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El estado arma su bomba de tiempo PDF Imprimir E-Mail
Revista Vanguardia   
martes, 22 de julio de 2008

El régimen empuja hacia un efecto bumerán. la estructura de subsidios es insostenible en el tiempo.

 

Para el régimen, los subsidios son estratégicos. Ponen un velo a la realidad y amortiguan los efectos de una crisis de precios. Por ello, su monto va en aumento y no hay señales de que se reduzcan significativamente, o al menos que se focalicen de mejor manera.

Algunos esfuerzos en esa línea está haciendo Nathalie Cely, ministra Coordinadora de Desarrollo Social, pero su espectro es limitado y no tiene injerencia en el mayor de los subsidios: el de los combustibles, el cual incluye las gasolinas y el gas. El entorno internacional no ayuda.

El incremento del precio del petróleo genera una mayor presión para aumentar el subsidio, que a la vez es asimilado por los recursos petroleros que entran al presupuesto. Esto genera dudas sobre la sostenibilidad de este modelo.

 LA ARQUITECTURA
Los subsidios llegarán a 5 000 millones

El gobierno no puede quejarse. Su chequera engorda todos los días, conforme sube el precio del crudo. En enero recibía, en promedio, 77,26 dólares por cada barril exportado, y en mayo 108,75 dólares. Esto ha permitido que los ingresos petroleros de los primeros cinco meses del año lleguen a los 2 992 millones de dólares, 138% más que en igual período del año anterior.

El régimen aprovecha esta bonanza para aumentar el gasto público y crear una ola de subsidios. Por su parte, el aumento del precio del petróleo encarece la importación de derivados y, con ello, el subsidio a los combustibles.

Por otro lado, la excesiva liquidez de la cuenta única alucina a los grupos sociales que presionan por mayores prestaciones públicas. Las cifras lo demuestran. El régimen presupuestó, a inicios de año, que los subsidios alcanzarían los 3 909 millones de dólares, de los cuales el 75% correspondía a derivados de petróleo.

Pero el aumento en su precio está generando un efecto bumerán. Hasta mayo este subsidio alcanzó los 1 492 millones de dólares. Una simple operación aritmética lleva a Jaime Carrera, del Observatorio de la Política Fiscal, a concluir que al finalizar el año el subsidio a los combustibles alcanzará 3 580 millones de dólares. “Y eso sin considerar —dice— nuevos incrementos en el precio del barril”. El mismo razonamiento utiliza para estimar a cuánto llegará el monto total de los subsidios que se registra en el presupuesto. Si en los primeros cuatro meses del año se han devengado 1 493 millones de dólares —que incluyen, además, el subsidio a las prestaciones sociales y a la electricidad y el bono de desarrollo humano—, al finalizar el 2008 el gasto alcanzará 4 478 millones de dólares.

Esta cifra asusta. Y la realidad es más dramática. Hay una serie de subsidios que no están visibles en las cuentas públicas. Son los programas que ejecutan los ministerios, el Banco Nacional de Fomento (BNF), la Corporación Financiera Nacional (CFN)...

El subsidio a la harina, ha costado hasta ahora 40,2 millones de dólares. Y aún resta la importación de 18 000 toneladas, que puede valer alrededor de 10,5 millones de dólares adicionales. Este último embarque servirá —según explica la ministra de Desarrollo Social, Nathalie Cely—para el programa socio panadero que incluye, además, una línea de crédito y capacitación.

Y las cifras siguen sumando. El programa de subsidio a la úrea representa un gasto de 19,5 millones. Desde febrero del 2007 hasta el 15 de julio del 2008 se importaron 97 082 toneladas del fertilizante. En lo que resta del año el BNF importará 50 000 toneladas más y en el 2009 otras 150 000.

Hay que agregar el paquete de medidas de compensación al sector agrícola que Walter Poveda, ministro de Agricultura, anunció hace un mes y que alcanza 300 millones de dólares, entre subsidios y reducción a los impuestos a la renta y al valor agregado.

Otra carga fiscal importante representa el bono de la vivienda que, hasta el 30 de junio generó un desembolso de 105,6 millones de dólares.

A la lista de subsidios entró un programa de medicinas gratuitas que cuesta 50 millones de dólares y otro para cubrir enfermedades catastróficas por un valor de 60 millones de dólares. Para Natalie Cely, sin embargo, este tipo de gasto no es un subsidio, sino una prestación.

