REVISTA VANGUARDIA
El ranking que deja la asamblea
| El ranking que deja la asamblea |
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| Revista Vanguardia | |
| martes, 22 de julio de 2008 | |
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Los constituyentes cierran el telón y piensan en la próxima contienda electoral. Vanguardia analiza, mirando el tablero de la política real, quiénes ganaron y quiénes perdieron en Montecristi.
¿Quién ganó y quién perdió? La Asamblea Constituyente ciertamente no estaba destinada a convertirse en plataforma electoral. Pero en política no hay tregua y los asambleístas tenían claro que estos ocho meses de debate constitucional eran, antes que todo, la mayor y la única vitrina de exposición en el mercado político. Por eso en Montecristi se midieron fuerzas y se pusieron a prueba liderazgos, sobre todo en Acuerdo País. De hecho, muchos de sus asambleístas aprovecharon el momento para perfilar su imagen y posicionarse, gracias a asesores pagados por el Estado, en la carrera que pudiera llevarlos a la Asamblea Nacional, a las alcaldías, a las prefecturas, a las concejalías... Montecristi fue, en ese sentido, una inversión que, desde ya está siendo evaluada por los estrate gas de todos los sectores políticos. ¿Quién ganó y quién perdió? Vanguardia siguió la pista a algunos de los principales actores de la Constituyente. Aquellos que descollaron, propiciaron rupturas o fueron las cabezas más visibles de partidos tradicionales o de movimientos que, solos o en alianza, encontraron en la Asamblea su primer mandato popular, tras una experiencia electoral: Ruptura de los 25, UNO... De los 130 asambleístas, la revista escogió diez ganadores y diez perdedores. La evaluación no se hizo teniendo en cuenta sus opciones políticas. Solamente viendo la eficacia o no de las políticas seguidas y su incidencia en el juego político real. De ahí la sorpresa que puede causar encontrar, por ejemplo, a la ex modelo Rosanna Queirolo, entre los ganadores... RAFAEL CORREA El Presidente es el ganador más representativo de la Asamblea. Cumplió con una promesa electoral. La viabilizó, violando más de un procedimiento previsto en el Estatuto, en el tiempo estipulado. Se erigió en el único sujeto político poniéndose por encima de una institución que gozaba, supuestamente, de plenos poderes. La llevó a votar mandatos; lo cual la convirtió, ante la opinión, en un Congreso devaluado. De ahí su poca popularidad. A pesar del pataleo de algunos de sus asambleístas, la mantuvo monitoreada mediante sus visitas a Montecristi, sus nexos y su buró político. Obtuvo la reelección inmediata. Sacó de la Presidencia y del juego de la política real a Alberto Acosta, el amigo con quien montó el proyecto político. Ahora el Presidente dispone de una herramienta jurídica, hecha a su medida y sin oposición y encara, con evidentes ventajas políticas y logísticas, el referéndum antes de acariciar su reelección. FERNANDO CORDERO Su alianza inicial con Alianza País no auguraba el futuro al cual puede aspirar. Él era una figura local: dos veces alcalde de Cuenca (1996 hasta el 2004) y luego diputado azuayo. En su ciudad generó resistencia. Fernando Cordero fue designado Vicepresidente de la Asamblea y, durante siete meses, estuvo al lado de Alberto Acosta, en un papel discreto para la opinión. Su llegada a la Presidencia y la exposición que tendrá para promocionar la Constitución le dan una nueva dimensión pública. Su futuro está atado al de Rafael Correa. El electorado lo verá como el político funcional que terminó la Asamblea según los designios del Presidente. Gracias a esa lealtad puede contar con su respaldo y el de su aparato para aspirar a la Presidencia de la nueva Asamblea Nacional. Otros se preguntarán lo que pasó con un hombre y Nuevo País hoy subsumidos en Alianza País. MARÍA PAULA ROMO Desde antes de iniciar la Asamblea, se