REVISTA VANGUARDIA
¿Quién paga la apuesta de Correa?
| ¿Quién paga la apuesta de Correa? |
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| Revista Vanguardia | |
| martes, 26 de agosto de 2008 | |
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El proyecto de Constitución implica enormes costos financieros. El régimen dice tener el dinero, pero algunos Economistas temen que el estado pueda quebrar. Vanguardia da cifras y abre el debate.
En Montecristi se firmó un cheque voluminoso sin fondos: es la evidencia que deja la lectura de decenas de los 444 artículos que contiene el proyecto de Constitución. Hay allí tantas obligaciones contraídas por el Estado y las instituciones, tantos derechos y servicios para los ciudadanos, que hacen creer que el país mutó, por un acto de magia oficialista, en país escandinavo. Si aquello fuera verdad, la Constitución debiera ser cambiada más frecuentemente. La realidad es que el país se ha acostumbrado a hacer leyes para no cumplirlas. Esta vez se agrava el caso pues la magnitud de los compromisos es faraónica. Además, la propia Constitución faculta a los ciudadanos a demandar al Estado y a sus funcionarios por incumplir o vulnerar sus derechos. Esto anuncia juicios millonarios. ¿Cuánto valdrán todas las promesas contenidas en el proyecto de Carta Magna y quién los asumirá en caso de que los electores lo aprueben el próximo 28 de septiembre? No hay estudio o cálculo alguno y el Ministerio de Finanzas está intentando llegar a uno. Los asambleístas no lo hicieron previamente y, en ese plano, dieron rienda suelta “al sentimiento”, como lo denominó Pablo Lucio Paredes. Vanguardia muestra algunas de esas facturas que hacen pensar a economistas, como Jaime Carrera, que se trata de una Constitución populista: establece los derechos pero no la forma cómo serán financiados. El oficialismo, por su lado, mira estas facturas como redistribución de la riqueza e inversión. Se dice además que hay dinero suficiente para iniciar el proceso. La gran incógnita que esta Constitución conlleva es si los costos que impone al sector público son sostenibles en el mediano plazo. O si la ausencia de institucionalidad y la resistencia que hay para crear mejores condiciones de mercado, la convierten, antes de nacer, en letra muerta. |