Y reflexiona: “Si eso fuera un subsidio, entonces todo el presupuesto de salud sería un subsidio”. ¿Cuánto gasta finalmente el Estado en subsidios? Esta es la pregunta del millón. Nadie lo sabe.

El ex ministro de Finanzas, Fausto Ortiz, dejó lista una carta —que no llegó a firmar— para que todas las instituciones públicas informen el monto que han destinado a programas subvencionados. Wilma Salgado va a retomar el tema y la cuantificación final sólo estará lista en un par de meses. De igual forma, la ministra Natalie Cely no tiene todas las cifras. El ministerio a su cargo ha iniciado un proceso de evaluación de los subsidios y aún no cuenta con los informes finales.

Pero si se suman los rubros de los cuales, aisladamente, se cuenta con información oficial, más las proyecciones que hace el Observatorio de la Política Fiscal, el total superará los 5 000 millones de dólares. Y existen otros programas subvencionados, como las líneas de crédito de la Corporación Financiera Nacional y el Banco Nacional de Fomento, cuyos montos no han sido cuantificados.

Lo que hay es el monto del crédito otorgado, no el valor del subsidio. La Ministra sabe que ahí tiene que entrar a monitorear. Pero pide tiempo. “No hemos analizado aún esto—dice—. Lo vamos a hacer. Pero lo tenemos recién desde hace un mes y hemos empezado con los subsidios no financieros”.

EL IMPACTO
Los subsidios no han sido efectivos

Cuatro meses ha tomado al régimen aumentar el peso de los subsidios en el gasto total. Al finalizar el 2007 éstos representaban 29% del presupuesto y en abril de este año el 39%. ¿Qué tan efectivos han sido estos subsidios? A la luz de las cifras, muy poco.

Un estudio de la Cámara de la Pequeña Industria de Pichincha, que fue presentado a Nathalie Cely, afirma que el efecto del subsidio a la harina ha sido cero. Su argumento es que la estructura de costos de la industria hace que un aumento en el precio de la harina de un 10%, sólo afecte en un 3,7% en el valor del pan. Por ello, entre septiembre del 2007 y mayo del 2008, en que el precio de la harina subió de 25 a 43 dólares, el incremento en el precio no debió ser superior al 25%. En la práctica, lo que ha ocurrido es que el precio se elevó en alrededor del 50%. La Ministra no está de acuerdo. Ella sostiene que el subsidio ha logrado que se baje el precio a diez centavos, gracias a que han logrado atarlo al pan popular. El siguiente paso será establecer una lista referencial de precios para los demás tipos de panes.

Esto para evitar que los panaderos compensen la reducción del precio del pan popular con un aumento en el de los restantes. El subsidio a la úrea también genera polémica. Para Patricio Donoso, de la Cámara de Agricultura, éste no ha llegado a los pequeños agricultores.

Según dijo a Vanguardia, la iniciativa del Gobierno ha generado un mercado subterráneo donde muchos han revendido el fertilizante, aprovechando su alto precio en el mercado. La ministra Cely lo acepta.

“Yo no le puedo negar que los subsidios siempre tienen filtraciones y hay que diseñarlos bien justamente para que eso no ocurra. El de la úrea no lo hemos rediseñado porque aún no tengo el informe final”. Ante estos resultados, poco auspiciosos, algunos subsidios han entrado en una etapa de revisión. Y otros, como el 5-5-5, a su casi extinción. Hasta ahora esta línea de crédito ha sido un fracaso.

En el año y medio de su vigencia, sólo se han entregado 236 créditos por 1,02 millones de dólares. Por eso la CFN amplió su cobertura hasta 20 000 dólares, bajo una modalidad de crédito asociativo. La tasa desde los 5 000 dólares será del 8,75%. Y aunque el 5-5-5 no desaparece formalmente, por ahora permanecerá, al menos, camuflado.

Otro fracaso ha sido la línea para la renovación del parque automotor. Se esperaba que 1 250 taxis anuales sean renovados y provistos por la industria local. Las cifras son claras: sólo 1,5 millones han sido desembolsados. De las 189 unidades que han sido financiadas, 138 son taxis y el resto camionetas y busetas para transporte escolar.