sabía que sería una de sus figuras descollantes. Por su actividad en Ruptura de los 25, Rafael Correa la había escogido como su delegada ante el Conesup para elaborar un proyecto de Constitución. Abogada, joven, inmersa en muchos sectores que nutren la agenda pública contemporánea, María Paula Romo fue en Montecristi una de las caras nuevas de la política. No sólo eso: ella y sus coidearios de Ruptura fueron sin duda el polo de mayor aporte en un frente oficialista tan lleno de viejos deseos pero tan corto de ideas políticas y conceptuales renovadoras. Por ello, María Paula Romo ratificó la confianza que le tiene Rafael Correa quien dio su acuerdo para que ella sea la Presidenta del congresillo. Eso alimenta, paralelamente, las dudas de aquellos que creen que, en Montecristi, Ruptura plegó ante la vieja izquierda que manda en Alianza País. CÉSAR RODRÍGUEZ Es una de las revelaciones de la Asamblea y uno de los animales políticos que quedan de Montecristi. Y esto a pesar de las polémicas que despierta, incluso entre sus coidearios, la estela de juicios que arrastra y las viejas prácticas que envuelven su actividad. El asambleísta de Pichincha no da puntada sin dedal y sin promesa de por medio. Su obsesión por cambiar la Corte le mereció sospechas y lo inscribió en la Asamblea entre los políticos más retóricos y mejor anclados al pasado. Larreísta consumado, César Rodríguez es también el político más funcional de un aparato que probó, en Manabí, que espera de sus militantes lealtad y, en muchos casos, sumisión a las tesis del buró central. En ese contexto, su capacidad de subordinación le augura estar en cargos clave donde la cúpula lo necesite. CÉSAR ROHÓN No es una revelación política, pero sí una sorpresa. Lo es incluso para Acuerdo País. Muchos de sus miembros alabaron el tono y las formas de un hombre que encarnó en Montecristi al establecimiento socialcristiano. Sus declaraciones públicas sobre los gays, conocidas y denunciadas, no hacen justicia a una participación que, en general, fue racional y desprovista de insultos. A tal punto que trabó relaciones de amistad con los miembros de Acuerdo País en la mesa 2 donde se dice que hizo la tarea en forma concienzuda. Él, por su parte, podrá reivindicar específicamente la autoría de la silla vacía, que figura en la Constitución, como mecanismo de participación de la ciudadanía en ciertos organismos públicos. César Rohón no ha dicho lo que hará políticamente, pero es indudable que es una de las cartas presentables que tiene la derecha en Guayaquil. PABLO LUCIO PAREDES Es el ganador más solitario de Montecristi. Economista, académico y hombre de opinión, se ganó el respeto generalizado en una Asamblea en la cual participó sin descanso: fue el asambleísta que hizo más observaciones por escrito y en el Pleno y sus tesis se erigieron en referentes de oposición para Acuerdo País. Su blog y sus mensajes electrónicos se convirtieron en un espacio de consulta obligatoria. No se adhirió orgánicamente a las manifestaciones públicas de la oposición, aunque sus posiciones sobre las nuevas libertades individuales lo hicieron aparecer como un liberal inconsecuente. Y eso se lo hicieron notar en Acuerdo País. Su futuro político es incierto y él no ha dejado traslucir lo que hará. Pero su perfil, pragmático pero creativo, puede ser promisorio para la renovación de la centro derecha, a pesar del fervor que hay en Quito por Rafael Correa. JORGE ESCALA Poco se ha destacado el trabajo de hormiga que ha hecho el MPD en la Asamblea. Jorge Escala figura entre los ganadores de Montecristi, no como figura sino como representante de un partido que ha sacado el máximo provecho a la alianza con Rafael Correa. La fuerza de choque del régimen supo diluir los peligros que decía representar el Presidente para sus prácticas y sus organizaciones. Y cerró los ojos cuando el oficialismo no lo siguió en sus