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La inflación del Ecuador tiene componente local PDF Imprimir E-Mail
Simón Cueva   
martes, 15 de julio de 2008

Un tercio del incremento de los precios se explica por los bienes no transables. Su comportamiento depende menos de lo que pasa afuera.

 

Los precios en el Ecuador han subido rápidamente en los últimos meses, en parte debido a la coyuntura internacional. El fuerte crecimiento de los países asiáticos ha impulsado los precios de las materias primas, incluyendo petróleo, minerales y alimentos.

¿Cómo se traslada esta inflación a los diferentes países? Todo país produce bienes transables y no transables. Los primeros se pueden comerciar con el resto del mundo: el arroz, la carne, una refrigeradora... Los no transables no se exportan o importan fácilmente: las pensiones escolares, el alquiler de una vivienda. Sus precios dependen menos de lo que pasa afuera.

Los transables son el canal de transmisión inmediato de la inflación internacional hacia la economía doméstica. Mirando las cifras del Ecuador de los últimos meses, la inflación de los transables —que pasó de cerca de 2% en el 2007 a 12% en junio de este año—ha crecido antes, y mucho más rápido, que la de los no transables —que subió de 2,5-3% en el 2007 a ritmos cercanos al 6,5% ahora—. Aproximadamente dos tercios de la inflación provienen de los transables y un tercio de los no transables, en parte porque la pérdida de valor del dólar frente a la mayoría de monedas ha hecho que “importemos” inflación.

Si la inflación proviene exclusivamente de afuera, es poco lo que se puede hacer para controlarla.

Sin embargo, cuando empieza a difundirse a la producción interna, genera un círculo vicioso: a mayor inflación, mayores demandas salariales y de otros insumos, que a su vez generan incremento de costos. Por eso, muchos bancos centrales se preocupan por los efectos secundarios de la inflación inicial extranjera. Cuando notan que se vuelven importantes, suben los intereses para atenuar la inflación. Es, por ejemplo, lo que han hecho los bancos centrales de Europa, Chile o Perú recientemente.

En el caso ecuatoriano, aunque el impulso inicial vino de afuera, la inflación ya ha permeado a la economía doméstica. Hay, además, factores internos que agravan el problema. Éstos explican, por ejemplo, que la inflación anual a Junio (9,7%) sea mayor a los niveles de Colombia (7,2%) o Perú (5,7%), pese a que donde nuestros vecinos los precios de la gasolina, el diésel o el gas han crecido fuertemente con los mayores precios internacionales, mientras que Ecuador los tiene congelados desde el 2003.

El Gobierno ha tomado algunas medidas que atizan, en vez de apagar, el creciente fuego inflacionario. Al contrario de lo que pasa en muchos países de la región, el Banco Central está artificialmente bajando las tasas de interés, por razones políticas. Los costos laborales han subido porque el salario mínimo se incrementó en enero en más de 17%. Estas decisiones acaban afectando a los más pobres: como la inflación se explica en gran parte por el precio de los alimentos —que pesan mucho más en los gastos de una familia modesta— la inflación para el 20% más rico de los ecuatorianos es cercana al 8%, mientras que es superior a 13% para el 20% más pobre.

Otras decisiones son miopes. Prohibir la exportación de algunos productos (como el arroz) puede bajar temporalmente los precios, pero a mediano plazo afecta la producción e incrementa los precios: ¿querrá dedicarse otro año a cultivar arroz aquel agricultor al que, justo cuando podía exportarlo a buen precio, le prohibieron hacerlo? Subsidiar la harina para que el precio del pan no suba tanto no resuelve el problema, sólo lo pospone. De paso, distribuye a los productores grandes (los que pueden producir más barato) muchos más recursos que a los pequeños.

Extraño para un gobierno que dice buscar reducir las inequidades, aunque no tanto para uno que tiene objetivos electorales de corto plazo.

No hay solución fácil para la inflación con las condiciones internacionales actuales, pero buscar atenuar sus impactos a través de subsidios bien focalizados a las poblaciones más pobres o de asistencia técnica efectiva a productores pequeños sería bastante más eficiente y equitativo, aunque demandaría un poco más de paciencia, capacidad de gestión real y cabeza fría.