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Lula, ¿el imparable?
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Vanguardia 50 - Septiembre 5, 2006
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| Revista Vanguardia | |
| martes, 05 de septiembre de 2006 | |
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La reelección es casi un hecho. su carisma se antepone a la mala gestión y a la corrupción.
Puertas afuera, Brasil no sufre de inflación, tiene al día sus cuentas, es uno de los mayores exportadores de alimentos y es autosuficiente en provisión de petróleo. Puertas adentro, reina el desencanto. El escenario de cuatro años atrás, cuando el ex tornero Luiz Inácio Lula da Silva llegara al poder bajo el eslogan “La esperanza ha vencido el miedo”, ha cambiado profundamente. La esperanza de cambio y modernización terminó. Brasil se convirtió en el país con las mayores desigualdades sociales del planeta. En aquel verano del 2002, el equipo de fútbol de Brasil se convertía en el pentacampeón del mundo mientras Lula ganaba la Presidencia. La euforia era total. Brasil se puso de moda en el mundo. La figura del ex sindicalista sin estudios llegado a la jefatura del Estado agrandó en el mundo la simpatía por el gigante sudamericano. Por primera vez llegaba al poder la mayor tienda política de izquierda de América Latina: el Partido de los Trabajadores (PT). Y por primera vez el PT, y con él Lula, consiguió convencer y arrancar los votos no sólo de las clases media y alta, sino del mundo de la empresa y de las finanzas. Se había perdido el miedo a la izquierda y Brasil tenía un líder carismático que empezaba a perfilarse como el centro de atención política de toda América Latina. Pero las expectativas comenzaron a cambiar. La opinión pública empezó a entender que las promesas de Lula de transformación del poder y de llevar a Brasil al club de los grandes países en desarrollo no pasaban de ser promesas que no tenían respuestas concretas. El crecimiento del PIB de Brasil en el 2005, de apenas un 2,3 por ciento, fue el peor de toda América Latina excepto Haití. El país no cumplió con lo que se esperaba y la proyección para este año es fulminante: el crecimiento económico hasta ahora sólo ha alcanzado un 0,5 por ciento, de acuerdo con el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE). Aun así, Lula está a un mes de ser reelecto presidente y con un amplio margen del electorado brasileño. ¿Cómo explicarlo? En primer lugar, el Presidente ha sabido sacar una ventaja de casi 30 puntos sobre sus contrincantes. Ellos no tienen el carisma suficiente para siquiera ponerlo nervioso. La figura de Lula es transversal y aprovecha la ausencia de opciones opositoras serias. El único adversario político de peso es el ex presidente Fernando Henrique Cardoso y éste no consta en los primeros lugares. A Lula lo escolta Geraldo Alckmin, quien la semana pasada decidió atacar al gobierno por su flanco más débil: los escándalos de corrupción sobre el poder ejecutivo y los congresistas aliados. Lo hizo una vez conocido que el 54 por ciento de preferencias favorece al actual Presidente y que Alckmin sólo obtiene un 19. Comentaristas políticos y encuestadores mantienen que remontar la abultada diferencia será difícil si no imposible. “Por cómo van las cosas, (Alckmin) saldrá de la elección más pequeño de lo que entró”, dijo Merval Pereira, columnista el diario O Globo. “Cuando más conocido se vuelve Alckmin, más es rechazado por el electorado”, agregó, refiriéndose a que los índices de rechazo al aspirante llegan a 42 por ciento. Entre la campaña de Lula, que no menciona los escándalos, y la de Alckmin, que tampoco lo hacía hasta ahora, “parecía que no pasó nada. Es un país anestesiado, yo pensaba que estaba en otro país”, sostiene el diputado Gustavo Fruet, del PSDB, tratando de explicarse la ventaja abrumadora. Para Ricardo Guedes, de la consultora Sensus, la elección ya está definida. Sensus, cuyas muestras tienen un margen de error de tres puntos porcentuales, indicó que aún existe espacio para un crecimiento de Lula. Y este puede ser suficiente para que el mandatario logre la victoria en la primera vuelta. La abrumadora ventaja se mantiene por sobre el gran escándalo de corrupción que afectó al PT y al gobierno de Lula, que fue como una pesadilla nacional. Nadie imaginaba que un partido que durante 25 años había proclamado la primacía de la ética en la política pudiera aparecer más corrupto que ningún otro. La cúpula de los dirigentes desapareció y Lula, incluso, perdió a sus ministros más próximos. Para colmo, el Gobierno fue inoperante en uno de los puntos que más de cerca toca a la población: la seguridad ciudadana. En las dos mayores urbes del país, Sao Paulo y Río de Janeiro, aunque no sólo en ellas, se ha instalado una especie de sindicato del crimen. Y está mucho más organizado y armado que las fuerzas del orden del Estado. Tanto es así que son capaces, como lo han demostrado varias veces, de poner de rodillas a la ciudad. Con todo y eso, el 1 de octubre próximo Lula tiene todas las de ganar, sobre todo con los votos de los más pobres y menos escolarizados. Esta vez serán su prioridad. Al menos así ha dejado constancia en su plan de gobierno presentado la semana pasada. |