tesis extremistas. En conclusión: puede reivindicar como suyos los cambios que se han dado en salud, educación, trabajo, seguridad social... En su página web enumera 15 razones para llamar a votar por el Sí. En realidad, lejos de verse amenazado por el cambio, el partido más arcaico del país respira nuevos aires con Rafael Correa. ROSANNA QUEIROLO Es una de las ganadoras indudables. Ella probó que Rafael Correa no la escogió por sus convicciones sino por la prestancia pública que le aseguraba más votos en Guayaquil. Lo cierto es que Rosanna Queirolo personificó una de las polémicas mayores y más públicas de la Asamblea: la oposición al aborto. Y al hacerlo obligó al régimen a retroceder no sólo en conquistas clave para las activistas femeninas. Queirolo, en efecto, no se opuso únicamente al contenido de la Constitución del 98: quiso operar la mayor revolución conservadora en temas de sexualidad, género y nuevas libertades, en décadas, en el país. Y en parte lo logró con el concurso de algunas iglesias. No se sabe aún cuál será su futuro político. Lo único seguro es que Montecristi la convirtió en un ícono de lo que es el dogmatismo religioso en política. GUSTAVO DARQUEA Es una de las pocas figuras relevantes de Guayaquil que tuvo Alianza País en Montecristi. Y fue sin duda uno de los protagonistas decisivos del oficialismo en la nueva estructuración del Estado. Darquea no es un hombre que busca las cámaras. Es más bien parco, directo y terriblemente pragmático. Sus estados de alma, si los tiene, los cuida con un celo propio de un militante funcional. Lo demostró durante la crisis que produjo la renuncia de Alberto Acosta a la Presidencia de la Asamblea Constituyente. En Montecristi evidenció que, a pesar de no tener un enorme carisma personal, tiene peso político en una organización en la cual es sobre todo conocido como organizador de grupos de base y activista social en Guayaquil. En la Asamblea ratificó con su trabajo que es uno de los cuadros imprescindibles de Alianza País en Guayas. VIRGILIO HERNÁNDEZ También él ganó espacio entre las nuevas caras de la política nacional. Antes de llegar a Montecristi apenas figuraba entre los activistas y políticos cercanos a los movimientos sociales de la Sierra. En la Asamblea, él fue uno de los puntales de su movimiento, Alternativa Democrática, y un punto de paso entre posiciones, en casos, irreconciliables. Desde la presidencia de la mesa 2, Virgilio Hernández jugó un papel conceptual mucho mayor al espacio político real que tienen, él y los grupos afines a sus posiciones, en la alianza con Rafael Correa. De hecho, hay un distanciamiento profundo entre esos sectores y el entorno presidencial que representan Vinicio Alvarado y Alexis Mera. Esa tensión no se resolverá en el corto plazo: los dos polos se necesitan en el referéndum y en los próximos comicios porque el elector mayor, a pesar de lo que se diga públicamente, sigue llamándose Rafael Correa. ALBERTO ACOSTA Es una noticia: Alberto Acosta es el gran perdedor de la Asamblea. Lo es a pesar de que él sea, quizá, el mayor convencido de las bondades que, a sus ojos, contiene la Constitución. Es perdedor porque los factores de poder real no giran a su favor. Perdió espacio político en el proyecto de Alianza País y las nuevas citas electorales llevarán al movimiento más a las aguas de Rafael Correa (que da cargos) que a las suyas. Perdió espacio porque él no quiere hacer política desde una función pública y la izquierda que lo rodea quiere ahora poder y requiere vectores para ejercerlo. Por último, su decisión, anunciada, de no aspirar a cargo alguno lo inscribe más como un pensador solitario que como un hombre deseoso de liderar procesos políticos, orgánicamente complejos. Acosta es el gran perdedor de la Asamblea porque rehusó ser un animal político cuyo perfil, en el país, no encaja, al parecer, con su estilo de vida, su