REVISTA VANGUARDIA
Correa y Nebot en una partida con jaque mate
| Correa y Nebot en una partida con jaque mate |
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| José Hernández | |
| miércoles, 10 de septiembre de 2008 | |
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En Guayaquil Rafael Correa y Jaime Nebot se exponen a un plebiscito personal. Y saben que las consecuencias del 28 los desbordará...
Jaime Nebot anunció la única opción que tiene: no candidatizarse de nuevo a la Alcaldía en caso de ganar el SÍ en Guayaquil. El régimen habla de chantaje a los electores. Y eso recuerda la fábula del burro hablando de orejas. ¿Acaso el Presidente no dijo que de ganar el NO desparecerían subsidios y otros regalos que, en su búsqueda de votos, ha dado a los electores desde que llegó a Carondelet? Si eso no es chantaje, ¿cómo se llama? Rafael Correa y Jaime Nebot se han puesto en el mismo escenario: han convertido el referéndum, por razones y necesidades diferentes, en plebiscito personal. Nebot no tiene alternativa: el proyecto de Constitución de Correa contiene visiones radicalmente opuestas a las suyas. El socialcristianismo, que maneja la Alcaldía desde hace 16 años, creó, además, mecanismos autónomos, por fuera de la gestión del Estado central, que hacen impensable cualquier sujeción a ese poder. Nebot concibió su administración como la respuesta a un Estado descompuesto y disfuncional. En el municipalismo pensó encontrar la solución para los ciudadanos de la mayor ciudad del país. Sus resultados, polémicos o no, le dieron una aceptación que este régimen no ha podido erosionar. A pesar de sus numerosos intentos. Nebot es un problema para el régimen. Y Correa es la mayor amenaza que Nebot ha tenido. Su juego de ajedrez pasa, en la jugada del 28 de septiembre, por un jaque mate. Si Correa gana en Guayaquil, Nebot no sólo no será candidato a la Alcaldía: un SÍ mayoritario pudiera jubilarlo. Si Nebot gana, en cambio, Correa tendrá que iniciar otra partida con un tablero adverso. Guayaquil en contra implica una Constitución inaplicable en el ámbito nacional. Nebot lo ha dicho y, en esos casos, hay que creer al Alcalde de Guayaquil. El Puerto en pie de lucha, tras un plebiscito de tanta envergadura, cambiaría, en parte, el panorama político del régimen. Eso favorecería, para empezar, a Paco Moncayo porque el régimen apoyaría su reelección en lugar de abrirse otro frente. La oposición, hoy tan dispersa, encontraría un foco de encuentro. Y Nebot, tan reacio a jugar en el tablero nacional, se encontraría, por la fuerza de las circunstancias, en el centro del juego político. Algunas élites y electores, sobre todo de la Sierra, que ya no miran en su dirección, tendrían que reactivar sus viejas expectativas. Estas perspectivas preocupan al buró político de Correa que, hasta ahora, no ha encontrado la fórmula para desactivar la popularidad de Nebot en Guayaquil. De hecho, los sondeos dicen que Correa y Nebot comparten segmentos del electorado. Los dos tienen, igualmente, la misma ventaja y el mismo problema: son más populares que las tesis (por el SÍ y por el NO) que defienden. En conclusión: el referéndum es, en el caso que los ocupa, un plebiscito en el cual se juegan personalmente. Y el resultado de ese enfrentamiento tiene connotaciones políticas que cada bando lee a su manera: Nebot es para el régimen un dolor de cabeza. Un freno claro y geográfico para un proyecto político hegemónico que no contempla ni consiente disidencia alguna. Nebot es, gracias a sus votos, la prueba de que la supuesta larga noche neoliberal no es repudiada en forma unánime. Es más: polémico, él muestra resultados de una gestión que este régimen ha querido enterrar sin beneficio de inventario. Una negativa al proyecto de Constitución en Guayaquil sería, en ese contexto, un revés político con consecuencias graves para el Presidente y hasta para la unidad nacional. El fantasma de Bolivia pasa. Para Nebot, por su parte, un SÍ mayoritario sería un mensaje inequívoco de que su ciudad, gobernada por él y su amigo Febres Cordero, sucumbió ante un poder que —visto por ellos— busca someterla, otra vez, a un centralismo irrefrenable. Jaime Nebot sacó, por adelantado, la única conclusión posible: si eso sucede, se va a su casa. Sin trinchera y sin oposición orgánica, su futuro político recordaría al del general Charles De Gaulle: el retiro digno ante la espalda dada por los electores. Para la oposición esa perspectiva, unida a un triunfo amplio del SÍ, pudiera ser comparable a una estocada. |








