿Qué pasa si el gobierno y también el señor Presidente se acostumbran a gobernar sin tener en frente a nadie que fiscalice o les haga oposición? La pregunta remite al trabajo de algunas mesas en Montecristi en el cual hay, hasta ahora —y muy claramente— serios recortes a esta administración que en la crisis ha concentrado un poder impresentable en cualquiera de las democracias que el Mandatario dice admirar.

Y la pregunta no tiene respuesta porque si el Presidente está dispuesto a perder ese poder —eso se verá en la redacción final de la Constitución— ¿por qué le preocupan los escuálidos pataleos que hay ante su gobierno? ¿No hacen parte del paisaje que tendrá en apenas tres meses si el electorado aprueba el referéndum? Otras preguntas curiosas: ¿Cómo el profesor Correa devino presidente Correa? ¿No fue haciendo oposición y usando, como es legítimo en democracia, los medios para dar a conocer sus opiniones? Las curiosidades que alienta el régimen no permiten saber lo que el Presidente y sus aúlicos entienden por democracia. O quizá sí.