sentido de lealtad y su honestidad intelectual. EDUARDO MARURI Este publicista, en un ejercicio de marketing político, dictaminó que ya no había en el país ni izquierda ni derecha, sino todo lo contrario. Por ello, generó una expectativa que fue bien retribuida por los electores, pues logró dos escaños en Montecristi; un gran resultado cuando se mira lo que obtuvieron partidos como el PSC y la ID . Maruri llegó a Montecristi en medio de un gran interés político, ideológico y mediático. De allí regresa en la lista de perdedores: poco aportó, sus ausencias se notaron y Mae Montaño, la otra figura de UNO, se desafilió. Su futuro político también parece comprometido, pues en su otra actividad, tan deportiva como política —el club Barcelona— tampoco alcanzó los resultados prometidos. UNO, con dos asambleístas, no pudo, entonces, cuajar esa supuesta singularidad que estaría al margen de las tendencias políticas tradicionales del país. AUGUSTO BARRERA Si se mira el proceso constituyente, a Augusto Barrera le fue bien: sirvió de enlace entre el Ejecutivo y la Asamblea y entró a hacer parte de la cúpula que realmente maneja al país. Pero si se mira su causa personal (y todos los políticos la tienen) el resultado es escuálido: disminuyó su trabajo en la Alcaldía de Quito como concejal y así hipotecó gran parte de su aspiración a reemplazar a Paco Moncayo en el Concejo. Hasta ahora las encuestas en ese sentido no lo favorecen para nada. Y además, su trabajo como nexo entre el Ejecutivo y la Asamblea Constituyente lo pusieron en una situación poco envidiable: ser parte de los malentendidos de lado y lado. Por ello, Barrera perdió espacio político en sectores donde antes sólo acumulaba ventajas. Su futuro electoral es incierto, aunque su capacidad de trabajo, su preparación y su apertura política lo hacen indispensable en el régimen. MAE MONTAÑO Su caso se resume en una paradoja: sorprendió su llegada al partido UNO; no su desafiliación. Y desde su alianza con Eduardo Maruri y Santiago Ribadeneira surgieron incertidumbres sobre el norte político de una mujer, una afroecuatoriana, que había hecho carrera en el activismo social. La llegada a Montecristi no las despejó. No pudo singularizar su discurso ni siquiera en los puntos cruciales para su partido: las autonomías y el rol de los ciudadanos ante el Estado. ¿Su acercamiento a los grupos de oposición (mal visto en UNO y eso incidió en su salida) presagia dónde proseguirá su carrera? Hasta ahora no lo ha dicho. Pero las esperanzas que algunos sectores han puesto en ella, parecen más altas que su aliento político. DIEGO BORJA Es paradójico que esté entre los perdedores, pues hizo una alianza en los hechos con Acuerdo País. Pero ciertos desacuerdos de fondo con el proyecto de País hicieron pensar que Borja, auspiciado por la Izquierda Democrática, lograría, desde el campo progresista, establecer políticamente las diferencias con Rafael Correa. No lo hizo. Y las percepciones que ancló, lejos de delinear un proyecto alternativo, mostraron más bien un reacomodo político con ventajas electorales para él. Su cercanía con Acuerdo País pudiera, en ese sentido, llevarlo a candidatizarse para la nueva Asamblea Nacional. Borja siguió así, desde su propia orilla, la proximidad, ahora innegable, entre el régimen y la ID. LEÓN ROLDÓS La anterior campaña presidencial y la de asambleístas mostraron que su espacio político se redujo y se volvió ambivalente. ¿Cuáles son las diferencias que tiene el ex vicepresidente con el presidente Correa? La RED llegó a Montecristi no sólo subida en ese dilema sino deseosa de ayudar a dar cuerpo al cambio pedido por los electores. Y ese dilema se incrementó en Montecristi, pues no se evidenciaron ante la opinión las diferencias con el régimen. Además la Constitución que la RED ayudó a articular, en muchos puntos, será electoralmente patrimonio de Rafael Correa y