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El plagio deja cifras cruzadas PDF Imprimir E-Mail
Revista Vanguardia   
martes, 26 de agosto de 2008
Pax Christi asegura que Ecuador es el séptimo país más acosado por retenciones. La policía desmiente esas cifras y explica sus acciones. ¿Ecuador registra más secuestros extorsivos que Colombia y Venezuela? El movimiento holandés internacional por la paz Pax Christi dice que sí. Pero la Unidad Antisecuestros y Extorsión de la Policía Nacional (Unase) afirma lo contrario. Según el informe que publicó Pax Christi, en Ecuador se registraron 607 casos de secuestros extorsivos en lo que va del 2008, mientras que en Colombia se registraron 230 y en Venezuela 297. Con esas cifras Ecuador se encuentra en el séptimo lugar de los diez países del mundo más acosados por el secuestro con tintes económicos.

Pero miembros de la Unase, que hablaron con Vanguardia, refutan esas cifras. "Esa es una estadística de denuncias de plagio y extorsiones registradas en las jefaturas de la Policía Judicial, pero luego de su verificación a través del Ministerio Público, resultó que no eran plagios ni extorsiones efectivas". El argumento que dan los efectivos policiales es que en ocasiones las denuncias se confunden con rapto de menores, patria potestad de niños o casos de intoxicación por escopolamina. De hecho, el secuestro express, en el cual privan de la libertad a la víctima por unas horas y le dan el paseo millonario, para despojarlo de todos sus recursos económicos, es considerado como robo agravado pero no plagio.

Así, de acuerdo con las estadísticas de la Unase, en lo que lleva de este año se registraron 13 casos de plagio y 39 de extorsiones efectivas. Esto, en relación con el 2007, representa una reducción del 32 por ciento de ambos delitos. De todas maneras, las cifras de este año significan que se han registrado, en promedio, diez secuestros o extorsiones mensualmente.

Desde el 2000, cuando entró en vigencia la dolarización, las modalidades de los secuestros y extorsiones han cambiado. Cada una de las clasificaciones depende, por ejemplo, del tiempo del plagio, monto, forma de negociación, el tipo de organización delictiva o la frecuencia en la comunicación. En los primeros años del 2000, el plagio económico estaba dirigido específicamente a altos ejecutivos con grandes montos de dinero solicitados. Estos llegaban, incluso, a los 10 millones de dólares. "Ahora, los delincuentes han direccionado su acción a personas de un nivel socioeconómico un poco más bajo —dice uno de los agentes— con montos de 50 000, 10 000 ó 3 000 dólares". Estos últimos casos se conocen como secuestros relámpago, que por el monto del dinero pedido, que puede ser pagado en horas, resultan atractivos para los secuestradores.

Pero uno de los problemas que se presentan en estos procesos es que las familias de las víctimas, al entrar en desesperación, deciden no denunciar y realizar el pago apenas los delicuentes lo piden. Eso —relata el mismo miembro de la Unase— sucedió entre el 2005 y el 2006 en Manabí. De ahí que mientras la Unidad Antisecuestros investigaba dos casos denunciados en Manta, otros 12 secuestros se desarrollaban sin ser denunciados a la Policía.

Pese a que la Unase no intervino en esos procesos, los registró en sus estadísticas. Esto porque la unidad, después de que las familias realizaron el pago, continuó con las investigaciones mediante una indagación de oficio de la Fiscalía. Los miembros de la Unidad aseguran que intervienen en un 60 por ciento de los casos de secuestros efectivos.

Por ejemplo, durante el año pasado, de los 36 plagios efectivos registrados, la Unidad Antisecuestros actuó en 22. Pero esa falta de actuación no implica que los gendarmes no sigan el rastro del caso.

Eso les permite acumular información sobre organizaciones delictivas.

Las ciudades en las cuales se desenvuelven los secuestros y extorsiones varían. Entre el 2005 y el 2008, Pichincha, Guayas y Manabí fueron las provincias con mayor número de plagios. En ese mismo período, las extorsiones se enfocaron en Pichincha, Guayas, Manabí y las provincias fronterizas.

Aunque también se han investigado procesos en Loja, Chimborazo o Azuay, en menor cantidad.

¿Cuál es el perfil del secuestrador? ¿Han intervenido grupos irregulares o extranjeros? "Todas las personas que han sido objeto de plagio —explica uno de los agentes— siempre nos han ratificado que no se trató de miembros de grupos irregulares.

Es decir, que las FARC o el ELN nunca han venido al país para llevarse gente". No obstante, algunos delicuentes se han apropiado del nombre de grupos subversivos para extorsionar a habitantes de provincias fronterizas como Esmeraldas o Carchi. "Enviaban cartas extorsivas con el formato de los comunicados de las FARC e incluso incluían una firma con el nombre de Mono Jojoy. Esto para que las víctimas aporten, en caso contrario serían declarados objetivo militar". Luego de las investigaciones, la unidad de la Policía verificó que los secuestradores se apropiaron del nombre de esa organización, pero no actuaron con su respaldo. En las detenciones, sin embargo, se ha evidenciado que algunos apresados han sido habitantes de la zona fronteriza norte.

De los secuestradores que han sido detenidos, la Unase ha identificado que los delincuentes no sólo son personas preparadas con instrucción formal sino que también tienen ideología y pertenecen a diversas religiones. "Algunos han sido profesores, otros han tenido preparación militar". Según las cifras de la Policía entre el 2007 y el 2008, se han apresado 63 ciudadanos por el delito de secuestro. Por cada diez ecuatorianos capturados, existen tres ciudadanos colombianos.

No todos los procesos tienen final feliz. Los miembros de la Unase prefieren mantener en reserva el número de fallecidos, pues también se han dado bajas policiales. Pero aseguran que ninguno ha muerto por intervención militar.

Algunos han fallecido porque la red delictiva no tuvo la capacidad económica para sustentar el cautiverio. Otros porque sus negociadores extranjeros no conocían el entorno —dicen los efectivos—, el temperamentos o los mecanismos que se usan en Ecuador.