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Página 2 de 5 ID Vacío de ideas y de poder interno A los viejos socialdemócratas les cuesta aceptarlo: la Izquierda Democrática no sólo está en crisis. Está dividida, sin líderes que gocen de unanimidad y sin un camino para hacer efectivo el traspaso del poder. Guillermo Landázuri, quien tenía esa misión, fracasó. Su gestión es cuestionada puertas adentro. No sólo la partidaria sino igualmente la parlamentaria. La Izquierda Democrática no logró con Landázuri dar el vuelco que se propuso tras el paso al lado que dio Rodrigo Borja: clonar al Partido Socialista Francés que funciona de una manera sui géneris desde la época de Francois Mitterrand. Hay facciones públicamente reconocidas que confluyen bajo un gran liderazgo. En el caso de la ID se quedó sin un líder y con unas divisiones, encabezadas por cinco dirigentes, de las cuales no se repone: Landázuri, Ramiro González, Andrés Páez, Carlos González y Guillermo Haro. Algunos quisieran ver en ellas posturas ideológicas diferentes. En realidad, la ID también sucumbió ante la fragmentación que sufre el país y sus disputas internas responden mucho a intereses creados o a apetitos locales. Ésta es una mutación que en ese partido sólo algunos dirigentes admiten como hechos inéditos. Nadie explica cómo se puede dar un caso como el de Jorge Sánchez, quien por principios debiera apoyar el pago de impuestos y no dar vía libre al contrabando, como lo permitía la Ley de Huaquillas. Algunos recuerdan cómo los diputados azuayos presionaron para que el partido votara por Alejandro Serrano para que sea electo vicepresidente, por el hecho de ser cuencano. Pocos entienden cómo un partido supuestamente ideológico terminó aliado con los socialcristianos y socapando muchas de sus acciones en el manejo del Estado. Otros señalan como un error haber permitido a Carlos González y a Guillermo Haro instalarse en la denuncia para sacar provecho personal. Además, endosan a González la crisis en su provincia donde hubo desafiliaciones. Se afirma que convenció a Landázuri para que ordenara el cambio de la directiva provincial y así garantizarse su participación en la reelección y su control de esa provincia, la segunda más importante para la ID. “A estas visiones debemos dar un corte a cero”, dice un dirigente que no desea ser citado. Lo cierto es que la ID tampoco es un partido y no sabe cómo hacer para que sus actuales dirigentes se rindan ante las realidades; algunas forjadas por ellos: Landázuri fracasó. Carlos González no existe políticamente por fuera de Azuay. Lo mismo Haro en Chimborazo. Páez quería encabezar la lista en Pichincha y ver asegurada su Presidencia del Congreso... El segundo puesto en el cual corre no parece sólo una jugada de la cúpula para bajarle los humos: responde a otra realidad política que en la ID ya se da como una de las sorpresas políticas para el próximo Congreso: Wilma Andrade. “Es una locomotora”, dice uno de sus amigos. “Es una mujer tenaz”, dice un cercano a Páez. Ramiro González es, al parecer, quien mejor parado sale. Su gestión en la prefectura de Pichincha le hizo ganar adeptos y lo proyectó como una de las figuras del partido. Ésta fue una de las razones por las cuales fue escogido para ser el compañero de fórmula de León Roldós. En el interior de la Izquierda Democrática se dice que buscará captar la Presidencia del partido; tarea que creen que se le facilitará si llega al poder. Esto le dará trabajo, dice un dirigente, y, adicionalmente, le ayudará a salvaguardar su relación con Roldós. Una cosa está clara por ahora: el partido de Rodrigo Borja ha dado trabajo a Andrés Vallejo. Reservado y discreto, él es, en este momento más que nunca, el hombre fuerte de la Izquierda Democrática. Un líder consciente de que la alianza con Roldós sirve a su partido para iniciar su renovación. Es la forma de ampliar el espectro de la tendencia y ganar tiempo ante la falta de un relevo. Vallejo y los otros están ante dos dilemas: ganar la elección y evitar un resquebrajamiento cuando se elija al sucesor de Landázuri. Esto debiera ocurrir en noviembre pero es posible que se posponga para el primer trimestre del 2007. Sólo entonces se sabrá si la ID deja de ser un conglomerado de clanes y se convierte en un real partido.
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