de sus aliados. Y entre ellos no figura León Roldós ni su sobrina a quien el Presidente le prodigó un portentoso insulto. Sumar no es, en esas circunstancias, un buen negocio político para Roldós. Y en ocho meses en Montecristi no logró diferenciar su proyecto político. Llevar agua al molino de Correa lo vuelve perdedor. MARÍA AUGUSTA CALLE Su pasión, supuestamente periodística, por las FARC la convirtió en una asambleísta al borde de una crisis de nervios. Y le generó un problema político que marcará, en forma indeleble, su paso por Montecristi. En todo caso, el régimen, superado por el evento, le pidió discreción y no hacer más olas sobre el tema. María Augusta Calle marcó al número equivocado pues las FARC no gozan, a pesar de la antipatía que despierta el presidente Álvaro Uribe, del afecto de la opinión pública. De la mesa 9, que ella presidía, salieron perlas que quedaron en la Constitución y que crearán problemas más adelante. Por ejemplo, que los tratados internacionales suscritos por el país se sujeten a la Constitución... En ella tampoco se incluyó una condena explícita al terrorismo, como uno de los flagelos, al cual están expuestas las sociedades. ÁLVARO NOBOA Tras su derrota en la lid presidencial, apostó a la Asamblea. El resultado, magro en asambleístas (8), se agravó en estos ocho meses: Álvaro Noboa renunció a su curul y su grupo, por fuera de un pataleo mediático, no logró cuajar un discurso político capaz de competir con el del régimen. Las intervenciones de Anabella Azin y Vicente Taiano no lograron ocultar la crisis en la cual está sumido el Prian. Y los sondeos dicenque si Noboa compite en la próxima elección presidencial sumará otra derrota. Su dilema es shakespereano: no estar activo en la política lo expone a ser borrado del mapa electoral. Y estar lo puede llevar a exhibir un decrecimiento a la par que lo vuelve, empresarialmente, más vulnerable ante un régimen decidido a buscarle las costuras que otros gobiernos han evitado. GILMAR GUTIÉRREZ De Sociedad Patriótica sí se puede decir que fue a la Asamblea por la lana y salió trasquilada. En Montecristi, en todo caso, demostró no tener versatilidad para ejercer la oposición. Gilmar Gutiérrez y los otros 17 asambleístas de ese partido, llegaron con un proyecto de Constitución y, como partido, rehusaron entrar a fondo en los debates constituyentes. Esto dio lugar a una división real en sus filas, pues hubo asambleístas que, como Rafael Estévez, Hólger Chávez y Héctor Gómez decidieron distanciarse, públicamente y en su bloque, de escándalos (caso Logroño, caso supuestos aportes de las FARC a la campaña de Correa) y seguir una línea autónoma. De esa manera, el partido de Lucio Gutiérrez perdió la oportunidad de delinear, en paralelo, y en todos los temas, el proyecto alternativo que dice representar ante Correa. Eso incluía un esfuerzo político e ideológico que ese partido se ahorró. Ante la mayoría aplastante de Acuerdo País, Gilmar Gutiérrez se refugió en la oposición procedimental; una práctica heredada del viejo Congreso. ROLANDO PANCHANA Su elección lo convirtió en la nueva figura política de Guayaquil. Al menos así lo pensó él, pues inició una campaña de relaciones públicas que puso la piel de gallina en Alianza País. Y se lo hicieron saber. Rolando Panchana es un hombre que tiene prisa política. Por eso en Montecristi también le hicieron saber que no debía promocionar su agenda propia y debía sujetarse a las directivas del aparato político. Con todo, el ex periodista terminó señalado, entre los asambleístas de Acuerdo País, como un hombre de derecha (por su posición sobre el derecho al acceso al agua, la concesión de Interagua, su adhesión a la tesis de Provida...). Su futuro político no parece comprometido gracias a su relación con el Presidente. Pero Panchana tiene hoy más detractores que admiradores en las filas de Acuerdo País. |








