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¿Seguir al pueblo o mejor retarlo creativamente? PDF Imprimir E-Mail
José Hernández   
martes, 22 de julio de 2008

Que el cambio tenga como corolario un desafío cultural para todos, parece obvio. salvo para el presidente, rehén de actitudes arcaicas.Image

 

¿En qué se parecen el presidente Correa y TC Televisión? Algunos columnistas, cercanos al régimen, han puesto la adivinanza sobre el tapete. Y para entenderla hay que ir por partes. ¿Qué se dice de ese canal que ahora administra la AGD? Que tiene una programación horrenda. Que cada espacio es peor que el anterior y tan pésimo como el siguiente. Y sí: se puede pensar que tantos concursos, reality shows y teleculebrones no despiertan el mínimo sentido de la estética ni suscitan, aun en dosis homeopáticas, el deseo de pensar.

Primera objeción de los que así conciben la televisión: eso es lo que le gusta al pueblo. Segunda: eso es tan cierto que los programas impugnados dan excelentes resultados económicos. Conclusión: hay que darle al pueblo, lo que el pueblo pide.

Segunda parte: ¿Por qué el Presidente ha convertido el espacio público en un arreglo de cuentas infinito con aquellos que no coinciden con él? Pelucones, banqueros, gordas horrorosas, bestias salvajes… y ahora majaderas, con Martha Roldós como protagonista principal? Respuesta: eso también le gusta al pueblo. Y los sondeos lo ratifican con creces. Lo mismo pudiera decirse de los subsidios generalizados que aman los electores y cuya factura llegará en algún momento.

Lo cierto es que en política (en la política así concebida), como en los canales de Tv (concebidos como TC) lo que da rédito es lo que le gusta al pueblo. Lo cual tendería a probar que si no hay que tocar lo que en política da réditos, tampoco debiera cambiarse lo que en Tv tiene público y genera ganancias. En los dos campos (en esa lógica) manda el pueblo que es, como dicen los políticos devaluados, la voz de Dios.

El presidente Correa y TC Televisión, cada cual en su campo, plantean, entonces, el mismo problema: seguir los instintos (bajos o no) del pueblo.

O inducirlo cuando se tiene el poder, en un caso, y la Tv, en el otro, a parajes donde se reta decentemente a los ciudadanos con la verdad (en la política) y con nuevos contenidos (en la Tv).

En los dos casos se pudiera estar hablando de lo mismo: quien tiene el poder (político) o la responsabilidad (mediática) no está llamado a seguir a las masas sino a retarlas. A educar diría un pedagogo, en un ejercicio que le sienta mal al periodismo pero bien a la programación televisiva en general. Entretener también es eso: proponer más imaginarios.

Tercera parte: si es lícito (y necesario) reflexionar sobre la programación de televisión, ¿por qué no lo es cuestionar los marcos referenciales (políticos, semánticos, ideológicos…) que maneja el Primer Mandatario? ¿Acaso en los dos casos no se trata de auscultar, gracias a una lectura política y cultural, lo que es la sociedad y de visualizar los saltos que es necesario dar? Dicho de otra manera, ¿TC no tiene licencia para continuar con visiones vetustas y el Presidente sí? ¿Acaso es progresista admitir que la forma de ventilar los desacuerdos, por parte del Presidente, sea mediante el insulto y la descalificación? ¿Es lícito, igulamente, que el poder político siga vendiendo ilusiones gracias a los subsidios (ver nuestro informe) cuando se sabe que por esa vía el país ni tendrá una democracia madura ni una economía sostenible? Es curioso el desdoblamiento de columnistas, cercanos al régimen, que reclaman el cambio de TC y acogen sin chistar la actitud del Presidente.

Se han prohibido analizar culturalmente lo que está ocurriendo. Se han prohibido escudriñar los resortes sicológicos y sociológicos de una historia que se repite en forma imperecedera.

Por eso es muy posible que Rafael Correa repita a Velasco Ibarra. Y que la política, lejos de ser un ejercicio de responsabilidad pública, siga siendo un mercadillo con congresillos… Que TC Televisión y la Tv en general tengan que cambiar es una evidencia. Que el cambio tenga como corolario un reto cultural, en general y para todos, también parece obvio. Salvo para el Presidente que preconiza el cambio y sigue prisionero de actitudes y mitos arcaicos. Ese mundo, dividido entre áulicos o majaderos, sí le da un parecido con el canal incautado...