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No hay pista para el cambio PDF Imprimir E-Mail
Revista Vanguardia   
martes, 03 de octubre de 2006
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No hay pista para el cambio
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Los gremios y los políticos sienten la presión del cambio que Corr ea puso en el tapete. No descartan un acuerd o pero no saben si habrá una mano tendida ...

Los sondeos, que ya no se pueden publicar, crearon esta vez dos efectos inesperados: el primero, señalar una tendencia política, la izquierda, como probable ganadora en la próxima elección presidencial. Y, el segundo, posicionar el deseo de cambio como una expectativa, casi generalizada, del electorado.

Políticos y poderes fácticos dicen haber recibido el mensaje de doce palabras: se cambia por las buenas o por las malas, pero se cambia. Ahora el problema político para la Presidencia no estaría, entonces, entre statu quo y cambio.

Estaría en los mecanismos, los contenidos y los alcances de un cambio que los partidos, las cámaras, los alcaldes y muchos candidatos a la diputación ven como ineluctable. Y así lo ven porque, aunque no lo afirmen para ser publicado con su nombre, ya dan por sentada la elección de Rafael Correa. “No hay sujeto político en esta elección –dice un cercano amigo de Jaime Nebot– que lo pueda enfrentar”.

Así, mientras las urnas dan su veredicto, la campaña parece atravesada por dos escenarios. El más probable (aunque con sus matices): la confrontación. El más deseable: negociar los cambios. En este último campo se inscribe parte de la izquierda que está reclamando a Correa que no radicalice sus posiciones, puesto que eso genera dos problemas: perder la oportunidad que los electores le dan a la izquierda de hacer cambios. Y poner en jaque las frágiles bases democráticas del país. Esto lleva a la pregunta que Vanguardia hace esta semana. ¿Es posible que haya cambios por las buenas?

¿Es posible que la izquierda entienda su papel y arrastre al país, en una forma razonada y lúcida, hacia procesos que resulten globalmente positivos? Nuestra redacción indagó, principalmente en Quito y Guayaquil, entre los gremios de la producción y los grupos políticos para saber el monto del cheque que están dispuestos a firmar en favor del próximo Presidente. Porque sea Rafael Correa o sea León Roldós, definitivamente ninguno de ellos recibirá un cheque en blanco.

La primera lectura es muy parecida a lo que vivió el país bajo los gobiernos de Abdalá Bucaram y Lucio Gutiérrez: dirigencias cuyo único programa es bloquear el camino, en este caso, a Correa. O esperar que su ímpetu y su aparente sordera (hasta sus amigos dicen que no oye) lo lleven a estrellarse.

Pero si desaparecen los micrófonos surge una segunda posibilidad: negociar el cambio. Hacer un canje en el cual él garantice estabilidad económica y democrática a cambio, por ejemplo, de su estabilidad en Carondelet.